domingo, 12 de abril de 2026

Una experiencia de proceso popular de seguridad comunitaria: A l'aguait (XEPC Manresa)

 

 

 

Si hablamos de la seguridad y la preocupación ciudadana en relación a ésta, es necesario hablar de los medios de comunicación-desde los convencionales, como la televisión o la prensa, hasta las redes sociales-. El papel de estos actores -que intervienen en los procesos de socialización necesarios para interiorizar cognitivamente cualquier realidad social y, por tanto, en la conformación de la opinión pública- es fundamental a la hora de entender cómo se genera un imaginario colectivo sobre la seguridad.

Actualmente, las dinámicas hegemónicas de un sistema mediático cada vez más controlado por grandes grupos empresariales y dependiente de la publicidad -a la que las empresas de seguridad dedican grandes cantidades económicas- incentivan la búsqueda del clic y la viralidad, recurriendo al sensacionalismo y al alarmismo como vía para conseguirla. Esto es especialmente evidente en las redes sociales, donde los medios intentan explotar unos algoritmos que dan visibilidad a los contenidos con más interacciones -y los recomiendan a aquellos usuarios que detectan que es más probable que reaccionen con ellos-, independientemente de que éstas sean positivas o negativas para la comunidad. A esto debemos sumar una simplificación y poca profundización generalizada de los temas tratados, condicionadas por la demanda de inmediatez y por la precariedad del sector periodístico.

Todo esto acaba derivando en oleadas informativas sobre temas concretos que se sabe que recibirán una reacción social relevante, sobrealimentando problemáticas - a menudo relacionadas con conceptos como el "incivismo", la "delincuencia" o el paradigmático caso del "empleo"- o incluso generándolas, y dando visibilidad a conflictos sólo cuando éstos estallan, simplificándolos, sin explicar cómo se forman ni intentando entender las diversas partes implicadas.

De esta forma, a menudo se fomenta la creación de un "nosotros" y de un "ellos"-por ejemplo, en el caso de las personas migradas y/o racializadas-, facilitando los discursos de odio y legitimando la represión institucional y social contra los elementos de la sociedad considerados peligrosos.

(Traducción automática del capítulo 7 -Responsabilidad Mediática- del documento de A l’aguait “Un programa real para la seguridad”)





En este blog ya hemos recogido varias veces las tan interesantes como increíbles labores comunitarias que desarrolla la Xarxa d'Estructures Populars i Comunitàries -XEPC, de Manresa., La primera en un ya lejano noviembre de 2022, y otra segunda, en agosto de 2024, recogiendo la entrevista que les habían realizado en La Linterna de Diógenes. Pero también, al comentar experiencias sobre propuestas de abolición policial, hemos citado de pasada otra de sus encantadoras locuras, A l’aguait, iniciativa sobre la que hoy queremos sugeriros detenernos a observarla más despacio, utilizando para ello algunas de sus textos y publicaciones, que no solo hablan de sus ideas, sino también de sus experiencias concretas, ofreciendo con ambas herramientas valiosísimas para el conjunto de los movimientos populares.


Es verdad que la XEPC ya había publicado anteriormente textos o trabajos sobre la cuestión de seguridad (por ejemplo, en 2022 publicaron Miradas alternativas sobre seguridad), pero, aunque A l’aguait se presentó públicamente a principios de 2023, según explica en este video una de las personas de la iniciativa, la idea venía de bastante antes:


En los veranos de 2018 y 2019 tuvimos que estar parando lo que iban a hacer brotes racistas y linchamientos contra chavales migrantes porque estaban llegando muchos chavales migrantes a la ciudad. Y, entonces, por una parte empezamos a pensar en cómo intervenir en situaciones que se estaban generando, y parar un poco esos brotes. Entonces se dan unos primeros procesos de mediación que, por ejemplo, en el caso de pandemia son exitosos porque un poco el Estado o las instituciones se retiran de las calles, entonces dejan lugar a otro tipo de procesos, y en ese sentido, pues, se genera una mediación entre unos chavales migrantes que estaban ocupando un piso, y que realmente estaban generando algunos problemas, y los vecinos que querían lincharles. Entonces se intervino ahí, y fue un proceso bastante exitoso, en el que tanto los chavales como los vecinos acabaron en la red de apoyo mutuo del barrio. A partir de ahí, y de algunos procesos más en los que había mediado la PAHC (Plataforma de Afectadxs por la Hipoteca y el Capitalismo) con temas de ocupación y tal, pues vimos que realmente podíamos responsabilizarnos de algunos conflictos y podíamos parar reacciones racistas. Entonces se hace la apuesta como XEPC, primero por generar una red de mediación a nivel de ciudad, de mediación comunitaria, porque había una mediadora comunitaria en la ciudad, y muchos más policías, obviamente. Entonces, a partir de ahí se va trabajando la cuestión de la seguridad. Hacemos jornadas para formarnos en alternativas a la seguridad, para formarnos en policía y etc. etc., y se publica un libreto con nuestras primeras conclusiones, un libreto destinado a activistas

