D.G. El periodista policial

 

 


 

 

 Las cuentas y cuentos del periodismo policial de David González (D.G. o @davidutti). Nueva entrega

 

 

En las entradas que estamos dedicando a analizar las malas artes del “periodista” policial de El Correo en Araba (y que podéis encontrar en la pestaña que bajo la cabecera le hemos abierto a la temática), hoy, antes de analizar lo relativo a la cifras y cuentas erróneas que está dando de la delincuencia en Gasteiz y Araba en 2025, vamos a centrarnos más en los cuentos (según definición de la wikipedia) que nos cuenta habitualmente.


Pero, para distinguir los trucos y maniobras que utiliza D.G. con objeto de presentarnos con apariencia de realidad lo que realmente es de otra forma, lo mejor será que tomemos un par de ejemplos representativos de lo que suele ser su forma de ¿periodismo?.



El sensacionalismo que asusta, vende y condena


Para analizar estas cuestiones, puede servirnos perfectamente el artículo que publicó el 7 de diciembre pasado con el peliculero título de En las moradas de los multirreincidentes de Vitoria. Título acompañado de una no menos peliculera (de serie Z, más que de serie B) entradilla: «Buena parte» de los ladrones más activos de la capital alavesa reside en lonjas y fábricas okupadas. EL CORREO visita sus refugios, donde guardan la mercancía robada. Titular y entradilla denotan ya la calidad de la “información” que nos vamos a encontrar.


Pero este tipo de noticias novelescas tiene su público, un perfil de personas lectoras enganchadas al sensacionalismo de D.G. y que hacen que casi a diario los cuentos que cuenta D.G. con apariencia de noticias, sean los más vistos y comentados en la versión web. Y de eso se trata el negocio, de que haya un personal fijo (si puede ser en número creciente) que cliquee, para lo que el mejor camino es engancharlos, y pocas vías más adictivas que el miedo y la falta de seguridad. Esta adicción por las noticias que causan miedo o temor es de tal calibre que tiene hasta nombre propio Doomscrolling, que se describe como “un hábito compulsivo de leer o ver noticias negativas que absorbe tiempo, energía y serenidad”. Ese es el terreno que abona D.G., a quien poco le importa la angustia que genera en quienes le leen, ni menos aún las represalias que suponen sus cuentos para quienes elige como carne de cañón en forma de protagonistas de sus peliculeros textos.


Una de las prácticas habituales de D.G, es la de intentar asociar a toda costa la denominada “delincuencia habitual” con las personas que se ven obligadas a (mal)vivir en lonjas o locales ocupados. Por eso afirma que “Buena parte» de los ladrones más activos de la capital alavesa reside en lonjas y fábricas okupadas”, cuando ello es absolutamente falso, porque lo que D.G. esconde para que no se le estropee su relato, es que se desconoce dónde viven la inmensa mayoría de quienes han cometido delitos, Eso al menos es lo que dicen los propios datos de la Ertzaintza.


Así, siendo 17.183 las infracciones penales conocidas por la Ertzaintza en Araba en 2025, durante es mismo tiempo las personas investigadas por infracciones penales han sido 4.870, y las detenciones 1.233. Y eso que, como indica la misma Ertzaintza “ Los datos se refieren a detenciones e investigaciones donde se contabilizan todas las veces en las que una persona ha sido detenida/investigada”. Esto significa que no se sabe quién ha cometido casi dos de cada tres delitos, y, en consecuencia, no se sabe dónde viven. Es más, sí podemos decir que la inmensa mayoría de esas personas delincuentes desconocidas no viven en lonjas o fábricas ocupadas, pues las personas que en ellas viven (sean culpables o no) sí que están sometidas a detenciones e investigaciones continuas. Porque sucede que, para dar imagen de eficacia policial en base a datos de detenciones e investigaciones, y, de paso, alimentar la imagen de malditismo de quienes (mal)viven en lonjas y fábricas abandonadas, lo más recurrido (y frecuente) es mandar patrullas a inspeccionar lonjas ocupadas, pues siempre encontrarán algo de lo que sus habitantes no puedan demostrar ser propietarios. Aunque sea chatarra. Es como si para analizar el perfil de las personas consumidoras de cocaína se acudiera solo a los parlamentos; tal y como se ha publicado, el consumo de cocaína es habitual en parlamentos como el inglés, el español o el italiano, con lo que probablemente siempre se encontraría a alguien que consuma cocaína, pero deducir que el parlamento es el único lugar o el más habitual de consumo de cocaína, es una deformación evidente de la realidad.

A ese “malditismo” sobre quienes sobreviven en esas lonjas contribuye también la “noticia” de D.G., cuando afirma que uno de los residentes “Arrastra «un carro de detenciones aunque ninguna condena en firme», trazan ertzainas y policías locales. Ese okupa, y supuesto multirreincidente”. Es decir, que uno de esos ladrones más activos y multirreincidentes, no parece haber cometido ningún delito, pues no ha sido condenado por nadie… salvo por D.G. y sus fuentes policiales anónimas. En realidad, no es un multirreincidente, sino un multidetenido a quien se criminaliza por sus circunstancias (sobrevivir en una lonja ocupada) y no por delitos o hecho que hayan merecido condena judicial. Eso sí, engordan las cifras de detenciones policiales… y la vinculan más al tipo de delincuencia que nos venden.


Igualmente, para D.G. y su ansia de culpabilización, parece más reseñable que en el lugar donde viven haya patinetes, bicicletas o teléfonos móviles (insinuando veladamente que pudieran ser producto de hurtos, aunque, insistimos, no existan condenas por ello), y no que se vean en la obligación de vivir de la chatarra por “carecer de trabajo alguno ni recibir ayudas económicas”, que es el origen de todo el problema, y algo que los servicios sociales deberían impedir.


No estamos afirmando con ello que ninguna de las personas que se ven obligadas a vivir en Gasteiz ocupando lonjas o fábricas no haya cometido nunca ningún delito (como en todos los grupos sociales es probable que en este también haya quien delinca, aunque sea para sobrevivir, principalmente por, como reconoce D.G., carecer de ayudas económicas), lo que estamos denunciando es el tono criminalizador y culpabilizador del artículo de D.G. en línea muy distinta, por ejemplo, al utilizado por su compañera de su mismo medio al hablar sobre las personas que ocupan en Laudio, en el que se señala que “Veinte de ellos se establecen en la localidad ayalesa, muchos estudian y, salvo algunos problemas en el Matadero, la mayoría son «muy respetuosos», dejando claro que, según el propio vecindario «La gran mayoría vive de la chatarra y no causa problemas, pero los cuatro o cinco que sí lo hacen dan mala reputación al resto». Parece evidente que la diferencia no está entre los aires que se respiran en Laudio y en Gasteiz, sino en el talante y afán criminalizador de D.G.


Todo ello sin olvidar, claro, que el importe económico que supongan el conjunto de los robos y hurtos que se dan en la llamada “delincuencia habitual”, es claramente inferior a los que se cometen por la denominada “delincuencia de cuello blanco”: durante el mismo 2025 el Tribunal Supremo ratificaba la condena a un ex directivo vitoriano que había robado a su empresa casi 4 millones de euros con los que se habría comprado diversos apartamentos en diferentes lugares costeros. Si los ¿periodistas? que se dedican a criminalizar a quienes se ven abogados a buscarse la vida como pueden, se dedicaran a poner el acento denunciador en los delitos de cuello blanco, corrupción política y fraude fiscal, se podría contar con recursos económicos suficientes para atender las necesidades de quienes se ven obligados a subsistir con pequeños hurtos, por lo que dejarían de cometerlos. Estos hurtan por necesidad, mientras que los de cuello blanco por simple avaricia.


Pero la mala praxis periodística de D.G. va más allá aún. No solo de antemano les juzga y condena (asegura sin sonrojo ni pruebas que “EL CORREO ha visitado esos lugares donde, según diversas fuentes, guardan la mercancía robada. Se trata de un extremo cierto”), sino que, además, parece pretender negarles derechos básicos para cualquier persona. Por ejemplo, cuando les acusa de negarse “a mostrar su morada u ofrecer demasiados detalles sobre sus vidas”. D.G. parece pensar que estas personas no tiene derecho a la intimidad y la privacidad en su lugar de residencia, o que éste derecho debería decaer ante su labor ¿periodística?. O, peor aún, que en realidad se sienta más policía que periodista y piense que por ello cuenta con prerrogativas policiales, y si se niegan a colaborar con él y renunciar a su derecho a la intimidad pasan a ser sospechosos, si no directamente culpables, criminalizándoles mediáticamente.




Practicando el periodismo policial


Demostrar el periodismo policial que practica D.G, podría ser tan fácil como señalar que la inmensa mayoría de las informaciones que publica están basadas o sustentadas por “fuentes policiales” que, según su propia terminología, le “deslizan” la información. Porque no se trata de las notas de prensa elaboradas por los propios cuerpos policiales, sino de informaciones más allá de esas notas de prensa, con detalles concretos de la investigación, aliñadas en muchísimos casos con meras opiniones de quien, según D.G., desliza la información. Naturalmente, son fuentes policiales anónimas, que no deberían existir ya que la Ley Orgánica 2/1986, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, en su artículo quinto dedicado a los principios básicos de actuación de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad , y en concreto en su apartado 5 sobre el secreto profesional, señala que “Deberán guardar riguroso secreto respecto a todas las informaciones que conozcan por razón o con ocasión del desempeño de sus funciones”. Pero la labor de periodismo policial de D.G. va más allá aún: señala y, como hemos señalado en el caso anterior, condena como culpables de delitos a personas, incluso cuando la propia justicia no ha encontrado esa culpabilidad. Es muy grave, pero es lo que hace, veamos otro ejemplo concreto en el que se ve claramente.


El pasado 10 de febrero D.G. volvía a poner en vilo a quienes le leen con el siguiente titular: “Los autores de una de las mayores oleadas de robos violentos a vitorianos, cerca de salir libres”. La inquietud que genera la noticia viene marcada por algunos de los párrafos con que se acompaña el mencionado titular:


Durante el verano de 2024, un grupo organizado de –al menos– cuatro jóvenes generó enorme alarma social en Vitoria por sus asaltos a peatones acometidos con una «agresividad extrema», como los definió el Departamento vasco de Seguridad. Su 'modus operandi' consistía en que un integrante se acercaba a la víctima. Le amenazaba con alguna excusa peregrina como que le había empujado para que, de manera súbita, el resto aparecía, le redujera a golpes y le arrebataba todo lo que llevara de valor.

(…) «Nos dieron muchísimo trabajo. Nos sorprendió la violencia innecesaria con que se emplearon para robar el móvil, alguna joya o la cartera a sus víctimas. Cuando son cuatro contra uno, suele valer con unas simples amenazas, pero para ellos no», desvelan ertzainas participantes en el laborioso operativo de detección, captura y acopio de indicios criminales.


Lo curioso es que, si se lee la noticia entera (cosas que, a juzgar por buena parte de los comentarios -más de 100- no debe hacer gran parte de la gente que lee el titular) la realidad es muy distinta a la que parece encaminarnos el enfoque de D.G..


Aunque han estado en prisión preventiva nada más y nada menos que 17 meses, ni víctimas, ni testigos, ni ertzainas o policías pueden demostrar que estos dos jóvenes hayan hecho algo más que lo que admitieron: dos asaltos, en los que el material sustraído tenía un importe de 750 euros. De hecho la fiscalía pactó con la defensa rebajarles la pena por falta de pruebas. Y por el mismo motivo la jueza dictó una condena de 3 años a uno y 2 años al otro (y llevan 17 meses en prisión preventiva, con lo que no han podido acceder a la libertad provisional que podría acarrear la condena ahora impuesta). Es más, como el propio D.G. tiene que admitir en la última línea de la noticia, hasta el entorno de los jóvenes insiste en que “en Zaballa se han rehabilitado”. Pero todo ello a D.G. le da lo mismo, él ya les ha condenado desde el titular, y parece como si a él la realidad no pudiera estropearle un titular tan alarmante como falso.


