domingo, 15 de febrero de 2026

Urge plantar cara a la creciente militarización

 

 


 

Y lentamente la prosperidad reinó en una España de propietarios de pisos que veían subir su «riqueza» sin otro problema que endeudarse para invertir y seguir comprando mejores pisos. Y con la prosperidad el cinismo colectivo se elevó a ideología hegemónica. Uno daba por supuesto que tenía derecho a la sanidad o a las pensiones como tenia hígado y que por tanto no se debía luchar por mantenerlas, sino buscar ventajas en ellas.

La jubilación anticipada y la categoría de rentista propietario de un par de pisos fue el ideal colectivo español en el nuevo siglo. El cinismo permitía olvidarse de consolidar los derechos que en torno al salariado se habían logrado –los trabajadores de la industria optaron una y otra vez por asegurar pensiones frente al porvenir de las industrias– condenando a una parte de la juventud al precariado.

Con ello la necesidad de educar en servidumbre, de que la mili disciplinase a la población dejándola lista para obedecer al capataz, resultó superflua.

(…) El narcisismo presidió la retirada generalizada del espacio público y cada uno se buscaba la vida como antaño los bohemios y artistas. El trabajo o las relaciones sociales pertenecían al campo de lo íntimo y no se sustentaban en ninguna red social sólida. La vida, el trabajo o los amores se hicieron líquidos por falta de continuidad o firmeza. ¿Como establecer vínculos firmes en la fábrica o con una pareja si ya se sabía que la situación no iba a durar?

Frente a la educación sentimental en disciplinas que la mili caricaturizaba, el «gozad malditos, gozad» fue el mandato social postmoderno

(…) En todo ese imaginario social satisfecho o excluido del gozo mercantil, en nadie resonaba la historia insumisa: formaba parte de la prehistoria paterna, de los rollos democráticos que se archivaron como falsas promesas y estafas generacionales. Insumisión era un término que pertenecían a las guerras de papá y cada joven postmoderno sentía que «yo no tengo nada que ver con ellas; yo, como los practicantes del surf, debo tratar de flotar por el mercado a la búsqueda de la buena ola que me lleve a un trabajo y una casa segura».

(Guillermo Rendueles, en Diario de un insumiso preso; Carlos Fueyo Tirado; Editorial Cambalache)


Vivimos, también en esta parte del planeta, un proceso de creciente militarización: económica, social, industrial, política, educativa… en una deriva en las que las élites económicas y políticas parecen querer arrastrarnos sin remedio a situaciones y coyunturas que pensamos que ya no volverían: servicios militares, guerras, dictaduras. Ante todo ello urge la contestación antimilitarista. Pero para que haya esa capacidad de respuesta parece conveniente que, principalmente, las generaciones más jóvenes, que son quienes tendrán que protagonizar esa lucha antimilitarista, puedan conocer algunas de los pilares fundamentales en los que se basaba ese tipo de militarización impuesto hasta no hace demasiadas décadas, así como que las generaciones que en su día se opusieron a él sepan elaborar una visión crítica de cómo ha tenido lugar ese abandono de la conciencia y consecuencia antimilitarista que, en buena parte, ha llevado a la presente situación.


Para un primer acercamiento a estas cuestiones, en la entrada de hoy vamos a acercar unos textos que no responden al perfil típico de los análisis antimilitaristas “ortodoxos” o “clásicos”, sino a una mirada distinta, que incorpora también el profundo conocimiento de la psiquiatría de su autor. Nos referimos al referente de la psiquiatría crítica Guillermo Rendueles y a dos de sus textos:por un lado, Las enseñanzas de la mili (2000), y, por otro, De Insumisos a Indignados (2015), ambos recogidos en Egolatría posmoderna, amnesia y despolitización, Escritos y entrevistas. Volumen II; Editorial Irrecuperables, 2024. Del primero, os dejamos a continuación un resumen con lo que nos ha parecido de más utilidad para el objetivo de esta entrada, y el segundo, gracias a que Cambalache ha liberado el pdf del libro, podéis consultarlo aquí, dirigiéndoos al último capítulo





LAS ENSEÑANZAS DE LA MILI

(en Juan Antonio de Blas (ed.) (2000) Militarismo y antimilitarismo: razones para una polémica. Avilés, CPRA)


Que la mili mata algunos cuerpos -200 cada año- es algo que mostraré en un cuadro de cifras ofrecidas por le propio Ministerio del ramo. Que la mili mata el alma de la mayoría de los jóvenes que por ella pasan es algo que intentaré razonar en este artículo a partir del análisis de los valores con que adoctrina el servicio militar, tanto desde antes de entrar, en la familia, y la escuela, como en el después de ese mercado sin sociedad al que son arrojados los jóvenes cuando tras la mili ya están maduros para ser movidos por interés económico y sumisión a la autoridad, para ser Ciudadanos Racionales.