domingo, 29 de marzo de 2026

Graves síntomas en los movimientos populares, sociales y sindicales de Euskal Herria

 


Desde hace ya un tiempo venimos asistiendo a una serie de dinámicas en las relaciones entre los movimientos populares, sociales y sindicales de Euskal Herria que nos preocupan profundamente, pues creemos que ponen en riesgo su ya de por si afectada salud. Las hemos comentado con diversas personas que o bien toman parte en alguno de los espacios o lugares de encuentro de estos movimientos, o bien simplemente comparten iniciativas conjuntas puntuales, y en la mayoría de los casos nos han dado la razón, pero comentando algo así como que este tipo de dinámicas y relaciones viciadas “responde a los nuevos tiempos”, a la vez que parecía restársele importancia al hecho.


Desde nuestro punto de vista, por el contrario, el problema es de tal gravedad que, de terminar aceptándose sin cuestionarse, con toda probabilidad causará estragos en algunas de las principales señas de identidad de los movimientos populares y sociales, condenándoles más temprano que tarde a su desaparición, o a convertirse en meras figuras decorativas o despojos apenas reconocibles de unos movimientos muy vitales que han protagonizado (y en no pocas ocasiones imaginado e impulsado) gran parte de las transformaciones sociales en Euskal Herria de los últimos cuarenta años. Aclaremos también que no nos parece que sea una cuestión generacional. Algunas de las situaciones que vamos a comentar se han dado sí, en convocatorias de los movimientos juveniles más activos hoy en día, pero la mayoría de las que hemos vivido han sido protagonizadas por esa franja de edad (bastante alejada de la juventud) que en la actualidad predomina en buena parte de los movimientos populares y sociales que sobreviven.


Todo ello nos ha convencido de la necesidad de elevar a público esas cuestiones con intención de que se pueda debatir sobre ello. Como la crítica (y autocrítica, pues nos reconocemos parte de esos movimientos) pretendemos llevarla a cabo haciendo el menor daño posible, no vamos a señalar directamente con el dedo a nadie, pero sí vamos a comentar situaciones concretas que hemos vivido, que son las que reflejan lo que pretendemos señalar, y que pueden ser reconocibles por quienes tomaron parte en ellas. Ojalá que lo que vamos a describir sirva a modo de escáner médico, facilite el diagnóstico, y nos ponga en camino del tratamiento adecuado para acabar con esos males tan perniciosos para nuestra salud colectiva.


Por supuesto que lo que escribimos no son certezas, sino nuestro limitado análisis, vertido sin otra intención que la de animar procesos de un movimiento popular vasco del que nos sentimos parte integrante y a quien le deseamos toda la lucidez posible a la hora de abordar los debates que nos parece que tiene pendientes. Un movimiento popular cuyas características más generales se pueden definir con estas palabras que en su día utilizaba el blog Borroka Garaia da!:


El movimiento popular vasco es la respuesta que principalmente la clase trabajadora y la juventud vasca han dado a un entramado político, económico y social impuesto que no pone en manos del pueblo ni la gestión de sus recursos ni la dirección de sus vidas. Significa la organización del pueblo desde la base y de una forma verdaderamente democrática y horizontal, generalmente asamblearia, autogestionada y de acción directa entendida en su más amplia concepción.




Unidades de Acción… ¿o de imposición?