Más todavía. Como esa realidad parece quitarle truculencia al caso, ahí están D.G. y sus fuentes policiales para aportarla, aunque sea a fuerza de fantasear. Para ello siguen manteniendo su teoría de que eran un grupo organizado de -al menos- cuatro, pero que “Los otros dos cómplices jamás aparecieron”. Y dando un doble salto mortal, aunque los otros dos no aparecieron, se atreven a concluir que “Se cree que, como este dúo, eran «antiguos menores tutelados» que dieron el salto definitivo a la delincuencia tras alcanzar la mayoría de edad”. Sin tener ni idea de quiénes son llegar a esa conclusión es algo más que temerario… a no ser que lo que se quiera es, a toda costa, dotarle a la noticia de un mensaje forzado contra las personas extranjeras, algo que también parece reflejar el hecho de que, dónde y en el pie de la foto que acompaña a la noticia se diga que “necesitaron de una traductora”.


En cualquier caso, y volviendo a lo que queremos resaltar en este apartado, queda clara la función de periodista policial de D.G.: desarrolla su titular condenatorio y mantiene la fantasía delictiva que le cuentan sus fuentes policiales, ya no solo por encima de la presunción de inocencia de cualquier persona antes de un juicio, sino incluso después de que la justicia haya dicho que no hay nada que demuestre esa fantasía policial.




Los datos sobre la delincuencia en Gasteiz y Araba en 2025


Terminemos esta entrada con la que quizá sea la obsesión mayor del periodista policial D.G.: intentar hacernos creer que Gasteiz es una ciudad sin ley donde la delincuencia campa a sus anchas, para lo que suele utilizar como herramienta asustadora la cifra de delitos o infracciones penales que se registran en Gasteiz o Araba. Pero las cifras que aporta proceden de los datos sin depurar de la Ertzaintza y la Policía Local, lo que supone, entre otras cosas, que se den numerosas duplicaciones, al haber tenido ambos cuerpos policiales noticia de un mismo delito, que, sin esa depuración, queda registrado por duplicado. Datos bastante más depurados (aunque tampoco definitivos) son los que ofrece el Ministerio del Interior en sus Balances Trimestrales de Criminalidad. Pero esa depuración supone que los datos sobre delincuencia en Gasteiz y Araba sean bastante menores, y asusten menos a la población. Y no es que D.G., no conozca esta circunstancia, porque, como él mismo ha escrito sobre el Balance de Criminalidad:


Este listado nacional se elabora en base a los datos aportados por los diferentes cuerpos de seguridad. En Álava, aparte de Policía Nacional y la Guardia Civil, se supone que también facilitan sus estadísticas tanto la Ertzaintza como la Policía Local. Sin embargo, este registro nunca coincide con los datos del Gobierno vasco en cuanto a los números aunque sí en las tendencias. A su vez, es el único indicador fiable, y oficial, que compara la evolución de la inseguridad en el conjunto de España


Pensaréis ¿tanta es la diferencia entre las cifras con que intenta escandalizarnos D.G. y los datos reales que aporta el Ministerio del Interior? Pues, como vamos a ver, sí, la diferencia es grande.


El pasado 21 de enero. David González (D.G. o @davidutti) el sensacional(ista) periodista policial de El Correo Álava, volvía a hacer demostración de sus malas artes como informador al publicar este titular y subtitular:


Vitoria registró 54 delitos al día en 2025, un máximo histórico, con un incremento de hurtos y robos con violencia

La capital de Euskadi marca una subida del 7,8% en 2025, mientras que Álava fue la provincia vasca con la peor tasa de delincuencia


A lo que añadía1:


19.787 infracciones penales en el año 2025 en Vitoria. Un 7,87% más que el curso anterior. Lo que también hace una media de 54,2 delitos cada día, la mayor cifra desde que existen registros. Se trata de datos oficiales aportados esta mañana de miércoles por el consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, durante una intervención pública en el Fórum Europa.

De modo paralelo, su consejería ha colgado los datos ya oficiales de delincuencia en el País Vasco. Y para Vitoria no han sido buenos.

Ese incremento, del que ya hablaban las bases de la Ertzaintza y la Policía Local desde hace meses, se sustenta en varios factores. Los hurtos siguen desatados, con 7.562 denuncias. En términos porcentuales son un 15,82% más que el pasado año. Pero lo que más preocupa en ambas plantillas se refiere a los robos con violencia e intimidación. 489 casos. Este dato implica una subida del 27%. «Antes eran contados y ahora están a la orden del día», advierte una ertzaina conocedora de esta estadística. También han aumentado los robos en domicilios (333 atestados).


Sabíamos que no había más que esperar unas semanas, hasta que el Ministerio del Interior español hiciera públicos los datos del Balance de Criminalidad correspondiente a todo el año 2025. Una vez publicado ese documento (y su archivo descargable en Excel o CSV) solo queda establecer comparación entre los datos que aporta y los que señalaba D.G.


En la página 474 del documento, para empezar, podemos ver cómo las infracciones penales habidas en Vitoria-Gasteiz en 2025 no han sido las 19.787 que dice D.G., sino 14.234, esto es, ¡5.553 menos! (inferior en un 28,1%), lo que también lleva consigo que los 54,2 delitos diarios que dice D.G que hubo en Gasteiz en 2025, en realidad no sean sino 39,0, cifra que, probablemente asustaría bastante menos a quienes leen a D.G.


Según las cifras de D.G. “Los hurtos siguen desatados, con 7.562 denuncias”, pero resulta que en realidad los hurtos han sido 4.663 (un 38,3% menos que las cifras de D.G.). Ahora que, donde más se alejan de la realidad las cifras de D.G. es justo en el apartado de lo que dice que es “lo que más preocupa en ambas plantillas” policiales (Ertzaintza y Policía Local), esto es, los robos con violencia e intimidación, que según D.G. habrían sido 489 casos, pero que en realidad han sido 273, es decir casi la mitad de los que dice D.G. (en concreto un 44,2% menos, lo que debería devolver la tranquilidad a las preocupadas plantillas policiales). Finalmente, tampoco el dato que ofrece D.G. sobre robos en domicilios, 333, se corresponde con la realidad, que son 256 (casi una cuarta parte inferior, en concreto el 23,1%)


Y, como sucede habitualmente, algo que se echa de menos en todos las ¿informaciones? de D.G. es el darles un poco de análisis de contexto. En este caso, no sería necesario ni que lo elaborara él mismo, ya que existe una herramienta periodística para ello:


EpData es la plataforma creada por Europa Press para facilitar el uso de datos públicos por parte de los periodistas, con el objetivo tanto de enriquecer las noticias con gráficos y análisis de contexto como de contrastar las cifras ofrecidas por las diversas fuentes. La base de datos de la que se alimenta EpData está mantenida por un equipo multidisciplinar de informáticos y periodistas que se valen de las nuevas tecnologías y el análisis de datos para mejorar la eficiencia en el consumo de datos y encontrar patrones relevantes e informativos en los datos.


Si D.G. hubiera consultado el apartado de datos de EpData sobre la criminalidad en Gasteiz en 2025, habría comprobado no sólo que son los mismos datos que los del Balance de Criminalidad de Interior, sino que, además, que señala que: “La criminalidad en Vitoria-Gasteiz varió un 11,01 por ciento en lo que va de año (hasta el trimestre 4 de 2025) respecto al mismo periodo del año anterior”, lo que evidentemente es un dato a tener en cuenta. Es decir, que aunque no en la dimensión de las cifras que aporta D.G., los datos de delincuencia sí que aumentan en Gasteiz y Araba. Lo que falta es conocer la dimensión del problema. Siguiendo con los datos de EpData, las infracciones penales en Gasteiz en 2025 por cada 1.000 habitantes fueron 54,60, tasa inferior a la que la misma fuente señala para Donostia (58,09), Bilbo (67,71) o Iruña (77,66), y muy lejos de las que señala para Barcelona (97,99). Lo que permite comprender que la gravedad de la situación no es ni mucho menos la que nos ofrecen las cifras de D.G. sobre delincuencia en Gasteiz.


Pero, claro, si David González, D.G o @davidutti, aportara estos datos para la contextualización, dejar de condenar mediáticamente sin pruebas, y no buscara crear alarma (y adicción) entre quienes le leen, dejaría de ser el sensacional(ista) periodista policial de El Correo Álava… y no tendríamos que dedicarle espacio propio en este blog para desenmascarar sus triquiñuelas. Pero como lamentablemente lo hace, seguiremos dedicando las entradas necesarias para denunciar su execrable ¿periodismo? policial.


1 Al menos hasta la versión actualizada a las 13:46 de ese día 21.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Tomado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Desinformaci%C3%B3n#/media/Archivo:Disinformation_vs_Misinformation_es.png

 

 

En la entrada en la que analizábamos las bases en las que se fundamenta la criminología mediática, que es lo que sostenemos que lleva a cabo David González en El Correo de Araba, se señalaba que una de ellas era que:

se exagera la información, se la multiplica por diversos medios, se crean titulares engañosos que no coinciden con lo que se informa, y también se suele mencionar dos veces el mismo episodio, lo cual genera la sensación de que se trata de dos hechos diferentes


Un bueno ejemplo de todo ello es el siguiente titular de D.G. del pasado 14 de octubre de 2024:

Dos bandas se enfrentan a navajazos en el Casco Viejo de Vitoria por controlar la venta de droga


Quien quiera que lea el titular, y no conozca la realidad, no tiene más remedio que pensar que en el Casco Viejo gasteiztarra reina la ley de la selva delincuencial, donde bandas de cárteles de droga se enfrentan salvajemente. Así que, lo recomendable sería no acudir a esa peligrosa zona, pues de lo contrario correremos serio riesgo.


Nada más lejos de la realidad. Quienes vivimos o transitamos por la zona a diario sabemos que no es así, por mucho que se empeñe D.G.. Lo sabemos nosotres… y los miles y miles de personas que acuden cada fin de semana al lugar de ocio más nutrido de toda la ciudad. Todo es producto de la aplicación práctica que lleva a cabo D.G. de la criminología mediática en lo que acabamos de ver que se define como, creación de espectáculo, exageración de información y generación de titulares engañosos.


Para comprobarlo, solo tenemos que leer con detenimiento el desarrollo de la noticia (lo que no hace la inmensa mayoría de las personas lectoras de la versión telemática, que al no estar suscritas solo pueden ver el titular), y veremos que ese titular no responde prácticamente en nada a la realidad. Las “dos bandas”, pronto pasan a “presuntas bandas”, y de ahí a que una de esas teóricas bandas sea descrita como “un par de jóvenes que llevan pocos días en el barrio”. Más exageración y generación de titular engañoso hay en la afirmación de que “se enfrentan a navajazos”, pues al leer el detalle de la noticia vemos que en realidad ese enfrentamiento a navajazos se queda en que “Uno de los implicados, de 28 años, se refugió en su casa y salió «con un machete». Lo exhibió y amenazó con usarlo”. “Machete” que, por cierto, tampoco debería ser muy grande, pues como asegura D.G., cuando fue detenido “el arma blanca le fue localizada –y requisada- en su ropa interior”. Finalmente, lo de enfrentarse “por controlar la venta de droga” que se asegura en el titular, y que con las afirmaciones que le preceden sugiere la idea de cárteles de la droga en disputa, se reduce a que el par de jóvenes que llevan pocos días en el barrio “presuntamente viven del menudeo de sustancias estupefacientes”… “según “deslizan medios policiales


Esta última afirmación “deslizan medios policiales”, es otra de las características de las noticias que redacta D.G.. Es difícil encontrar en sus textos referencia a que su fuente de información policial sean las notas de prensa que facilitan los órganos de prensa de los cuerpos policiales (lo que sí es la práctica habitual de sus compañeras y compañeros), David González habla habitualmente de lo que deslizan o filtran policías o medios policiales. Fuentes policiales que, lógicamente, no desvela pero que, una de dos, o realmente cometen graves deslices en su información deslizada, que a menudo resulta errónea, o esas filtraciones policiales no son reales, y D.G. se las inventa. En cualquiera de ambos gravísimos supuestos lo peor no es la desinformación que generan en el público lector (y sus derivadas de miedos, temores y rechazos) sino que, cuando se centran en sectores concretos, incluso en personas, provocan una estigmatización social que es peor que cualquier condena judicial. Recordemos un penosísimo ejemplo de todo ello.




