En las entradas que estamos dedicando a analizar las malas artes del “periodista” policial de El Correo en Araba (y que podéis encontrar en la pestaña que bajo la cabecera le hemos abierto a la temática), hoy, antes de analizar lo relativo a la cifras y cuentas erróneas que está dando de la delincuencia en Gasteiz y Araba en 2025, vamos a centrarnos más en los cuentos (según definición de la wikipedia) que nos cuenta habitualmente.
Pero, para distinguir los trucos y maniobras que utiliza D.G. con objeto de presentarnos con apariencia de realidad lo que realmente es de otra forma, lo mejor será que tomemos un par de ejemplos representativos de lo que suele ser su forma de ¿periodismo?.
El sensacionalismo que asusta, vende y condena
Para analizar estas cuestiones, puede servirnos perfectamente el artículo que publicó el 7 de diciembre pasado con el peliculero título de En las moradas de los multirreincidentes de Vitoria. Título acompañado de una no menos peliculera (de serie Z, más que de serie B) entradilla: «Buena parte» de los ladrones más activos de la capital alavesa reside en lonjas y fábricas okupadas. EL CORREO visita sus refugios, donde guardan la mercancía robada. Titular y entradilla denotan ya la calidad de la “información” que nos vamos a encontrar.
Pero este tipo de noticias novelescas tiene su público, un perfil de personas lectoras enganchadas al sensacionalismo de D.G. y que hacen que casi a diario los cuentos que cuenta D.G. con apariencia de noticias, sean los más vistos y comentados en la versión web. Y de eso se trata el negocio, de que haya un personal fijo (si puede ser en número creciente) que cliquee, para lo que el mejor camino es engancharlos, y pocas vías más adictivas que el miedo y la falta de seguridad. Esta adicción por las noticias que causan miedo o temor es de tal calibre que tiene hasta nombre propio Doomscrolling, que se describe como “un hábito compulsivo de leer o ver noticias negativas que absorbe tiempo, energía y serenidad”. Ese es el terreno que abona D.G., a quien poco le importa la angustia que genera en quienes le leen, ni menos aún las represalias que suponen sus cuentos para quienes elige como carne de cañón en forma de protagonistas de sus peliculeros textos.
Una de las prácticas habituales de D.G, es la de intentar asociar a toda costa la denominada “delincuencia habitual” con las personas que se ven obligadas a (mal)vivir en lonjas o locales ocupados. Por eso afirma que “Buena parte» de los ladrones más activos de la capital alavesa reside en lonjas y fábricas okupadas”, cuando ello es absolutamente falso, porque lo que D.G. esconde para que no se le estropee su relato, es que se desconoce dónde viven la inmensa mayoría de quienes han cometido delitos, Eso al menos es lo que dicen los propios datos de la Ertzaintza.
Así, siendo 17.183 las infracciones penales conocidas por la Ertzaintza en Araba en 2025, durante es mismo tiempo las personas investigadas por infracciones penales han sido 4.870, y las detenciones 1.233. Y eso que, como indica la misma Ertzaintza “ Los datos se refieren a detenciones e investigaciones donde se contabilizan todas las veces en las que una persona ha sido detenida/investigada”. Esto significa que no se sabe quién ha cometido casi dos de cada tres delitos, y, en consecuencia, no se sabe dónde viven. Es más, sí podemos decir que la inmensa mayoría de esas personas delincuentes desconocidas no viven en lonjas o fábricas ocupadas, pues las personas que en ellas viven (sean culpables o no) sí que están sometidas a detenciones e investigaciones continuas. Porque sucede que, para dar imagen de eficacia policial en base a datos de detenciones e investigaciones, y, de paso, alimentar la imagen de malditismo de quienes (mal)viven en lonjas y fábricas abandonadas, lo más recurrido (y frecuente) es mandar patrullas a inspeccionar lonjas ocupadas, pues siempre encontrarán algo de lo que sus habitantes no puedan demostrar ser propietarios. Aunque sea chatarra. Es como si para analizar el perfil de las personas consumidoras de cocaína se acudiera solo a los parlamentos; tal y como se ha publicado, el consumo de cocaína es habitual en parlamentos como el inglés, el español o el italiano, con lo que probablemente siempre se encontraría a alguien que consuma cocaína, pero deducir que el parlamento es el único lugar o el más habitual de consumo de cocaína, es una deformación evidente de la realidad.