En los últimos meses, sea por la gravedad de algunas cuestiones, sea por los numerosos aniversarios históricos “redondos” que se están sucediendo, han sido habituales las convocatorias a lo que antes se denominaba “Unidad de Acción”: colectivos populares y sociales que se organizan para una actividad concreta que por su gravedad o importancia requiere de una respuesta contundente o colectiva y plural, y por eso se llama a la unidad de acción. Hasta ahora, habitualmente, esa unidad de acción partía de algún/os colectivo/s concreto/s, y tras su convocatoria, los pormenores, detalles, nuevas convocatorias y textos se debatían y aprobaban entre quienes decidían toman parte en la unidad de acción. Salvo en temáticas especialmente delicadas, lo habitual era que ante una convocatoria de unidad de acción, los colectivos, grupos y movimientos que menos tuvieran trabajada la temática de la cuestión para la que se convocaba a la unidad de acción, cedieran buena parte del protagonismo en la elaboración de contenidos a los grupos que más la solían trabajar, que, frecuentemente, eran quienes además habían hecho la convocatoria de la unidad de acción. Pero esta -vamos a llamarlo así- “delegación en la elaboración de contenidos” era algo que decidían o asumían por iniciativa propia los grupos convocados (no los convocantes), nunca un prerrequisito que impusieran los grupos convocantes.


Pues bien, en los últimos tiempos la filosofía de la Unidad de Acción parece haber cambiado drásticamente. O eso es lo que nos ha tocado vivir. Hemos podido comprobar cómo se nos llamaba a hasta tres unidades de acción en los últimos meses en las que, antes de asistir a la primera reunión para su organización, el grupo convocante (e incluso en algún caso un primer petit comité de grupos) ya se había reunido para decidir, tipo y fecha de movilización, así como contenidos y manifiesto de la misma. Incluso en uno de los casos vinieron a convocarnos a nuestro propio local, nos explicaron los pormenores de la propuesta y se acordó otra fecha para reunirnos y dar nuestra respuesta, pero antes de esa segunda fecha, la convocatoria de la actividad ya se había hecho pública, así como sus principales contenidos. Todavía nos estamos preguntando para qué nos convocaban. Aunque puede ser que, rizando el rizo, fuese para lo que experimentamos en otro de esos casos vividos últimamente: que se nos convocaba no para opinar, debatir y acordar, sino simplemente para comunicarnos lo que se iba a hacer e invitarnos a trabajar en la elaboración de pancartas y distribución y pegado de cartelería. A eso se le puede llamar de varias maneras, pero ciertamente no responde a un funcionamiento asambleario, y recuerda más a un viciado proceder que en cierta época utilizó el MLNV, y que tan dañino resultó para los movimientos populares y sociales. Por eso nuestra sorpresa y preocupación cuando vemos atisbos de repetición de esa dinámica, adoptada además por colectivos de distintas corrientes ideológicas.

domingo, 15 de marzo de 2026

Las cuentas y cuentos del periodismo policial de David González (D.G. o @davidutti). Nueva entrega

 


 

En las entradas que estamos dedicando a analizar las malas artes del “periodista” policial de El Correo en Araba (y que podéis encontrar en la pestaña que bajo la cabecera le hemos abierto a la temática), hoy, antes de analizar lo relativo a la cifras y cuentas erróneas que está dando de la delincuencia en Gasteiz y Araba en 2025, vamos a centrarnos más en los cuentos (según definición de la wikipedia) que nos cuenta habitualmente.


Pero, para distinguir los trucos y maniobras que utiliza D.G. con objeto de presentarnos con apariencia de realidad lo que realmente es de otra forma, lo mejor será que tomemos un par de ejemplos representativos de lo que suele ser su forma de ¿periodismo?.



El sensacionalismo que asusta, vende y condena


Para analizar estas cuestiones, puede servirnos perfectamente el artículo que publicó el 7 de diciembre pasado con el peliculero título de En las moradas de los multirreincidentes de Vitoria. Título acompañado de una no menos peliculera (de serie Z, más que de serie B) entradilla: «Buena parte» de los ladrones más activos de la capital alavesa reside en lonjas y fábricas okupadas. EL CORREO visita sus refugios, donde guardan la mercancía robada. Titular y entradilla denotan ya la calidad de la “información” que nos vamos a encontrar.


Pero este tipo de noticias novelescas tiene su público, un perfil de personas lectoras enganchadas al sensacionalismo de D.G. y que hacen que casi a diario los cuentos que cuenta D.G. con apariencia de noticias, sean los más vistos y comentados en la versión web. Y de eso se trata el negocio, de que haya un personal fijo (si puede ser en número creciente) que cliquee, para lo que el mejor camino es engancharlos, y pocas vías más adictivas que el miedo y la falta de seguridad. Esta adicción por las noticias que causan miedo o temor es de tal calibre que tiene hasta nombre propio Doomscrolling, que se describe como “un hábito compulsivo de leer o ver noticias negativas que absorbe tiempo, energía y serenidad”. Ese es el terreno que abona D.G., a quien poco le importa la angustia que genera en quienes le leen, ni menos aún las represalias que suponen sus cuentos para quienes elige como carne de cañón en forma de protagonistas de sus peliculeros textos.