El denunciable papel de algunos medios en la creación y difusión de falsedades. O el ejemplo del bulo de ‘los Pitxis al Casco’ por el ¿periodista? David González


Hace ya unos nueve años publicamos con el título de este apartado un extenso trabajo en el que demostrábamos cómo D.G. estuvo construyendo toda una leyenda negra contra una familia gitana, a la que criminalizaba constantemente basándose en fabulaciones producto de lo que le comentaban sus fuentes policiales… “informaciones” que una vez tras otra se fueron demostrando falsas o erróneas. Quizá el ejemplo más evidente (que no más grave) de toda esa campaña de criminalización basada en falsas informaciones sea el relacionado con el traslado de la familia desde un barrio pueblo de Gasteiz a un piso okupado en El Casco, que ya le habían preparado sus familiares. Recordémoslo brevemente.



Creando el falso rumor


La primera “noticia” publicada por D.G. sobre el asunto fue el 17 de noviembre de 2016, con reseña en la portada y artículo interior en página destacada. El autor, con la inestimable ayuda de sus habituales “fuentes policiales” (sin identificar, por supuesto), facilitaba para la reseña de la portada del día el siguiente titular: 

Los ‘pichis’ se irán al Casco Viejo cuando los desalojen

Miembros del clan ya han inspeccionado varios pisos en la calle Santo Domingo


D.G. utilizaba la estrategia de, desde el primer párrafo de su relato, presentarnos su historia como verdad irrefutable, amparándose tanto en afirmaciones categóricas, como en sus pretendidas investigaciones:

Conscientes de que su desalojo es inminente, los ‘pichis’ han comenzado a buscar alternativas inmobiliarias en Vitoria. Según ha sabido este periódico, este clan planea instalarse en el Casco Viejo –también de ‘okupas’, por supuesto–


Cualquier persona que leyera lo anterior llegaría a la conclusión de que el ‘periodista’ había mantenido alguna conversación con la familia Manzanares-Cortés, quien habría decidido contarle sus planes. Con ello, D.G. no habría hecho más que cumplir lo estipulado en el punto 4 (Rigor y Contraste) del “Decálogo del buen periodista”:

Es nuestra responsabilidad escuchar a todas las partes y ser rigurosos a la hora de investigar y contar nuestra información. No debemos creer lo primero que escuchamos, debemos comprobarlo y hablar con otras fuentes no implicadas, como testigos, para contrastar la información.


Pero sucede que si así lo hubiera hecho, acudiendo a las fuentes directas, se habría quedado sin historieta truculenta que contarnos, porque tanto la familia Manzanares-Cortés de Abetxuko (los que aparecen como ‘pitxis’), como la familia Cortés de Santo Domingo (los ‘bartolos’) han negado públicamente esa posibilidad, cosa que hicieron ya el mismo 17 de noviembre:

Garantizaron que su intención es quedarse en Vitoria y apuntaron que no quieren vivir en una casa ocupada, si no que pretenden que las instituciones les permitan residir en una vivienda pública "pagando lo que haga falta". Según sus declaraciones, y a pesar de los movimientos detectados por los cuerpos policiales de la ciudad, no pretenden ocupar otra vivienda en Abetxuko ni en ningún otro barrio.


Vimos en la anterior entrada sobre esta cuestión que Mailén Alejandra Sassone (abogada, egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, especializada en Derecho Penal y docente de la asignatura «Elementos del Derecho Penal y Procesal Penal»), autora del trabajo titulado precisamente LA CRIMINOLOGÍA MEDIÁTICA, nos acercaba a la cuestión diciendo que:

Dicha criminología se originó en Estados Unidos y podemos definirla como “... la creación de la realidad a través de información, subinformación y desinformación mediática en convergencia con prejuicios y creencias, que se basa en una etiología criminal simplista asentada en la causalidad mágica.” (Zaffaroni & Bailone, 2014, p. 127)


Y eso es precisamente lo que hace D.G., quien, demostrando una vez más su mala praxis periodística, toma claro partido: no cree a la familia Manzanares Cortés, y da por buena la “información” de sus fuentes policiales anónimas, que aseguran lo contrario:

«Va a ser un show»

De completarse el desembarco de todos los pichis, llegaron a detectarse mas de una quincena en verano, medios policiales temen que esta zona del Casco Viejo se convierta «en un gueto». La razón está clara. Se juntarían dos familias engarzadas por su carácter problemático. «Si cada dos por tres vamos allí por los bartolos, imagínate si se unen los pichis. Va a ser un show», comparten agentes de ambos cuerpos policiales


Poco le importa que al día siguiente el portavoz de la familia afirme públicamente que:

«Lo único que quiero es una vivienda como todo el mundo, pagar la luz, el agua, lo que haga falta. No quiero vivienda ocupada, ni quiero ni pretendo. Que se mojen un poco las instituciones, que ya está bien. Encima se nos echan encima, cómo no vamos a coger miedo. Esto parece la Guerra de Vietnam»,


D.G. se agarra a sus prejuicios, y a través de su subinformación y desinformación, insiste en crearnos una realidad paralela, siempre avalada por sus informantes policiales anónimos:

Agentes de la Ertzaintza y de la Policía Local puntualizan que «como saben que no les darán ningún piso, al menos a corto plazo, planean mudarse a un piso ocupado en la calle Santo Domingo, enfrente de sus parientes, los ‘bartolos’


Por si ello fuera poco, días después, el 23 de noviembre insiste en la falsedad con una ¿información? que arranca con estos titulares:

Los 'bartolos' preparan ya un piso en el Casco Viejo para los 'pichis'

Varios miembros de este clan, comandados por la matriarca María, han tomado posesión de una vivienda que ya estaba ocupada tras conminar a los otros residentes ‘ilegales’ a mudarse


Decidido a poner toda la carne en el asador, en esta ocasión no se corta un pelo a la hora de inventar los detalles de la ‘operación’, incumpliendo con ello flagrantemente el primer punto del decálogo del buen periodista:

1. VERACIDAD.

Es el principio básico para cualquier periodista y medio de comunicación.

Las informaciones deben ser auténticas. El prestigio y el compromiso del periódico con sus lectores se fundamenta en narrarles los hechos tal y como son, sin engañarles ni publicar falsedades.


Pero la veracidad y el buen periodismo no parecen ser amigos de David González, como, ahora que sabemos la realidad, lo demuestra esta historieta que intentó hacernos creer: 

Comandados por la matriarca María, varios ‘bartolos’ tomaron en la mañana de ayer posesión de un piso en la segunda planta del número 25 de la calle Santo Domingo. La vivienda ya estaba ocupada, pero conminaron a los otros residentes ‘ilegales’ a mudarse a otra vivienda de la primera planta. Una vez controlado el domicilio –que pertenece a una entidad bancaria–, «se dedicaron a subir cajas», deslizan fuentes policiales que vigilan sus movimientos.

En principio se cree que este clan «está preparando el piso para cuando los ‘pichis’ sean desalojados de Abetxuko». Esta supuesta operación responde a sus sólidos lazos consanguíneos. María es la madre de la esposa de Pedro Mari Manzanares, el patriarca de los ‘pichis’ en Abetxuko. Medios policiales manejan la información de que este grupo, ahora atrincherado en el número 54 de la calle El Cristo, se mudará al Casco Viejo cuando el Juzgado de Instrucción número 1 de Vitoria decrete su desalojo


Pasaron los días, los meses y los años, y la familia Manzanares Cortés nunca se fue a vivir a la calle Santo Domingo; ni a la vivienda ocupada que según D.G. le habían preparado sus familiares, ni a ninguna otra. Es más, no se fueron a vivir a ninguna vivienda ocupada, sino que, tal y como habían anunciado, comenzaron el periplo administrativo y legal (pasando por el albergue CMAS Centro Municipal de Acogida Social) hasta que les fue adjudicada una vivienda de Alokabide en otra zona de la ciudad. Exactamente lo que dijeron que iban a hacer. Exactamente lo contrario de lo que las falsas informaciones de D.G. y sus “fuentes policiales” nos habían intentado imponer como verdad. ¿Pidió perdón por ello D.G. a la familia afectada? ¿Se excusó ante las personas lectoras por haberlas engañado? ¿Dejó de utilizar el mecanismo de “su fuentes policiales” desinformadotas? La respuesta es un no absoluto a todas estas cuestiones. Lo que si dejó con su pésimo hacer periodístico es todo un manual de criminalidad mediática y la demostración palpable de la nula calidad de sus informaciones y la de sus fuentes policiales.



Alimentando la sensación de inseguridad con datos falsos

 

Otro de los rasgos que la experta Mailén Alejandra Sassone señala a la criminología mediática es el de crear una falsa realidad, que nos imponen:

La realidad fabricada por los medios masivos de comunicación es impuesta a la sociedad y pasa a formar de la vida cotidiana de la población, que es la realidad por excelencia y en la cual la conciencia se encuentra en su apogeo, lo cual dificulta mucho que la persona no actúe condicionada por ella y se logre abstraer


Esta es otra de las cuestiones en las que destaca D.G.. En la primera entrada de este blog que dedicamos a “David González (D.G. o @davidutti) el sensacional(ista) periodista policial de El Correo Álava”, demostrábamos cómo D.G., en su noticia del pasado 28 de mayo de 2025 sobre la delincuencia en Gasteiz en el primer trimestre de 2025, aportaba unos cuantos datos que no eran verdad, que eran falsos. Como vamos a comprobar con otro ejemplo más, aquello no fue un error, sino que se trata de una práctica habitual en D.G., que a través de esos datos falsos, inflados, sobre la delincuencia en Gasteiz, trata de alimentar una sensación de inseguridad, para imponernos una realidad que no es tal. Es otra de las herramientas que utiliza la criminología mediática.


Así, el 7 de diciembre de 2024 D.G. publicaba un amplio artículo encabezado con el siguiente texto: 

Inseguridad en Euskadi

Vitoria ya soporta más de 48 delitos al día por el repunte de los robos y los ataques sexuales.

Los asaltos violentos y las agresiones a mujeres se disparan en los primeros nueve meses del año. La delincuencia crece en un 5,4%

48,6 delitos cada día. La cifra –extraída de las estadísticas oficiales de la Ertzaintza y la Policía Local– refleja el lento pero constante aumento de la inseguridad en la capital alavesa. Entre el 1 de enero y el 30 de septiembre, ambos cuerpos acreditaron por escrito 13.335 infracciones penales. Un 5,4% más que en el mismo periodo del año pasado (12.641 casos). El repunte de los robos –de fuerza (sobre patrimonio) y con violencia (a personas)–, sumado a los ataques sexuales a mujeres, apuntalan la deriva en materia de seguridad de una Vitoria que cada vez se asemeja más al resto de urbes españolas.


Y entre los entresacados o resaltados de la noticia figuraban estos:

Preocupación policial

Cada día, un vitoriano sufre un asalto violento en plena calle para quitarle el móvil o la cartera

48,6 delitos al día en Vitoria a lo largo de los primeros nueve meses de este 2024. Las 13.335 infracciones penales registradas entre la Ertzaintza y la Policía Local suponen un 5,4% más que en el mismo periodo de 2023 (12.641 casos).

58% de subida de los robos con violencia o intimidación. Hay constancia de 292. Es decir, a más de uno por jornada.

3.277 hurtos entre enero y septiembre. Un 0,1% menos que en 2023. Es el ilícito más numeroso, seguido de los delitos informáticos, con 2.572 infracciones registradas. Los robos con fuerza ocupan el tercer lugar, con 1.037 atestados, un 35% más.


Pues con la ayuda de los datos del Balance de Criminalidad del Ministerio de Interior (que computa datos provenientes de la Policía Nacional, Guardia Civil, Policías Autonómicas y Policías Locales, esto es, recoge más datos de los de D.G. que, según él se limitan a las estadísticas de Ertzaintza y Policía Local), comprobemos si es así, o si las estadísticas que dice manejar D.G. son tan poco fiables como sus habituales fuentes, o es el propio D.G., quien nos cuenta falsedades.