Que la vida mata el alma de cuantos pasan por el Servicio Militar es algo que (…) intentaré sugerir en este artículo mediante el análisis de los valores que se enseñan en la mili o mejor en la Neoidentidad que la mili crea en el Veterano, al lograr la vinculación al culto de la Madre Patria que naturalmente tiene el patriotismo como primer rasgo de autorreconocimiento. Culto que permite, una vez cumplido el tiempo de sumisión a la irracionalidad militar en estado puro, devolver al joven “ya cumplido” con la Patria, maduro para obedecer a cuantos en el mercado o la sociedad le hagan, no tanto marcar el paso, como acomodarse al “helado cálculo del interés egoísta” y fundarse como sujeto en la racionalidad económica (¿?) y la aceptación de la Autoridad Civil.

Y este rito de iniciación llamado mili era necesario en la medida que no nacemos ni sumisos, ni maduros para mercado y obedientes. Para llegar a ser individuos regidos por autointerés y deseo de mercancías es preciso matar cualquier pasión en esa época de la juventud en la que aún se tiene la fuerza de la utopía en el alma, que no encaja en la personalidad desublimada que llaman Normalidad Psíquica.

De ahí que lejos de pensar el tópico de la Mili o el ejército como una institución fósil, resto de un pasado autoritario de la que hoy se puede prescindir voy a sugerir su perfecta articulación con otras instituciones Disciplinares -la escuela o la familia- con las que por debajo de su aparente contradicción, en mi opinión crea un cuerpo coherente de valores que transmiten la aceptación de lo Real por irracional que pueda aparecer y legitimación de cualquier injusticia que debe ser obedecida con tal de que esté sostenida por una autoridad marcada por los signos del poder.

Es entonces ese hilo de continuidad en la transmisión de autoridad la disciplina que voy a tratar de describir en este escrito, desde su nacimiento en la familia como amor filial hasta su salida como amor al orden o amor al amo, cuando ya estemos maduros para la libertad de mercado y la legitimación de la sumisión.

El valor central que teóricamente se vende en la mili es el Amor a la Patria, amor que como reconocen los teóricos militares no es algo innato, sino que el amor a la tierra, a la bandera, a la tradición de nuestros antepasados es algo que hay que enseñar, que hay que grabar como el amor a nuestras madres sobre todo en “épocas en que el torpe materialismo se adueña de los espíritus”.

domingo, 1 de febrero de 2026

CRÍTICA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES. Clase e identidad en el neoliberalismo

 


 

Desde hace dos años que vio la luz, la revista digital Zona de Estrategia (con publicaciones concretas también en papel), a nuestro juicio, cada vez se configura más como un referente claro del pensamiento crítico, del análisis, la crítica, el debate y la propuesta, cumpliendo adecuadamente con los objetivos que anunciaron en su aparición pública:

La revista Zona de Estrategia pretende agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno. Tratamos de impulsar políticas autónomas que no se plieguen a los marcos partidistas, ni a las guerras culturales que hoy polarizan, de forma cada vez más impotente, el campo político.

Nuestra apuesta quiere proporcionar herramientas críticas y abrir debates que ayuden a impulsar la a veces anquilosada posición de los movimientos sociales y del academicismo crítico.

Queremos promover análisis e investigaciones militantes construidas desde las luchas, desde el conflicto y desde la crítica situada y en tiempo real.


Aparte de los artículos que va colgando en su web, ha publicado también, hasta el momento de escribir estas líneas, cuatro Cuadernos de Estrategia, iniciativa a la que definen así:

Una revista monográfica que propone discusiones e investigaciones sobre la crisis contemporánea y los vínculos entre conflictividad social, luchas políticas y la construcción de organización. Es la publicación en papel de Zona de Estrategia.


Pues bien, es al último número de esta revista monográfica al que dedicamos la entrada de hoy. Monográfico que se titula Crítica de los movimientos sociales. Clase e identidad en el neoliberalismo. Y lo hacemos porque, de nuevo a nuestro entender, en los textos que lo conforman podemos encontrar herramientas muy valiosas para una crítica profunda y honesta que, como recogen en su Introducción, trata de:

(…) analizar la crisis de los movimientos sociales como principal forma de organización de la protesta de las últimas décadas. Muchos colectivos autoorganizados, de todo tipo, reclaman todavía su pertenencia a los “movimientos sociales”. Pero ¿sigue siendo esta forma política una forma útil para entender y organizar el conflicto?