Una de las prácticas habituales de D.G, es la de intentar asociar a toda costa la denominada “delincuencia habitual” con las personas que se ven obligadas a (mal)vivir en lonjas o locales ocupados. Por eso afirma que “Buena parte» de los ladrones más activos de la capital alavesa reside en lonjas y fábricas okupadas”, cuando ello es absolutamente falso, porque lo que D.G. esconde para que no se le estropee su relato, es que se desconoce dónde viven la inmensa mayoría de quienes han cometido delitos, Eso al menos es lo que dicen los propios datos de la Ertzaintza.


Así, siendo 17.183 las infracciones penales conocidas por la Ertzaintza en Araba en 2025, durante es mismo tiempo las personas investigadas por infracciones penales han sido 4.870, y las detenciones 1.233. Y eso que, como indica la misma Ertzaintza “ Los datos se refieren a detenciones e investigaciones donde se contabilizan todas las veces en las que una persona ha sido detenida/investigada”. Esto significa que no se sabe quién ha cometido casi dos de cada tres delitos, y, en consecuencia, no se sabe dónde viven. Es más, sí podemos decir que la inmensa mayoría de esas personas delincuentes desconocidas no viven en lonjas o fábricas ocupadas, pues las personas que en ellas viven (sean culpables o no) sí que están sometidas a detenciones e investigaciones continuas. Porque sucede que, para dar imagen de eficacia policial en base a datos de detenciones e investigaciones, y, de paso, alimentar la imagen de malditismo de quienes (mal)viven en lonjas y fábricas abandonadas, lo más recurrido (y frecuente) es mandar patrullas a inspeccionar lonjas ocupadas, pues siempre encontrarán algo de lo que sus habitantes no puedan demostrar ser propietarios. Aunque sea chatarra. Es como si para analizar el perfil de las personas consumidoras de cocaína se acudiera solo a los parlamentos; tal y como se ha publicado, el consumo de cocaína es habitual en parlamentos como el inglés, el español o el italiano, con lo que probablemente siempre se encontraría a alguien que consuma cocaína, pero deducir que el parlamento es el único lugar o el más habitual de consumo de cocaína, es una deformación evidente de la realidad.

domingo, 1 de marzo de 2026

Rojava: la revolución de las mujeres kurdas resiste!!


  

Argazkia: YPGko buruzagitza eta Garbiñe Elizegi, euskal delegazioko kidea, Euskal Herriko mugimendu feministaren ikurrarekin. Lander Arbelaitz - ARGIA CC-BY-SA




Llevábamos bastante tiempo queriendo acercaros información fidedigna de lo que está sucediendo en Rojava, pero no lo conseguíamos, hasta que, respondiendo a la llamada de las resistentes, una delegación de la Euskal Herria social se ha desplazado durante una semana allá, a llevar solidaridad y recoger testimonio directo. Entre las personas que componían la delegación (conocemos a varias de las que nos fiamos) estaba un periodista de Argia (un medio que demuestra de nuevo su capacidad de implicación con la realidad de las de abajo), Lander Arbelaitz Mitxelena, quien ha remitido desde allá 7 crónicas y varios vídeos. Todo ello está, claro, en euskera, y en ese mismo idioma os lo vamos a ofrecer a continuación. No obstante, para quien le sea imposible entenderlo, puede consultar una traducción neuronal sin corrección, pinchando aquí.


Aprovechando, nos hemos decidido a incorporar otras dos fuentes que nos puedan aportar información en adelante (no tenemos la misma seguridad de su información fidedigna, pero esperamos no equivocarnos), y que son los textos que encontraréis tras las crónicas de Lander Arbelaitz para Argia.


Se trata, por un lado, del texto elaborado por internacionalistas chinas, estadounidenses y rusas, con el título de “La revolución de Rojava en peligro: la lucha por una vida libre continúa“, publicada en CrimethInc., que, tal y como ellas se definen, son “una alianza rebelde-una red descentralizada dedicada a la acción colectiva anónima-una fuga de la prisión de nuestro tiempo. Luchamos por reinventar nuestras vidas y nuestro mundo de acuerdo a los principios de la autodeterminación y el apoyo mutuo.”