¡Sorpresa! Los datos de D.G., no se parecen nada a los del Balance de Criminalidad. D.G. nos habla de 13.335 infracciones penales entre el 1 de enero y el 30 de septiembre, y el Balance de Criminalidad dice que son muchas menos, 9.420; esto es casi 4.000 menos (concretamente 3.915, un 29,4% menos). Consecuentemente, los 48,6 delitos al día en Gasteiz que tanto repite D.G. tampoco son verdad, realmente son 34,4, lo que es sustancialmente menos.


Tampoco es verdad el dato por el que dice que ha preocupación policial, pues según D.G. “cada día un vitoriano sufre una asalto violento en plena calles para quitarle el móvil o la cartera” porque, como desarrolla en el artículo “Desde el 1 de enero hasta el 30 de septiembre, 292 personas denunciaron que uno o varios desconocidos les pararon en la calle y, tras pegarles o intimidarles, les arrebataron la cartera, el teléfono móvil u algún otro objeto personal”. Los robos con violencia e intimidación en la calle no fueron los 292 que dice D.G., sino que según el Balance de Criminalidad fueron 138 ¡menos de la mitad!, aunque, eso sí, ascendieron más de los que dice D.G. (él dice que un 58%, y lo hicieron un 79,2%). Tampoco es verdad que los hurtos hubieran sido los 3.277 que dice D.G., sino que según el Balance de Criminalidad fueron 2.777, es decir, nada más y nada menos que 500 menos. Finalmente, los robos con fuerza que D.G. dice que fueron 1.037 son el dato más alejado de la realidad, pues según el Balance de Criminalidad fueron muchos menos, en concreto 224, ¡lo que supone que D.G. los ha multiplicado casi por 5! El único dato de los que aporta en el titular y los destacados que recogemos, es el de los delitos informáticos, que, además, es también el único en el que el dato que aporta D.G. es inferior al del Balance de Criminalidad. D.G. da la cifra de 2.572 y el Balance dice que fueron 2.638.


Con todo lo visto ¿cómo nos vamos a creer cualquier cosa que nos cuente D.G., por mucha fuente policial que nos cite? Eso sí, no hay que perder de vista el comentario que hace en la entradilla. A pesar de los infladísimos datos que nos aportan, tiene que concluir el primer párrafo diciendo que Gasteiz “cada vez se asemeja más al resto de urbes españolas”, lo que es una forma muy retorcida de reconocer que en nuestra ciudad la delincuencia no es, al menos en comparación con el resto, una cuestión grave. A lo que tendríamos que añadir que si hay parte de la población con sensación de inseguridad, en buena parte se debe no a la realidad, sino a la deformación de la realidad que trasmiten los periodistas y medios que como D.G. practican la criminología mediática.


Pero esa criminología mediática también se caracteriza por lo que se denomina “crear la otredad” que, en palabras de Mailén Alejandra Sassone se explica así:

En el discurso mediático se observa una íntima relación entre pobreza y delincuencia. Quienes encarnan la violencia, el delito y la inseguridad son los pobres y dentro de ellos en especial los jóvenes. En consonancia con ello, la pobreza es concebida como una fábrica de delincuentes: “…sujetos que con ¨otra cultura¨, ¨otros valores¨, sin educación, sin trabajo, ¨sin perspectivas futuras¨, encarnación de la otredad, entonces, jóvenes-pobres que, en el proceso de conformarse en adultos, producen y reproducen la inseguridad.” (Galvani et al., 2010, p. 89)


Pues bien, en próximas entradas analizaremos cómo David González, D.G., condena a la otredad más descarnada a una serie de colectivos: ocupas, migrantes jóvenes (especialmente magrebíes), supuestas bandas delictivas juveniles y familias gitanas; así como a zonas concretas de la ciudad: Casco Viejo, Errekaleor y Coronación, principalmente. Y, claro, también en próximas entradas analizaremos las razones para que lo haga.

 

 

 

 

 

 

Lo del “periodista” David González (D.G.) en El Correo, tiene nombre… (I)

  


 

 

Aunque en la anterior entrada David González (D.G. o @davidutti) el sensacional(ista) periodista policial de El Correo Álava ya dejamos claro que ni El Correo, ni en concreto D.G. son desgraciadamente los únicos que practican este falso periodismo, también señalábamos que en el caso concreto de D.G y El Correo Álava, llevamos más de una década padeciendo su inquina contra determinados colectivos, de los más castigados social y/o económicamente, ya sea por su origen, por su etnia, por su religión, por su edad o por prácticas (como la ocupación) a la que se ven abogadas estas personas para conseguir un techo o simplemente sobrevivir. Algo que, afortunadamente, no practican las mayoría de compañeras y compañeros de D.G. cuando abordan noticias relacionadas con sucesos.


Pues bien, dando un paso más en el análisis y denuncia de ese falso periodismo, hoy sostenemos que lo que practica D.G. no es ni más ni menos que lo que se denomina Criminología mediática, y para lo cual se basa de algunas herramientas trampa como la “agenda setting” (tematización de la agenda) y la técnica del “framing” (encuadre noticioso), en ambos casos con relación al tipo de delincuencia y delincuentes que él se encarga de criminalizar: de forma muy especial pobres, jóvenes e inmigrantes, o, en el vocabulario de D.G jóvenes okupas y desarraigados (siempre presuntamente peligrosos) o contra algunas familias gitanas, como de forma especialmente grave llevó a cabo contra la familia Manzanares Cortés, como ya en su día mencionamos (y sobre lo que luego volveremos al analizar algunas de sus malas artes antiperiodísticas)


Pero, para darnos cuenta en toda su dimensión de este proceder de D.G se hace necesario previamente conocer mínimamente qué es eso de la Crimonología mediática y en qué consisten esas herramientas de la agenda setting y el framing. A ello vamos a dedicar la entrada de hoy, y en futuras entradas veremos su aplicación concreta por parte de D.G.




La Criminología mediática


Para conocer mínimamente sus planteamientos, desarrollados principalmente en América Latina, de las numerosas fuentes posibles nos vamos a servir principalmente del texto de Mailén Alejandra Sassone (abogada, egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, especializada en Derecho Penal y docente de la asignatura «Elementos del Derecho Penal y Procesal Penal»), titulado precisamente LA CRIMINOLOGÍA MEDIÁTICA (Revista Iberoamericana de Derecho, Cultura y Ambiente. Edición Nº 2. Diciembre de 2022) y en el que, para empezar, nos acerca al origen del concepto y a una primera definición:

Dicha criminología se originó en Estados Unidos y podemos definirla como “... la creación de la realidad a través de información, subinformación y desinformación mediática en convergencia con prejuicios y creencias, que se basa en una etiología criminal simplista asentada en la causalidad mágica.” (Zaffaroni & Bailone, 2014, p. 127)

(…) En el discurso mediático se observa una íntima relación entre pobreza y delincuencia. Quienes encarnan la violencia, el delito y la inseguridad son los pobres y dentro de ellos en especial los jóvenes. En consonancia con ello, la pobreza es concebida como una fábrica de delincuentes: “…sujetos que con ¨otra cultura¨, ¨otros valores¨, sin educación, sin trabajo, ¨sin perspectivas futuras¨, encarnación de la otredad, entonces, jóvenes-pobres que, en el proceso de conformarse en adultos, producen y reproducen la inseguridad.” (Galvani et al., 2010, p. 89)


¿Y cómo crean esa “otredad” los medios?:

Los medios de comunicación crean una realidad paralela en la cual conviven un mundo de personas decentes frente a una masa de delincuentes identificados a través de estereotipos, produciendo de este modo la idea de un mundo dividido en un “nosotros” buenos y un “ellos” malditos, donde en este último grupo se encuentran los criminales, los delincuentes, los responsables de todos los males que acechan, la escoria de la sociedad, los “otros”, los verdaderos chivos expiatorios de la sociedad.

(…) Entonces surge la pregunta, ¿De qué modo los medios masivos de comunicación convierten a “ellos” en criminales violentos?, y la respuesta es, dando a conocer al público a los pocos estereotipados que, sí delinquen, lo cual siembra en la audiencia la idea de que los que presentan el mismo estereotipo actuarán de igual forma que los criminales. La vestimenta, el estilo de vida, los tatuajes, la música, el modo de hablar, los modos de recreación y cualquier objeto relacionado con los estereotipados adquieren una connotación negativa.

(…) La criminología mediática está profundamente internalizada en la sociedad gracias al trabajo que realizan cotidianamente los medios de comunicación, lo cual dificulta mucho tomar distancia del mensaje que nos envían

(…) Dentro del espectáculo se exagera la información, se la multiplica por diversos medios, se crean titulares engañosos que no coinciden con lo que se informa, y también se suele mencionar dos veces el mismo episodio, lo cual genera la sensación de que se trata de dos hechos diferentes.

La realidad fabricada por los medios masivos de comunicación es impuesta a la sociedad y pasa a formar de la vida cotidiana de la población, que es la realidad por excelencia y en la cual la conciencia se encuentra en su apogeo, lo cual dificulta mucho que la persona no actúe condicionada por ella y se logre abstraer


Que nadie piense que lo que expone Mailén Sassone es una mera elucubración u ocurrencia suya. Quien probablemente más ha denunciado la criminología mediática es Eugenio Raúl Zaffaroni, crimólogo argentino, exministro de la Corte Suprema de Justicia y miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quien, por ejemplo, describe así una de las consecuencias de la construcción de esa otredad del “ellos”:

Identificados 'ellos', todo lo que se les haga es poco, pero, además, según la criminología mediática no se les hace casi ningún daño, todo es generosidad, buen trato e inútil gasto para el estado, que se paga con nuestros impuestos, lo que implícitamente está reclamando muerte, exigencia que de vez en cuando hace explícita algún desubicado que viola los límites del espacio de explicitación y rápidamente es disculpado como un exabrupto emocional, porque el desubicado pone en descubierto a Tánatos, la necrofilia del mensaje, el grito del siniestro Millán  Astray, a quien hoy le dirían: "general, eso se piensa pero no se dice"


Con ello, tal y como la autora señala citando al propio Zaffaroni:

Zaffaroni (2011) menciona que se alimenta la creencia ficticia de que el único riesgo de victimización es por robo violento o por el homicidio cometido por adolescentes de barrios precarios o de los bajos fondos urbanos, así como también por determinados delitos sexuales llevados a cabo por pedófilos y violadores seriales, pero se dejan de lado las estafas, defraudaciones, cohecho, malversaciones, y demás delitos que generalmente tienen un impacto económico mucho mayor.

Los medios crean de esta manera lo que Cohen (2015) denomina pánicos morales y demonios populares, siendo estos últimos ni más ni menos que los estereotipados


¿Y en qué consisten esos pánicos morales?:

Los elementos que componen la definición de pánico moral son: la preocupación que genera la amenaza potencial o imaginada que infunde el fenómeno al cual se le asigna el pánico moral, la indignación moral hacia quienes encarnan el problema que en el presente caso serían los estereotipados, el acuerdo generalizado y fomentado por los medios de comunicación de que la amenaza es real, grave y debe ser atendida, la exageración del número y consecuencias del fenómeno en relación a su daño objetivo, la volatilidad que permite que el pánico se desencadene y disipe repentinamente y sin aviso

(…) Este fenómeno se vincula con lo que Cohen denomina sensibilización, la noticia de determinados tipos delictivos penetra en la conciencia de la persona y eso trae como consecuencia que el individuo comience a prestar atención a otras noticias de igual naturaleza que quizás en otro momento hubiera pasado por alto, reinterpretándose así estímulos neutros o ambiguos como si fueran potencial o efectivamente desviados.

“La sensibilización es una de las formas del más elemental de los sistemas de creencias generalizados, la histeria, que ¨transforma un (sic) situación ambigua en una amenaza global de enorme fuerza¨


Aunque luego analizaremos con ayuda de otro autor algunas de las principales herramientas que utiliza la criminología mediática para conseguir sus objetivos, recojamos este breve resumen de su proceder según Sassone:

La criminología mediática está profundamente internalizada en la sociedad gracias al trabajo que realizan cotidianamente los medios de comunicación, lo cual dificulta mucho tomar distancia del mensaje que nos envían

(…) el simple hecho de informar sobre un determinado hecho produce, en ciertas situaciones, el desencadenamiento de otros sucesos similares, tal como sucede con la moda, los conceptos estéticos, y otras conductas colectivas. En razón de ello, se puede considerar, por un lado, que los medios de comunicación difunden determinadas conductas fomentando su amplificación y propiciando ideas y, por otro, la sociedad esta expectante de cómo deben comportarte los estereotipados y de este modo se legitima y da lugar al control social, cuya razón de ser es aplacar las conductas desviadas de la sociedad a la vez que termina cumpliéndose la realidad mediática y confirmándose los estereotipos difundidos por esta, es decir, se cumple la profecía.

