El anarquismo en su laberinto
En los últimos tiempos se ha desarrollado un áspero intercambio de posiciones entre dos tendencias que, a pesar de mostrarse como mutuamente incompatibles, se adscriben ambas al ámbito ideológico del anarquismo. El detonante de la desabrida polémica fue la publicación en 2024 del libro del teórico e histórico militante libertario Tomás Ibáñez titulado Anarquismo no fundacional: Afrontando la dominación en el siglo XXI. Las iconoclastas tesis que se desarrollan en el texto recibieron la enérgica crítica de Miguel Brea, militante de la organización Liza Madrid -creada en 2023-, que se encuadra en una tendencia conocida indistintamente como “plataformismo” o “especifismo”. Ambas denominaciones remiten a la necesidad de la constitución de una organización “específica” que, como expresa su manifiesto fundacional, sea “estable, basada en la unidad política y de acción, ya que creemos firmemente que esta es la única forma de superar los obstáculos y de cambiar la relación de fuerzas”. Los términos de la polémica no destacaron precisamente por su fraternidad. Mientras Ibáñez tildaba, en el artículo que desató la escaramuza, las posiciones defendidas por la organización de Brea de “anarquismo de las cavernas, retrógrado y autoritario”, el título del texto de respuesta de Brea -”Anarquismo no fundacional: anarquismo funcional al capital”- no deja tampoco lugar a dudas acerca del carácter “contrarrevolucionario” que atribuye sin ambages al enfoque de Ibáñez
(El anarquismo en su laberinto. Alfredo Apilánez. Redes Libertarias, 15-07-2026)
Inicialmente teníamos la intención de abordar en esta entrada los pormenores del debate que sobre estrategias revolucionarias está teniendo lugar en el ámbito libertario/anarquista/autónomo a nivel estatal pero, tras observar el tono de algunas intervenciones y, sobre todo, el perfil de buena parte de quienes en ese debate están tomando parte, nos ha parecido que la mejor contribución a nuestra intención de ayudar/acompañar las revoluciones (eso es iraultzak lagunduz) debía centrarse en otra cuestiones relacionadas con ese debate que a menudo se dejan en un segundo lugar y que, sin embargo, consideramos básicas. Porque las formas y el perfil de quienes intervienen están condicionando ese debate, hasta el punto de que el debate se desdibuja dejando paso a un espectáculo lamentable, poco edificante y nada revolucionario.
Antes de continuar una aclaración pertinente: quien estas líneas (y este blog) escribe no forma parte de ninguna organización o corriente libertaria o anarquista, aunque me siento más cercano a esas propuestas revolucionarias que al resto, principalmente porque algunas de las personas de las que más he aprendido -compartiendo militancia antimilitarista con ellas- formaron parte del movimiento autónomo obrero vitoriano que protagonizó las luchas rebeldes del 3 de Marzo, y quienes tampoco se consideraban anarquistas. Junto con ellas y durante un tiempo (en los 90) tomé parte en reuniones de debate del movimiento autónomo vasco. Pero no conozco personalmente a ninguna de las personas de las que voy a hablar, ni de antemano les tengo ni filias ni fobias (no comparto el especifismo ni el postanarquismo, aunque me siento más lejano del primero que del segundo, de la misma manera que me siento cercano al antidesarrollismo). No obstante, si con otras propuestas revolucionarias hemos intentado contribuir con nuestro análisis crítico a las formas que cuestionan el fondo (como hemos hecho, por ejemplo, con el Movimiento Socialista), en mayor medida deberemos hacerlo con quienes sentimos más próximos. Dicho todo lo cual, es momento de comenzar a meternos en harina.
El inicio de la(s) polémica(s)
Aunque los debates descarnados no son nada extraños al movimiento libertario (probablemente porque se hacen públicos, lo que no ocurre en otras tradiciones, y porque la sinceridad sin tapujos es una de las características que lo definen), el caso que vamos a analizar tiene un contexto, temporalidad y protagonistas concretos. Hay quienes (como hemos visto en el caso de Alfredo Apilánez en los párrafos iniciales de esta entrada) ubican el inicio de la polémica en la publicación del libro de Tomás Ibáñez titulado Anarquismo no fundacional: Afrontando la dominación en el siglo XXI, pero creemos que ese dato es equivocado. Nos parece evidente que ese texto de Ibáñez, de 2024, es ya en buena medida una contestación a un hecho: la aparición pública desde 2023 de diversos colectivos y publicaciones on line que se definían como “plataformistas o especifistas” (de la que ya informamos), reabriendo un turbulento debate en el seno del movimiento anarquista que, según señalan relatores del mismo, parecía cerrado hace mucho:
(…) lo que hoy es conocido como especifismo tiene sus precedentes históricos en la llamada Plataforma de Archinov, propuesta hace justo un siglo, según la cual los males del movimiento estribaban en su falta de organización y la solución pasaba por una unión general de anarquistas con la creación de un comité central ejecutivo1. Como era de esperar, no tardó en llegar el rechazo de la inmensa mayoría de los anarquistas al considerar que se pretendía una especie de anarquismo de partido y al observar la imposibilidad de una asociación general que englobe las diferentes sensibilidades y estrategias en el mundo libertario.
Las críticas a la plataforma también negaban que ninguna organización anarquista debiera orientar a las masas y, como es lógico, echaban pestes de todo comité ejecutivo. Insistiré, hablamos de un polémica de hace cien años, sin excesivo calado, pero es cierto que el llamado plataformismo ha sido reinterpretado a lo largo de las últimas décadas y, sorprendentemente, su nuevo rostro se manifiesta bien entrado el siglo XXI.
(Capi Vidal en El especifismo, el proletariado y el anarquismo del siglo XXI: trazas de una polémica inacabable; 8 septiembre, 2026)
Fuera en parte el libro de Tomás Ibáñez una contestación a la aparición de la corriente especifista, o fuera casualidad, el caso es que parecía haber motivos para abrir un debate público entre ambas posturas. Pero, si nos atenemos a lo que cuenta un miembro de la corriente especifista, Miguel Brea, ese debate se intentó, pero Tomás Ibáñez rehusó tomar parte en él (lo que no ha sido desmentido por Ibáñez):
En la primavera de 2024 la editorial Gedisa publicó el que, hasta hoy, es el ensayo más definitorio de las posiciones políticas de Tomás Ibáñez: Anarquismo no fundacional. Por entonces, compañeros de una conocida librería y editorial del ámbito autónomo me facilitaron el libro en primicia con la intención de promover un debate con el autor. Ese debate nunca llegó a celebrarse, pues Ibáñez rehusó participar.
Tomás Ibáñez no fue al debate, pero cuando tiempo después desde la corriente especifista alguien a través del pseudónimo “Chimpancés del Futuro” publicó un artículo denominado Una crítica anarquista al posmodernismo y al pos-anarquismo, se encontró en octubre de 2025 con un artículo de respuesta de Ibáñez, titulado Anarquismos cavernícolas, retrógados y autoritarios, en el que se podían leer párrafos como estos:

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