Por otro lado, como describen ellas mismas, el enlace a la “actualización diaria desde Rojava, desde el corazón de la revolución de las mujeres, donde se defiende la vida”, que llevan a cabo desde la campaña Women Defend Rojava, de quienes también os acercamos el origen y contenidos de la iniciativa.


Bueno, pues aunque con retraso sobre lo que nos hubiera gustado, esperemos que nos sean útiles estas informaciones sobre lo que realmente está sucediendo en torno a la revolución de las mujeres en Rojava. Eta Argiako lagunei, benetan zorionak eta 999 eZker izandako ekimenaz, benetan zoragarria elkartasuna helarazteko, baina baita ere guztioi informazio fidegarria helarazteko.


Gora Rojavako Emakume kurdu(eta abarren) Iraultza!!








Euskal Herriko delegazio sozial bat Rojavan sartu da

  • Siriaren menpeko kurduek nazioarteko komunitateari eginiko deiari erantzunez joan da Euskal Herriko delegazio soziala Rojavara. Bizi duten gerra giroa eta su-eten egoera hauskorra bertatik bertara ezagutu eta haren berri ematea da asmoa. ARGIA bertan da eta webgunean jarraipen berezia egingo diogu.

domingo, 15 de febrero de 2026

Urge plantar cara a la creciente militarización

 

 


 

Y lentamente la prosperidad reinó en una España de propietarios de pisos que veían subir su «riqueza» sin otro problema que endeudarse para invertir y seguir comprando mejores pisos. Y con la prosperidad el cinismo colectivo se elevó a ideología hegemónica. Uno daba por supuesto que tenía derecho a la sanidad o a las pensiones como tenia hígado y que por tanto no se debía luchar por mantenerlas, sino buscar ventajas en ellas.

La jubilación anticipada y la categoría de rentista propietario de un par de pisos fue el ideal colectivo español en el nuevo siglo. El cinismo permitía olvidarse de consolidar los derechos que en torno al salariado se habían logrado –los trabajadores de la industria optaron una y otra vez por asegurar pensiones frente al porvenir de las industrias– condenando a una parte de la juventud al precariado.

Con ello la necesidad de educar en servidumbre, de que la mili disciplinase a la población dejándola lista para obedecer al capataz, resultó superflua.

(…) El narcisismo presidió la retirada generalizada del espacio público y cada uno se buscaba la vida como antaño los bohemios y artistas. El trabajo o las relaciones sociales pertenecían al campo de lo íntimo y no se sustentaban en ninguna red social sólida. La vida, el trabajo o los amores se hicieron líquidos por falta de continuidad o firmeza. ¿Como establecer vínculos firmes en la fábrica o con una pareja si ya se sabía que la situación no iba a durar?

Frente a la educación sentimental en disciplinas que la mili caricaturizaba, el «gozad malditos, gozad» fue el mandato social postmoderno

(…) En todo ese imaginario social satisfecho o excluido del gozo mercantil, en nadie resonaba la historia insumisa: formaba parte de la prehistoria paterna, de los rollos democráticos que se archivaron como falsas promesas y estafas generacionales. Insumisión era un término que pertenecían a las guerras de papá y cada joven postmoderno sentía que «yo no tengo nada que ver con ellas; yo, como los practicantes del surf, debo tratar de flotar por el mercado a la búsqueda de la buena ola que me lleve a un trabajo y una casa segura».

(Guillermo Rendueles, en Diario de un insumiso preso; Carlos Fueyo Tirado; Editorial Cambalache)


Vivimos, también en esta parte del planeta, un proceso de creciente militarización: económica, social, industrial, política, educativa… en una deriva en las que las élites económicas y políticas parecen querer arrastrarnos sin remedio a situaciones y coyunturas que pensamos que ya no volverían: servicios militares, guerras, dictaduras. Ante todo ello urge la contestación antimilitarista. Pero para que haya esa capacidad de respuesta parece conveniente que, principalmente, las generaciones más jóvenes, que son quienes tendrán que protagonizar esa lucha antimilitarista, puedan conocer algunas de los pilares fundamentales en los que se basaba ese tipo de militarización impuesto hasta no hace demasiadas décadas, así como que las generaciones que en su día se opusieron a él sepan elaborar una visión crítica de cómo ha tenido lugar ese abandono de la conciencia y consecuencia antimilitarista que, en buena parte, ha llevado a la presente situación.