(…) Dentro del espectáculo se exagera la información, se la multiplica por diversos medios, se crean titulares engañosos que no coinciden con lo que se informa, y también se suele mencionar dos veces el mismo episodio, lo cual genera la sensación de que se trata de dos hechos diferentes.

La realidad fabricada por los medios masivos de comunicación es impuesta a la sociedad y pasa a formar de la vida cotidiana de la población, que es la realidad por excelencia y en la cual la conciencia se encuentra en su apogeo, lo cual dificulta mucho que la persona no actúe condicionada por ella y se logre abstraer


Para finalizar este apartado, siguiendo con el trabajo de Sassone, cabe preguntarse que a quién o quiénes sirve la criminología mediática, y en esta cuestión la autora es clara y rotunda:

(...) la criminología mediática le es funcional al poder punitivo del Estado, dado que el poder punitivo actúa selectivamente en función de los reclamos públicos que no son sino los reclamos que difunden y alimentan los medios, que tienen a su vez como blanco a los excluidos estructurales, así como a los opositores y molestos. Todos aquellos que se aparten del orden, de la normalidad controlada, son los causantes del delito. Queda al descubierto que a la criminología mediática no le interesan los criminales violentos sino más bien brindar un discurso funcional a los intereses financieros que se manifiestan a través de las empresas de medios, creando un enemigo para la sociedad y configurando la inseguridad como un problema que aqueja a la sociedad en su conjunto, con el fin de desbaratar o impedir el estado de bienestar, y de esta forma beneficiarse con el caos que ello ocasiona y dar paso a una sociedad excluyente y a un Estado que se limite a controlar a la parte de la población excluida para que ésta no genere molestias. Lo que verdaderamente le interesa a la criminología mediática es crear una realidad caótica, antimoral y criminal que sirva para destruir el estado de bienestar.

(…) La criminología mediática también le es funcional al poder en cuanto fomenta el control y la reducción de la libertad social en pos de proteger al “nosotros” del “ellos”, y esta es justamente su razón de ser. La criminología mediática manufactura una realidad paralela en la que el peligro latente del “ellos” justifica todo tipo de control por parte del poder estatal, el discurso que crean los medios es la causa perfecta para justificar más controles y menos libertades sin que el pueblo se inmute, sin ir más lejos muchas veces es el mismo pueblo que, comprando hasta el hartazgo el discurso de los medios, proclama mayor control de parte del Estado, creyendo ilusamente que ese control viene, por causalidad mágica, sujeto a mayor seguridad. (…) El control mediático de la realidad, como todo control social posee tres elementos: la difusión gradual desde el lugar en que la conducta considerada “desviada” tuvo lugar, llegando a las victimas inmediatas, la escalada mediante la exageración que permite legitimar el accionar de los agentes de control (tales como policía y tribunales) y la innovación, a través de métodos de control novedosos, fundada en la idea de la carencia, tanto del contenido, como del modo de implementación de las medidas de control vigentes.

La construcción de la realidad mediática no necesariamente se realiza a través de mentiras u omitiendo información, sino también recurriendo al bombardeo de imágenes, la reiteración y el dramatismo.

(…) la criminología mediática también tiene una gran incidencia en la política. Los políticos no suelen conocer otra criminología más que la mediática y tampoco saben cómo salir ilesos de ella, y para no apartarse de la realidad conocida por la gente que no es otra que la que reproducen los medios, terminan cayendo en ella y acoplándose a sus exigencias, sancionando leyes inútiles




La “agenda setting” (tematización de la agenda) y la técnica del “framing” (encuadre noticioso)


Para intentar conocer de forma general estas herramientas que utiliza la criminología mediática que desarrollan “periodistas” como D.G. en El Correo de Álava, vamos a servirnos de otro texto. En este caso se trata del escrito por Daniel Varona Gómez, profesor titular de Derecho penal y Criminología de la Universidad de Girona y Magistrado Suplente en la Sala de lo Penal de la Audiencia Provincial de Girona, titulado Medios de comunicación y punitivismo.


Veamos inicialmente el contexto de la cuestión:

Es ya un lugar común entre la doctrina penal y criminológica española considerar a los medios de comunicación como uno de los actores principales dentro del proceso de deriva punitiva que define a la actual política criminal. Sin embargo, más allá de una genérica alusión al incremento de la sensación de inseguridad entre la población por el tratamiento sensacionalista y desproporcionado de la delincuencia, no suele explicitarse el mecanismo o mecanismos a través de los cuales los medios de comunicación estarían contribuyendo a dicha deriva punitiva. (...) Estos mecanismos son básicamente dos: el fenómeno de la “agenda setting” (tematización de la agenda) y la técnica del “framing” (encuadre noticioso)


Pero ¿qué se entiende por “agenda setting” (tematización de la agenda)?:

(…) Se entiende por agenda-setting, el proceso en que los medios, por la selección, presentación e incidencia de sus noticias, determinan los temas acerca de los cuales el público va a hablar. En rasgos macrosociológicos, los medios imponen los temas más discutidos en la sociedad


Esta tematización de la agenda tiene concreciones en el ámbito de la criminología:

(…) si trasladamos la teoría de la agenda-setting al ámbito de la política criminal lo que ello significa es que los medios de comunicación, ejercitando su facultad de fijar la agenda de temas relevantes, pueden decidir en determinado momento situar a la delincuencia en general o a determinado tipo de delincuencia en el centro del debate público, creando una extraordinaria presión en el poder político para que actúe de una determinada manera.

(…) la causa del aumento de la preocupación social por el delito en nuestro país no hay que buscarla donde parecería probablemente natural (la causa natural sería el aumento de la delincuencia en determinado momento), sino fundamentalmente en la decisión de los medios de comunicación de situar este fenómeno en el centro de la atención mediática, lo cual tiene una clara repercusión en la opinión ciudadana sobre los asuntos de interés nacional prioritario. En definitiva, cuando los medios deciden aumentar la atención dedicada a la delincuencia, la preocupación ciudadana por la misma sube.

Todo ello no debería causar mucha sorpresa pues la percepción ciudadana sobre la delincuencia no proviene normalmente de la propia experiencia, sino de la información recibida sobre el tema.


Con esa misma lógica de lo no sorprendente Varona Gómez nos indica algunos de los porqués de este funcionamiento de los medios:

Hay que reconocer que lo criminal es mediático por naturaleza. Desde que existen medios de comunicación ha existido atracción por el fenómeno de la delincuencia, tanto por su intrínseco interés social (no es un hecho neutro), como por el gran potencial que dicho fenómeno tiene para los medios, en el sentido de poder presentar narrativas y discursos de todo tipo (analíticos, dramáticos, trágicos), que atraigan a la potencial audiencia. Por tanto, que los medios den un tratamiento destacado a la delincuencia no es sorprendente.

(…) Este proceso de mercantilización y privativación de la información ha conllevado según los investigadores que el objetivo principal de los medios de comunicación no sea ya la formación de una opinión pública crítica sobre los asuntos de relevancia, sino ante todo, como cualquier otra empresa, el beneficio económico. De aquí el surgimiento de toda una serie de estrategias para hacer de la información un negocio rentable. Particularmente, convirtiendo el producto (la información) en un asunto más entretenido (así surge el fenómenos del info-entretenimiento) y reduciendo los costos de la información.

Pues bien, esta evolución económica de los medios puede explicar el mayor énfasis actual en las noticias sobre la delincuencia, porque la información sobre delincuencia es muy barata, fácilmente accesible (pues normalmente la noticia proviene de una fuente oficial: la policía) y muy versátil, por lo que tiene un público asegurado, y ello, en un contexto mediático cada vez más determinado por los beneficios económicos determina que se recurra con más frecuencia a ella.

(…) Con respecto a los medios escritos, los investigadores ya han señalado que la mercantilización de la información es clave para entender la creciente atención por la delincuencia y su particular tratamiento dramático, emotivo y en clave de entretenimiento.

(…) Un tercer factor a explorar podría ser la propia evolución de la sociedad, pues una ciudadanía cada vez más insegura encontraría en los medios y su tratamiento dramático, emotivo y en clave de entretenimiento de la delincuencia, el vehículo en el que expresar miedos o inseguridades más difusas (económicas, de identidad social, al futuro, etc.). Éste es no obstante un tema muy complejo pues bien pudiera ser que los medios y el tratamiento sensacionalista y dramático de los problemas sociales fuera lo que está contribuyendo a una sociedad más miedosa e insegura. O ambas cosas a la vez.


Pero el autor profundiza un poco más en las causas del creciente interés de los medios por la delincuencia y su relación con los intereses de otros poderes:

El creciente interés de los medios por la delincuencia debe relacionarse con la propia lógica de funcionamiento de los medios de comunicación, que tiende a la problematización y sobredimensión de la delincuencia. Así, por un lado, como es bien conocido ―en los criterios de noticiabilidad impera lo negativo‖, con lo que las ―malas noticias‖ sobre la delincuencia (su aumento, un caso particularmente desagradable, un fallo de la justicia o policial, etc.) tienen reservado un lugar de privilegio en los medios de comunicación.

(…) Por otro lado, a este contexto problematizador debe añadirse que, también por la propia lógica mediática, las noticias sobre delincuencia que copan la información son aquéllas en las que predomina la violencia y el dramatismo, inflándose con ello artificialmente la magnitud del problema real de la delincuencia.

c) La convergencia de intereses

En tercer lugar, también es determinante para entender por qué la tematización de la delincuencia suele conllevar un endurecimiento de la política-criminal, el hecho de que suele existir una convergencia de intereses en este ámbito. Es decir, colocar la delincuencia en primer plano y en una lógica problemática es algo que interesa, por diversos motivos, a muchos grupos de poder: políticos (a continuación veremos en qué sentido), asociaciones de víctimas, sectores económicos, sectores profesionales, etc, que de esta manera van a tratar de tener acceso a los medios de comunicación. Por tanto, el mensaje que de los medios llega al poder político cuando se ha tematizado la delincuencia (o determinado tipo de delincuencia) es uno alto y claro: hay un problema importante y hay que hacer algo.


Sabemos que a más de una se os habrán puesto las orejas tiesas cuando hayáis visto que el autor anuncia que va a analizar la relación en el poder político y su reflejo en los medios, pero como no es el tema de esta entrada, no lo vamos a recoger, quien no puede aguantarse las ganas no tiene más que acudir al texto completo (que no es muy largo).


Demos un paso más y veamos ahora en qué consiste la técnica del “framing” (encuadre noticioso):

El concepto framing, utilizado en psicología, sociología y en teoría de la comunicación, hace referencia a la importancia decisiva que tiene, a la hora de interpretar un hecho, el contexto omarco de referencia en que dicho suceso es encuadrado (de ahí la palabra frame que significa literalmente marco o encuadre)

(…) En el ámbito de la comunicación la teoría del Framing supone con ello avanzar un paso más en la comprensión de los efectos que los medios tendrían sobre la opinión pública. Si con la teoría de la agenda-setting destacamos el poder de los medios para fijar los asuntos de interés nacional (los asuntos sobre los que los ciudadanos son motivados a pensar), con el concepto de framing hacemos referencia a que los medios determinan además cómo pensar sobre los temas, pues nos proporcionan los esquemas de interpretación básicos que vamos a utilizar para ello

(…) Lo relevante a nuestros efectos es por tanto que a través del uso de determinados marcos de referencia e interpretación (frames) los medios de comunicación tienen el poder de construir una determinada imagen de la delincuencia, del delincuente y de la justicia penal. Imagen que, según veremos, es caldo de cultivo de una política-criminal punitiva, a pesar de que no corresponde con la realidad criminal, según todos los investigadores que han analizado esta cuestión:

Si la función de la prensa es traducir la realidad social, como defienden algunas escuelas de periodismo tradicional, la realidad de los medios sobre los delitos y su ocurrencia estaría muy alejada de la real presencia de éstos en nuestras sociedades

(…) A ello debe añadirse, el tratamiento dramático y sensacionalista de dicha delincuencia (titulares alarmistas, en primera plana, con apoyo gráfico)


Veamos ahora su aplicación en la criminología mediática:

(…) en el ámbito de la delincuencia los encuadres noticiosos recurrentemente utilizados se centran en la perspectiva individual del caso:

Las definiciones individuales de la delincuencia y las racionalizaciones que destacan las respuestas individuales a la delincuencia se prefieren por encima de explicaciones culturales y políticas más complejas. (…) Los medios de comunicación llevan a cabo un proceso de personalización con el fin de simplificar las historias y para darles un human interest appeal, lo cual conlleva que los sucesos sean contemplados como las acciones y reacciones de la gente. (…) La consecuencia de todo ello es que los orígenes sociales de los hechos se pierden, y se asume que la motivación individual está en el origen de toda acción‖ (Fiske).