Como nos cuentan en la propia web:

Pronto liberaremos los contenidos del Cuadernos de Estrategia nº 4. Si quieres leerlos ahora, recibirlos en papel y apoyar este proyecto, suscríbete aquí por poco más de 4 euros al mes o incluso menos si eres precaria. Este es un medio militante, ¡gracias por hacerlo posible!


Pero, como nos habían hablado muy bien de ella, y nos parecía oportuno apoyar la iniciativa con la compra del ejemplar, lo hemos hecho. Y aunque esperar a que liberen el número entero es una opción a valorar, nuestra recomendación es comprarlo en papel, pues se trata de ese tipo de trabajo que conviene subrayar y tener a mano para consulta. Esa al menos ha sido nuestra experiencia.


Por ello, no vamos a resumir aquí unos textos que perderían con nuestro resumen, así que nos limitaremos a recoger algunas ideas de cada uno de sus 7 capítulos (excluida la Introducción), para que puedan servir de orientación de lo que vais a encontrar y, como de costumbre, de cebo para que emprendáis su lectura. Vamos a ello





El primer capítulo se titula El declive de los movimientos sociales, escrito por Francisco Gaitán Pérez, que en la web resumen así:

El autor expone las razones del declive de los movimientos a partir de la sectorización, el predominio del paradigma comunicativo, las identidades «mal entendidas» y la institucionalización, y termina preguntándose si los movimientos sociales en los que hemos crecido tienen en realidad una tradición que les permita afrontar los viejos problemas del poder, la estrategia y la organización.


Nosotrxs, entre sus muchas. ideas rescatamos estos párrafos que advierten de una cierta institucionalización tardía de los movimientos sociales:

Los movimientos, en su relación con el Estado, se ven enredados en una política que tiende a producir sus propias formas de integración mediante la ampliación de derechos o la producción de políticas positivas. Wendy Brown señala que al establecer el derecho como horizonte político en nuestras sociedades neoliberales “es más probable que los derechos se conviertan en espacios de producción y regulación de la identidad como agravio que en vehículos para la emancipación”. Aunque Brown reconoce la importancia y la urgencia de las luchas por la adquisición y el reconocimiento de derechos, estos no producen una transformación estructural sino que más bien desplazan el conflicto al terreno de la reparación administrativa de un agravio que termina funcionando como mecanismo de sujeción, normalización e integración de la diferencia.

Es más, los movimientos quedan anclados a la producción de ley, al ámbito de lo legislativo. Atrapados en la función de lobby o grupo de presión como principal forma de organización, la acción política de los movimientos pasa a estar dedicada fundamentalmente a “asesorar, vigilar y controlar el desarrollo de las normas ya existentes: leyes, ejecuciones presupuestarias, transposición de normativa europea o internacional, legislación internacional sobre derechos humanos”. Asimismo, la forma lobby consume los principales recursos humanos, organizativos y simbólicos de una organización. Su territorio privilegiado de acción es el informe, el marketing político, la comunicación, la selección de perfiles o casos representativos, donde se priorizan perfiles de alta formación y capital cultural (como puede verse en las portavocías de algunos movimientos en la actualidad).

(…) Quizás podamos preguntarnos entonces si esto supone una suerte de institucionalización tardía de los movimientos sociales, consistente en una aceptación al menos por una parte de los mismos de cumplir un papel dentro de las fuerzas de la izquierda, que podría resumirse en “presionar desde fuera para sancionar conquistas en formas de leyes y derechos provistos por los gobiernos de izquierda”. O si, por otro lado, en tanto que movimientos, es posible ir más allá del paradigma liberal y la paradoja de los derechos humanos cuya lógica tiende a reducir la transformación social a la reparación institucional de daños mediante derechos y leyes. En definitiva, podemos entender esta institucionalización de los movimientos sociales como una operación política por parte del capitalismo, una forma de gobernar todo aquello que sucede en los márgenes de la política institucional. En el contexto actual, estos movimientos cumplen para el neoliberalismo un papel análogo al que desempeñaron los sindicatos y partidos para el fordismo: constituyen una forma de integración y neutralización de lo que eufemísticamente se denomina la “cuestión social”, es decir, los conflictos y la lucha de clases que se producen en nuestras actuales sociedades de clases medias. Nos encontramos ante una sociedad civil en la que los movimientos sociales junto con otros agentes del tercer sector como ONG e iniciativas ciudadanas, funcionan como sujetos e interlocutores válidos encargados de mediar en todos aquellos conflictos o luchas que se producen en los márgenes del Estado.


Ya solo con analizar, debatir y profundizar estas reflexiones del primer capítulo tendríamos para varios días, pero no es más que el principio.