En definitiva, los periódicos dan información sobre determinados hechos criminales, pero suministran poca o ninguna información sobre las causas profundas de las delincuencias


Y las consecuencias de su aplicación:

(…) lo relevante es que la atención excesiva a un tipo determinado de delincuencia y la narrativa simplista y emotiva que se utiliza junto con la construcción de una tipología determinada de delincuente, y la imagen de una justicia benévola e ineficaz, ha conllevado la dispersión de toda una serie de mitos que favorecen una determinada línea político-criminal. Esos mitos son fundamentalmente los siguientes:

1. Aumento constante de la delincuencia.

2. La delincuencia es fundamentalmente violenta y obra de delincuentes extremadamente peligrosos (psicópatas, bandas criminales, delincuentes profesionales…y últimamente extranjeros).

3. La justicia penal es excesivamente benévola (penas blandas, penas que no se cumplen, jueces que buscan resquicios legales‖ para absolver…)

Todos esos mitos construidos por los medios señalan una determinada dirección político-criminal basada en el aumento del rigor punitivo, pues:

- construyen una visión individual y brutal (el super-predator) de la delincuencia ante el que sólo caben medidas punitivas intensas (no hay ni rastro de enfoques sociales más profundos sobre la delincuencia y sus causas.

- contribuyen a fomentar una sociedad miedosa, alarmada por la dimensión de la delincuencia, lo cual es un buen caldo de cultivo del punitivismo

- difunden una visión de la justicia penal caracterizada por su blandura, lo que también atiza sentimientos punitivos

En definitiva, los medios construyen una imagen de la delincuencia y del sistema penal con claras repercusiones para la política-criminal de un país.



Para concluir esta larga entrada sobre la criminología mediática, nada mejor que dar la palabra a quien probablemente sea su mejor conocedor, el ya anteriormente citado E. Raúl Zaffaroni, rescatando algunos párrafos de su artículo titulado La manipulación de la criminología mediática y su poder centrado en la violencia criminal (en el contexto argentino) pero claramente aplicable a cualquier tipo de delincuencia.


Suele preguntarse si la violencia criminal existe o es una sensación. En verdad, no hay disyuntiva alguna, sino que en la realidad hay violencia criminal y también hay sensación de violencia.

Son dos hechos sociales diferentes: el primero se mide investigando las manifestaciones más crudas, que sin duda son los homicidios, conforme a las clásicas preguntas criminalísticas: qué, cómo, dónde, cuándo, quién, por qué.

El segundo se mide con encuestas y contando los minutos de TV y radio y los metros cuadrados de los diarios de mayor circulación, dedicados a la noticia roja, como también analizando el discurso de los comunicadores.

Cuando se trata de prevenir la violencia real, lo que interesa es lo primero; si se trata de trabajar sobre la sensación, lo que interesa es lo segundo.

La población en general vivencia la violencia conforme a lo que los medios le informan, porque ninguno de nosotros vivencia mucho en forma directa, sino que nos comportamos según una realidad que en su mayor parte está creada por la comunicación. No puede ser de otro modo, porque no podemos estar en Siria, en Palestina, en París, y ni siquiera en todos los barrios de nuestra ciudad. Necesariamente la comunicación crea nuestra realidad.

Pero la creación de realidad importa poder, porque determina conductas, y el poder, en síntesis, no es otra cosa que condicionar la conducta de los otros.

Sin duda que hay homicidios en nuestra sociedad, pero nadie los ve todos, sino que sabemos de ellos por la realidad creada por la comunicación, y de ella dependen nuestros temores y nuestras reacciones, en definitiva nuestro comportamiento.

En esa realidad creada puede haber más o menos homicidios que los que se producen, pueden ser presentados con mayor o menor detalle, pueden atribuirse a tales o cuales personas o grupos humanos, pueden insistirse o no en las noticias, en una palabra: siempre se crea una realidad y no sabemos a ciencia cierta en qué medida la realidad creada se acerca o se aleja de la realidad fáctica.

Por esta razón es que hay dos criminologías: una que corresponde a la realidad fáctica, y otra a la realidad creada, que es la criminología mediática.

La criminología de la realidad fáctica es la que hacemos en las universidades y se practica con las investigaciones de campo. La criminología mediática es la que hacen los medios de comunicación y, conforme a la cual, se determinan las conductas de la población.

El problema lo tenemos con los políticos que, como corresponde a la naturaleza competitiva de la política, buscan votos y, para eso, se comportan conforme a la criminología mediática. Por el contrario, prácticamente, no se invierte casi nada en la criminología de campo, no se investiga la realidad fáctica de la violencia.

Esto hace que se subestime lo que es indispensable para cualquier programa de prevención de la violencia, porque es imposible pretender prevenir lo que se desconoce: no es posible prevenir las muertes violentas cuando desconocemos las respuestas a las preguntas fundamentales: qué, cómo, dónde, cuándo, quién, por qué.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

David González (D.G. o @davidutti) el sensacional(ista) periodista policial de El Correo Álava.

 

La Policía no solo tiene agentes infiltrados que trabajan para ellos en los movimientos sociales y políticos: también tienen gente que trabaja para ellos "infiltrada" en los medios de comunicación. En este caso, no para obtener información, sino para difundirla, para propagar las versiones policiales sobre determinadas cosas (que muchas veces tienen que ver también, a su vez, con las acciones de colectivos sociales o de movimientos que trabajan para transformar la sociedad). 

(Los "infiltrados" de la Policía en los medios de comunicación; Manu Levin, Público, 01-01-2023)


Con esta entrada abrimos una pestaña nueva en este blog que vamos a dedicar a desvelar el sensacionalismo y amarillismo con el que habitualmente elabora sus artículos el más claro ejemplo alavés de eso que Manu Levin califica como “infiltrado” de la Policía en los medios de comunicación. Sabemos que, en mayor o menor medida, son muchos los medios, tanto locales como autonómicos o estatales que cuentan con este tipo de periodistas, y creemos que va siendo hora de desvelar sus maniobras, no tanto (que también) por el daño que puedan causar directamente a los colectivos o movimientos que cuestionan el sistema, sino porque, al menos en el caso de David González (que suele firmar como D.G.; o en redes como @davidutti) llevamos más de una década padeciendo su inquina contra determinados colectivos, de los más castigados social y/o económicamente, ya sea por su origen, por su etnia, o por prácticas (como la ocupación) a la que se ven abogadas estas personas para conseguir un techo o simplemente sobrevivir.


Pero no solo eso. Lo peor es que D.G. con el enfoque y tratamiento que da a sus artículos (que, como analizaremos con detenimiento en posteriores entradas de este apartado, conculca con ello numerosos aspectos del Código Deontólogico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España) genera miedos sociales, animadversiones, rechazos y predisposiciones punitivas, xenófobas y aporofóbicas (rechazo a las personas pobres o desfavorecidas) que envenenan la convivencia, denigran, cosifican y demonizan a personas y colectivos, siendo el germen y sustento de actitudes e iniciativas de tintes fascistas. En esta primera entrada ofreceremos un primer ejemplo concreto de esa pésima praxis periodística, en esta ocasión relacionada con la no veracidad de los datos sobre la “creciente delincuencia” en Gasteiz en el primer trimestre de 2025.


Por supuesto que para ello cuenta con el aval y el respaldo tanto de su medio de comunicación (el de mayores ventas en Araba) como de sus habituales fuentes policiales. De su medio de comunicación porque, al menos en el apartado de la información policial y de tribunales (de la que se encarga D.G.), parece optar por algunos de los objetivos que habitualmente se le señalan al sensacionalismo:


Los objetivos del sensacionalismo son espurios para el periodismo: la obtención a toda costa de mayor repercusión (audiencia o tirada), y por tanto mayores beneficios económicos, o la manipulación de la opinión pública (con un determinado propósito: empresarial, político, social o ideológico).


Y cuenta con el apoyo y respaldo de sus habituales fuentes policiales (y las organizaciones sindicales policiales), porque lo que a menudo realiza D.G. es dramatizar de forma novelesca las notas de prensa policiales (y su sesgo informativo), haciéndolas más atractivas a un público atraído por la espectacularidad o morbo de sus titulares y subtitulares. El sensacionalismo de D.G provoca así que la lectura de la notica dramatizada genere miedo y temor entre quienes le leen y, lo que les lleva a asumir la conclusión inducida en la deformada noticia: hace falta más policía, más vigilancia y control de cámaras y mayor severidad penal, más mano dura… es decir, las reclamaciones habituales de buena parte de los sindicatos policiales.


Además, sobre el uso y abuso de las fuentes policiales hay que tener en cuenta lo que señalan, por ejemplo, autoras como Ainhoa Novo, Simón Peña, Leyre Eguskiza, Eva Jiménez y Lucía Martínezi:


el uso recurrente de estas fuentes no resulta inocuo (Bullock & Cubert, 2002; Gillespie et al., 2013). Así, Meyer (1997) señala que los medios de comunicación las ven como una vía neutral y objetiva a través de la cual narrar la noticia, pero cuestiona su neutralidad. Esta autora sostiene que el posicionamiento sin valoraciones de la perspectiva policial puede resultar engañoso en la medida en la que, desde dicho punto de vista, el crimen se basa en una interacción entre el victimario y la víctima, en la que esta se ve implicada en la explicación de los hechos, lo que deja fuera la visión social y global del problema social (Meyer, 1997). También Bullock (2007) considera que la utilización de fuentes oficiales como la policía, los juzgados o personas de la judicatura ofrecen una creencia objetiva a la narración, a pesar de que estas fuentes tienen una posición patriarcal y no feminista

(…) Por último, la utilización de las fuentes policiales y judiciales para la cons-trucción de la noticia puede influir en el tipo de narración que contribuyen a desarrollar, unos “marcos policiales” (Bullock & Cubert, 2002) en los que se priorizan “solo los hechos”, sin elementos que permitan contextualizarlos ni describir su dimensión social (Cullen et al., 2019). Tal y como resumen Morgan y Simons (2018), las críticas al uso recurrente de las fuentes policiales se basan en la presentación de los hechos como fe-nómenos aislados, para los que la respuesta más adecuada es la ley y el orden sin apelar a la sociedad en su conjunto, lo que promueve su invisibilización


Así las cosas, habrá quien se pregunte si señalar directamente a D.G. no será sino arremeter sólo contra el mensajero. Creemos que no. Informar de las cuestiones relacionadas con la actividad policial o de tribunales, que es en lo que se suele centrar D.G. (él se define en su medio como especializado en asuntos judiciales y policiales) es algo que no pretendemos que se esconda (aunque muchas veces echemos en falta tanto el preguntarse por las causas, como la falta de información e investigación sobre los llamados delitos de cuello blanco, los más gravosos para nuestras sociedades). El problema no es informar, sino la deformación sensacionalista de esa información, y de eso sí que el protagonista y responsable es David González.


Por eso no es esta la primera denuncia pública sobre su mala praxis periodística. Hace ya algunos años colaboramos en la elaboración de un documento titulado El denunciable papel de algunos medios en la creación y difusión de falsedades. O el ejemplo del bulo de ‘los Pitxis al Casco’ por el ¿periodista? David González; y en los últimos tiempos se ha denunciado tanto su papel en la criminalización de las personas perceptoras de la RGI, como su animalización y deshumanización de colectivos vulnerables (en una denuncia pública recogida incluso en la web de Kazetariak, la Asociación Vasca de periodistas – Colegio Vasco de periodistas). Y es que, como señalan desde la Univeritat Pompeu Miguel Gómez, Sergi Cortiñas y José Luis Pérez en un texto titulado Sobrerrepresentación e infrarrepresentación del crimen en los medios de comunicación. Un estudio de caso en Barcelona”ii:


Por su parte, la lingüista Lezandra Grundlingh (…) En su estudio Identifying markers of sensationalism in online news reports on crime, introduce el concepto de “sensacionalismo sutil”, formado por términos o expresiones sobre el criminal, la víctima o el delito que no son necesarias para la comprensión de la noticia, “pero que igualmente fueron añadidas” para crear “ambiente”. Concluye que “aunque el sensacionalismo sutil no sea una forma de dejar de lado la objetividad, sí que puede ser visto, en algunos casos, como una técnica usada para manipular la opinión de los lectores en torno al crimen y los criminales”.

Un uso específico del lenguaje también puede dar lugar a la estigmatización por raza, origen, cultura o nivel económico. Actis y otros unen puentes entre la comunicación y la sociología para explicar la situación de los “otros”, personas inmigrantes, con una cultura diferente, que sufren de forma “rutinaria” una “criminalización” y “victimización” por parte de los medios. Los sujetos son “definidos desde la precariedad, la ilegalidad y el conflicto” como “amenazas”. Los autores añaden que los medios están dominados, en este sentido, por las lógicas del conflicto, la dramatización y la espectacularización.


No sabemos las razones que impulsan esta mala praxis periodística de D.G. Si es interesada (buscando reconocimiento o promoción profesional en su medio o en otros ámbitos, recordemos que ya ha sido responsable de prensa en la administración vasca) o meramente ideológica. Lo que sí sabemos es que, como señala Guillermo Berto en un texto titulado significativamente Según fuentes policiales. Por qué los medios publican sin filtro la información policial, y lo que resulta de ello:


Producir información policial es barato para los medios de comunicación, y les reporta grandes beneficios porque en general atrae mucha audiencia y, en forma subsidiaria, proyecta una escala de valores sobre la sociedad. Escala de valores que, lo señalo una vez más, coincide con la del medio que publica la información. Por eso la publica en espacios destacados. Cualquiera que haya observado con ligero detenimiento las páginas policiales de los diarios, los segmentos cada vez más amplios dedicados al tema en los noticieros de televisión, o los portales de los medios digitales, habrá notado con facilidad que no todos los delitos son considerados para la sección policiales, y no todos los delitos que se publican en la sección policiales tienen el mismo despliegue. Por lo general, la mayor atención la acaparan los homicidios. Pero tampoco cualquier homicidio. ¿Por qué algunos insumen horas de transmisión o grandes despliegues gráficos, llegan a las portadas de diarios y noticieros, y otros son prácticamente ignorados? Esto se debe a que una de las tareas esenciales de las secciones policiales de los medios es la construcción de un otro. Un otro al cual temer. Un otro del cual cuidarnos.

(…) No sabemos nada sobre criminalidad y difundimos la información que nos da la policía. A veces consultamos a pseudoespecialistas y citamos a los políticos que dicen que esto se soluciona llenando los barrios de patrulleros y endureciendo las penas. Y partimos de diagnósticos superficiales. Y cometemos errores graves. Así, se llena un barrio de patrulleros, se destruye el tejido de relaciones, se desatan enfrentamientos que antes no existían.


A lo que en el caso concreto de D.G. hay que añadir que al leer, en el ya citado artículo publicado en Kazetariak, que estos son “tiempos en los que los discursos de la ultraderecha ganan terreno precisamente criminalizando a las personas migradas y refugiadas”, no hemos podido sino recordar que hace unos pocos meses David González (davidutti para esa ocasión) fue el entrevistado único en un programa de casi dos horas llevado a cabo por uno de los principales canales informativos de eso que llaman la fachosfera, Terra Ignota, del que D.G. (quien no acudió mandado por su medio, sino por voluntad propia) se despedía con estas palabras: “Muchas gracias a vosotros sois unos craks, me lo he pasado superbien, y gracias por eso, por invitarme”.


Por eso es tan necesario desvelar el proceder de esta mezcla de periodistas sensacionalistas, “infiltrados” policiales y/o difusores de discursos xenófobos, aporófobos, clasistas y generadores de miedo social, que se refugian en los principales medios de comunicación, especialmente en los de ámbito local, porque son un verdadero cáncer para la salud social y la convivencia. Por eso os animamos a que cada quien en su lugar y con sus posibilidades intente desvelar al periodista sensacional(ista) “infiltrado” policial que padezca. En este blog, en este apartado, lo haremos con David González, y cualquier información al respecto que nos queráis hacer llegar (publicable o no) será más que bienvenida.



Primer ejemplo concreto de la pésima praxis periodística de D.G.


La mejor forma de conocer con detalle el denunciable proceder del sensacionalista periodista policial David González es ver casos concretos. Fijémonos en este primer ejemplo en uno de esos titulares impactantes tan del gusto del autor, publicado hace unos meses, con una gran repercusión en la ciudad. El pasado 28 de mayo, (en una noticia a la que, en su versión digital, posteriormente le han cambiado el titular, que inicialmente era el que vamos a ver ahora, como consta en el link que se generó inicialmente, y que no ha variado) con un amplísimo despliegue de varias páginas, David González “informaba” de que:


Vitoria ya soporta 53 delitos al día, la mayor cifra desde que existen registros

El aumento de los hurtos y los robos dispara la estadística de la Ertzaintza y la Policía Local en el primer trimestre de este 2025

Un acuchillado por semana. Un robo con violencia al día. Un hurto cada 100 minutos. La delincuencia alcanza cotas nunca vistas en Vitoria. Al menos en términos numéricos. Según las estadísticas oficiales de la Ertzaintzay la Policía Local, el primer trimestre de este 2025 arrojó un promedio de 53,3 infracciones penales cada jornada. Un ritmo desconcertante para la Green Capital, otrora ejemplo de civismo, paz y seguridad.


Incluyendo además el siguiente despiece para resaltar los datos:


  • 53,3 al día 53,3 infracciones penales padeció Vitoria a diario durante el primer trimestre de este 2025, según las estadísticas de la Ertzaintza y la Policía Local. Supone un incremento del 8,9% respecto al mismo periodo del año pasado. En 2022, el promedio fue de 43,4. En 2019, 41,7. En 2010, 39,8. En 2007, 30.

  • 45% más de hurtos Los hurtos, esa delincuencia de perfil bajo pero preocupante para las víctimas, se ha disparado. De 904 denuncias diarias a 1.317. Ya se registran 14 atestados cada jornada sólo en la capital de Álava.

  • 29% más de robos Es el porcentaje de incremento de los robos con violencia o intimidación. La estadística refleja uno al día, un promedio «muy preocupante» según fuentes policiales.

  • Violencia de género Pequeño descenso de las mujeres víctimas de ataques a manos de sus parejas o exparejas. De los 241 casos del año pasado se ha rebajado a 235 infracciones penales conocidas. Un 2,4% menos.


A lo que añadía su habitual aportación de fuentes policiales y judiciales:


«Es innegable que tenemos un problema. Negarlo es hacerse trampas al solitario», coinciden ertzainas y agentes locales encargados de patrullar por las calles del municipio. 4.804 infracciones penales registraron entre las comisarías de Portal de Foronda, Aguirrelanda y, en menor medida, José Erbina.

(…) Medios judiciales secundan esa llamada de atención. «Claramente tenemos más asuntos. Se nota muchísimo el incremento de la delincuencia», deslizan desde los juzgados de Instrucción de la Avenida de Gasteiz. Estas salas se encargan de lidiar con los detenidos y las denuncias diarias. Son la primera trinchera de la Justicia. Y algunos se encuentran «al borde del colapso» por este incremento de los delitos. En la actualidad registran 17 asuntos al día. «Hace un año eran 15», insisten estas fuentes.

Un vistazo a la estadística policial oficial descubre que han crecido los robos con violencia y los robos con fuerza. «Ambos generan mucha alarma social», reconocen agentes y personal judicial. «Aparte de que están empezando a darse a plena luz del día».


Por supuesto, tratándose de D.G., no puede faltar la dosis de dramatismo tremendista:


Idéntica tendencia dibujan los hurtos, considerados delincuencia menor pero que tienen carcomida la moral a muchas empleados de supermercados y de tiendas. «Rogamos a los políticos del gobierno local que se acerquen cualquier tarde para que vean por sus propios ojos cómo se llevan nuestros productos», comparte la dependienta de una conocida superficie comercial del barrio de Coronación.


Insiste posteriormente en la gravedad del problema, denunciando de paso el silencio institucional:


Las 53,3 infracciones penales al día representan una cifra desconocida por estos lares. Pero no hacen sino remarcar una tendencia alcista de la delincuencia en el término municipal.

(…) Peor que en Bilbao y San Sebastián

Las cifras sorprenden todavía más al cotejarlas con las ciudades vecinas y del conjunto de España.

Según el Balance Trimestral de Criminalidad, elaborado por el Ministerio del Interior y único baremo en el conjunto del país, en Bilbao, la criminalidad descendió diez puntos y en San Sebastián se incrementó en un 5% durante estos tres primeros meses de 2025.

(…) Por el momento, las instituciones prefieren callar ante este fenómeno. Ni el Departamento vasco de Seguridad, a cargo de Bingen Zupiria (PNV), ni su homólogo en el Ayuntamiento de Vitoria, el también jeltzale César Fernández de Landa, han querido opinar sobre estos datos oficiales ofrecidos por los cuerpos de seguridad que lideran, la Ertzaintza y la Policía Local respectivamente.


Eso sí, el “infiltrado” policial, en el sentido que ya hemos comentado al principio, termina cumpliendo parte importante de su función, dar voz a los sindicatos policiales para que se explayen en sus denuncias, reivindicaciones y análisis tremendistas:


«Necesitamos un estudio y una reflexión del porqué de este aumento exponencial. Y desde luego la necesidad de más agentes, tanto de la Ertzaintza como de la Policía Local, para labores de seguridad ciudadana y de investigación», dice Erne, la central mayoritaria en el sector y que hace años que denuncia «la falta» de efectivos. En este sentido, tanto la administración autonómica como la local proyectan varias OPEs a medio plazo. Mientras llegan, al menos en Vitoria, el Gabinete de Maider Etxebarria trata de parchear el temporal con interinos y vigilantes privados para los eventos y la seguridad de edificios públicos. Hoy miércoles, por cierto, se espera un acuerdo con las bases de la Policía Local.

«No recetas del pasado»

Desde Esan sostienen que «las riñas tumultuarias y la posesión de armas blancas asociadas a estas peleas han dejado de ser incidentes aislados para convertirse en síntomas de un fenómeno más profundo: la consolidación de bandas organizadas, cada vez más violentas». En este punto matizan que «la seguridad ciudadana no puede seguir siendo gestionada con recetas del pasado».

Euspel agrega que «cada vez se reduce más la capacidad de la Policía, se nos limita y cuestiona por todo, hemos perdido el principio de autoridad, se reduce la plantilla, los medios y el presupuesto...». Sipe incide en que «faltan agentes y sobran excusas porque estamos ante una situación límite que requiere medidas urgentes y no propaganda».

Y Comisiones Obreras cierra que «resulta preocupante que, habitualmente, los responsables políticos y policiales, tratando de encubrir una nefasta gestión, se dediquen a hablar de hechos aislados».


Todo ello conduce a que días después el Ayuntamiento, ante la “preocupación social” el departamento de Seguridad del Ayuntamiento, plantee una hoja de ruta con 12 acciones estratégicas,


Vitoria-Gasteiz reforzará su seguridad con más patrullajes, vigilancias especiales y programas preventivos 

El departamento de Seguridad plantea una hoja de ruta con 12 acciones estratégicas para hacer frente a los delitos que mayor preocupación social están generando


Entre las que figuran mayor presencia policial, controles en puntos estratégicos, vigilancias especiales en espacios sensibles, aumento de la videovigilancia o reforzamiento de la presencia policial en fiestas de barrios o zonas de ocio nocturno. Dado el poco tiempo transcurrido entre ambas cuestiones (publicación de la noticia de D.G. y anuncio municipal de las medidas), menos de dos semanas, nos quedamos con la duda de si es consecuencia de aquello, o si el despliegue de D.G. en realidad tuviera como objetivo preparar el camino a las propuestas municipales.


Claro que, habrá mucha gente que piense que es lógico, porque leída la noticia de D.G., aunque solo sea el titular y el despiece (lo más habitual entre el público lector) la verdad es que no deja indiferente, y que, como dicen sus fuentes policiales, parece que realmente en Gasteiz tenemos un problema con la delincuencia, algo de lo que podemos ser conscientes gracias al trabajo de D.G. Pero ese trabajo, la lectura de la realidad a la que nos conduce, y las medidas policiales que se plantean como consecuencia para hacerle frente, tienen un pequeño gran problema: los datos que aportan no son verdad, son falsos. Parece increíble ¿verdad?, pero como vamos a demostrar ahora, es así.


Como hemos podido leer en la “información” de D.G., nos habla de 4.804 infracciones penales durante el primer trimestre de 2025 (que al dividirla por los 90 días del trimestre nos da la cifra mágica de D.G. de 53,3, y nos cita como fuente los datos que aportan la Ertzaintza y la Policía Local que recoge el Balance Trimestral de Criminalidad, elaborado por el Ministerio del Interior. Pues bien, para empezar, diremos que ese Balance Trimestral de Criminalidad no recoge solo los datos de las Infracciones Penales recogidos por Ertzaintza y Policía Local, sino que, como recoge el propio documento, también incluye los datos de la Policía Nacional y la Guardia Civil:


Este Balance de Criminalidad corresponde al primer trimestre del año 2025 y recoge la evolución de la criminalidad registrada en España durante los tres meses del año por la Policía Nacional, Guardia Civil, Ertzaintza, Mossos d'Esquadra, Policía Foral de Navarra, y también por aquellos Cuerpos de Policía Local que facilitan datos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado


Acudiendo a la página 474 de ese documento, encontramos los datos relativos a Vitoria-Gasteiz, donde podemos comprobar que las Infracciones Penales (delitos) registrados en nuestra ciudad en el primer trimestre de 2025 no son los 4.804 que nos cuenta D.G., sino bastantes menos, 3.478 (es decir, 1.330 menos, un 27,6% inferior al dato de D.G.) y, consecuentemente, los delitos por día en Gasteiz en ese primer trimestre de 2025, no han sido 53,3, sino 38,6. Lo mismo sucede con el resto de datos que aporta D.G. con respecto al número de hurtos o robos con violencia al día, tampoco son ciertos. También son falsos.


Y no, no es que los conceptos o las fuentes sean distintos, porque hay una prueba evidente de ello. Ese mismo 28 de mayo, el propio D.G. publica otro artículo, esta vez centrado en los datos de toda la provincia de Araba, en los que no solo vuelve a aparecer como fuente el Balance Trimestral de Criminalidad del Ministerio del Interior, sino que, esta vez sí, los datos del Balance (página 473) y los del artículo de D.G., coinciden completamente:


Álava, la provincia española donde más se incrementa la delincuencia

Los delitos aumentan un 12,9% durante el primer trimestre de este 2025

Miércoles, 28 de mayo 2025, 13:04 | Actualizado 13:29h.

Triste récord. Álava encabeza el ránking de subida de delincuencia según el último Balance Trimestral de Criminalidad, elaborado por el Ministerio del Interior. Entre el 1 de enero y el 31 de marzo, las infracciones penales conocidas se dispararon un 12,9%. Es la primera vez en la historia de este informe oficial en que nuestra provincia lo lidera.

Este aumento de la inseguridad sin parangón en el resto del país se sustenta sobre todo en los preocupantes incrementos de los hurtos (de 849 a 1.234 denuncias, una subida del 45%), los robos con violencia e intimidación (de 31 a 53, 71%), los robos con fuerza en domicilios, establecimientos y otras instalaciones (de 124 a 185, 49%) o el resto de la criminalidad convencional (de 1.444 a 1.508, 4,4%).


¿Por qué entonces los datos falsos de D.G. con respecto a Gasteiz? Esa es una pregunta que tendrá que responder él. Lo que sí sabemos es que en días posteriores estuvo repitiendo y utilizando esos datos falsos, tanto, por ejemplo, en la entrevista que le realiza el 1 de junio al presidente de la Audiencia Provincial de Álava, como el día 9 de junio cuando D.G. hace la crónica sobre las nuevas medidas policiales que va a tomar el Ayuntamiento de Gasteiz. ¿Era un error y no lo sabía, por eso posteriormente lo advirtieron y variaron la versión digital de la noticia, aunque sin eliminar los datos falsos? Podría ser, pero sería llamativo que ninguna de sus fidedignas fuentes policiales y judiciales que tanto opinan sobre los llamativos datos se hubiera percatado de su falsedad, y que D.G. y su medio se hubieran limitado a variar el titular.


Más aún, de ser un error, sería incalificable y bochornoso que el propio D.G. y su medio no hayan hecho un despliegue importante dando a conocer la falsedad de los datos y, por lo tanto, lo erróneo de las lecturas e interpretaciones que los acompañaban. ¿O realmente lo que perseguían D.G., las fuentes policiales que según él le suministran los datos y/o su propio medio de comunicación eran crear esa alarma social que provocaban los datos? De nuevo, la respuesta solo la tienen ellos, pero el resultado cierto ha sido ese: aumento del temor ciudadano a la delincuencia en la ciudad, así como las nuevas medidas de control policial instauradas en días posteriores por el Ayuntamiento de Gasteiz.


Para ello, también han sido de mucha utilidad el replicar del dato que han llevado a cabo medios como La Gaceta o Nortexpres, o partidos políticos como el PP. Todo ello, lo podría haber evitado D.G. si recurriera a herramientas con las que cuenta el periodismo, como es el caso, por ejemplo, de EpData (la plataforma creada por Europa Press para facilitar el uso de datos públicos por parte de las personas periodistas, con el objetivo tanto de enriquecer las noticias con gráficos y análisis de contexto como de contrastar las cifras ofrecidas por las diversas fuentes), en donde podría haber comprobado la veracidad de los datos, encontrándose que, como era de esperar, EpData facilita los mismos que Interior y no los falsos datos que publica D.G. Pero, como vamos a comprobar también en el siguiente y último apartado, la buena praxis periodística no parece ser algo que preocupe mucho a David González.



El otro gran error en la praxis periodística del artículo de D.G.


Si incalificable (y bastante definitorio del personaje) es lo hasta ahora narrado, no queremos que el escándalo que nos provoca nos impida distinguir otro grave error en el mencionado artículo de D.G., relacionado directamente con la mala praxis periodística, y habitual también en la mayor parte de sus artículos: primar el sensacionalismo, por vía de la exageración, distorsionando la realidad, al tiempo que omite el análisis del contexto de las noticias, lo que en definitiva desinforma. En palabras del Observatorio Regional de Medios de Información y Comunicación (el colombiano ORMIC):


El sensacionalismo de la información es una técnica o estilo que expresa e interpreta la realidad con el fin de producir impresión, emoción y sensación en la población. Este es aplicable a todos los medios de comunicación y se caracteriza por la tendencia a exagerar y dramatizar la información narrada, lo que conlleva a una distorsión de la realidad. Este estilo difunde, en su mayoría, información polémica, en la que se resalta la violencia, las catástrofes, los crímenes, los asesinatos, los secuestros, los robos, y se banalizan otros aspectos de la vida social. Esto con el objetivo de llamar la atención, creando una idea que se aleja de la realidad y desinforma a la comunidad.


Es básicamente lo que hemos visto que realiza D.G. en esta noticia. Pero nos falta por ver lo que, desde una buena praxis periodística, debería hacer y no hace: dar contexto a los datos e intentar (por sí o por personas entendidas en la materia) buscar lecturas sociales y explicaciones a los mismos, más allá del manido argumentario policial. Y en esta noticia se hace indispensable.


Porque a pesar de la falsedad de los datos de D.G., los datos ciertos del Balance Trimestral de Criminalidad sí que recogen una realidad que no hay que ocultar: las Infracciones Penales registradas en Gasteiz en el primer trimestre de 2025 aumentaron con respecto a 2024 en un considerable 13,9% (de 3.053 a las ya comentadas 3.478), mientras que en el mismo periodo en Donosti se incrementaron solo en un 2%, y en Bilbo incluso se redujeron en 5,8% (aunque Gasteiz sigue siendo la capital vasca con menor tasa de infracciones penales por 1.000 habitantes).


Ante ello, una persona profesional del periodismo con buena praxis periodística, no se limitaría como D.G. a reproducir las habituales alternativas policiales pidiendo más policía, e intentaría preguntarse los motivos o causas de ese llamativo incremento. En este caso es más sencillo de lo que parece, basta con preguntarse qué novedades ha habido durante el primer trimestre de 2025 en Gasteiz con relación a estas cuestiones y enseguida aparecen dos con el suficiente peso específico como para explicar ese incremento. Primera, que durante todo ese primer trimestre (y algunos posteriores) la Policía Local de Gasteiz llevó a cabo una huelga de celo, lo que, como se ha publicado:


En el caso de la Policía Local, esta protesta puede traducirse en un incremento significativo de controles y sanciones. Los agentes denuncian todas las infracciones que observan, sin aplicar la tolerancia que normalmente permite resolver casos menores con una advertencia


Pero hay una segunda cuestión, también relativa a ese periodo y también relacionada solo con Gasteiz, que pensamos que probablemente haya tenido aún más influencia en ese aumento de las infracciones penales, mucho más si tenemos en cuenta que la infracción penal que se incrementó desmesuradamente en Gasteiz fueron los hurtos (pasaron de 763 a 1.119, esto es, 356 más, y recordemos que el conjunto de las infracciones penales se incrementó en 425): desde el 10 de febrero comenzó a ser posible la tramitación online de denuncias a través de la página web de la Policía Local gasteiztarra, de forma rápida y sin cita previa, siempre que sean relativas a las siguientes infracciones:


  • Hurto o pérdida de cartera con documentación y/o efectos. 

  • Hurto o pérdida de documentación y/o efectos. 

  • Robo en interior de vehículo. 

  • Hurto o robo de vehículos. 

  • Daños

  • Hurto de bicicleta, de patinete y/o de teléfono. 

  • Estafa

  • Otro tipo de hurtos.


Probablemente si D.G. hubiera ejercido de periodista con buena praxis, incluyendo este simple análisis del contexto su noticia sensacionalista habría volado por los aires, para el enfado y mosqueo de sus habituales fuentes policiales, y de los intereses del medio en el que escribe. Ejerciendo así noblemente el periodismo de información, no habría contribuido a exacerbar más el temor social inducido al delito, y sí a cimentar las relaciones sanas en la comunidad vecinal gasteiztarra. Pero eso, como seguiremos viendo en próximas entradas de este apartado del blog, está muy lejos de ser la forma de proceder de David González (D.G. o @davidutti) el sensacional(ista) periodista policial de El Correo Álava. Y por eso hay que denunciarlo. En ello seguiremos y a ello os animamos.


i Novo Arbona, Ainhoa; Peña Fernández, Simón; Eguskiza Sesumaga, Leyre; Jiménez Martín, Eva & Martínez Odriozola, Lucía. 2021. “¿Vecinas, policías o expertas? Las fuentes informativas en las noticias sobre feminicidios”. Quaderns de Filologia: Estudis Lingüístics XXVI: 193-211

ii Gómez, Miguel; Cortiñas, Sergi; Pérez, José Luis: “Sobrerrepresentación e infrarrepresentación del crimen en los medios de comunicación. Un estudio de caso en Barcelona”. Polít. Crim. Vol. 18 Nº 36 (Diciembre 2023), Art. 12, pp. 838-872 https://politcrim.com/wp-content/uploads/2023/12/Vol18N36A12.pdf

 

 

 

 

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