Para un primer acercamiento a estas cuestiones, en la entrada de hoy vamos a acercar unos textos que no responden al perfil típico de los análisis antimilitaristas “ortodoxos” o “clásicos”, sino a una mirada distinta, que incorpora también el profundo conocimiento de la psiquiatría de su autor. Nos referimos al referente de la psiquiatría crítica Guillermo Rendueles y a dos de sus textos:por un lado, Las enseñanzas de la mili (2000), y, por otro, De Insumisos a Indignados (2015), ambos recogidos en Egolatría posmoderna, amnesia y despolitización, Escritos y entrevistas. Volumen II; Editorial Irrecuperables, 2024. Del primero, os dejamos a continuación un resumen con lo que nos ha parecido de más utilidad para el objetivo de esta entrada, y el segundo, gracias a que Cambalache ha liberado el pdf del libro, podéis consultarlo aquí, dirigiéndoos al último capítulo





LAS ENSEÑANZAS DE LA MILI

(en Juan Antonio de Blas (ed.) (2000) Militarismo y antimilitarismo: razones para una polémica. Avilés, CPRA)


Que la mili mata algunos cuerpos -200 cada año- es algo que mostraré en un cuadro de cifras ofrecidas por le propio Ministerio del ramo. Que la mili mata el alma de la mayoría de los jóvenes que por ella pasan es algo que intentaré razonar en este artículo a partir del análisis de los valores con que adoctrina el servicio militar, tanto desde antes de entrar, en la familia, y la escuela, como en el después de ese mercado sin sociedad al que son arrojados los jóvenes cuando tras la mili ya están maduros para ser movidos por interés económico y sumisión a la autoridad, para ser Ciudadanos Racionales.

Que la vida mata el alma de cuantos pasan por el Servicio Militar es algo que (…) intentaré sugerir en este artículo mediante el análisis de los valores que se enseñan en la mili o mejor en la Neoidentidad que la mili crea en el Veterano, al lograr la vinculación al culto de la Madre Patria que naturalmente tiene el patriotismo como primer rasgo de autorreconocimiento. Culto que permite, una vez cumplido el tiempo de sumisión a la irracionalidad militar en estado puro, devolver al joven “ya cumplido” con la Patria, maduro para obedecer a cuantos en el mercado o la sociedad le hagan, no tanto marcar el paso, como acomodarse al “helado cálculo del interés egoísta” y fundarse como sujeto en la racionalidad económica (¿?) y la aceptación de la Autoridad Civil.

Y este rito de iniciación llamado mili era necesario en la medida que no nacemos ni sumisos, ni maduros para mercado y obedientes. Para llegar a ser individuos regidos por autointerés y deseo de mercancías es preciso matar cualquier pasión en esa época de la juventud en la que aún se tiene la fuerza de la utopía en el alma, que no encaja en la personalidad desublimada que llaman Normalidad Psíquica.

De ahí que lejos de pensar el tópico de la Mili o el ejército como una institución fósil, resto de un pasado autoritario de la que hoy se puede prescindir voy a sugerir su perfecta articulación con otras instituciones Disciplinares -la escuela o la familia- con las que por debajo de su aparente contradicción, en mi opinión crea un cuerpo coherente de valores que transmiten la aceptación de lo Real por irracional que pueda aparecer y legitimación de cualquier injusticia que debe ser obedecida con tal de que esté sostenida por una autoridad marcada por los signos del poder.

Es entonces ese hilo de continuidad en la transmisión de autoridad la disciplina que voy a tratar de describir en este escrito, desde su nacimiento en la familia como amor filial hasta su salida como amor al orden o amor al amo, cuando ya estemos maduros para la libertad de mercado y la legitimación de la sumisión.

El valor central que teóricamente se vende en la mili es el Amor a la Patria, amor que como reconocen los teóricos militares no es algo innato, sino que el amor a la tierra, a la bandera, a la tradición de nuestros antepasados es algo que hay que enseñar, que hay que grabar como el amor a nuestras madres sobre todo en “épocas en que el torpe materialismo se adueña de los espíritus”.

domingo, 1 de febrero de 2026

CRÍTICA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES. Clase e identidad en el neoliberalismo

 


 

Desde hace dos años que vio la luz, la revista digital Zona de Estrategia (con publicaciones concretas también en papel), a nuestro juicio, cada vez se configura más como un referente claro del pensamiento crítico, del análisis, la crítica, el debate y la propuesta, cumpliendo adecuadamente con los objetivos que anunciaron en su aparición pública:

La revista Zona de Estrategia pretende agitar la crítica y construir herramientas de intervención que no rindan pleitesía a ninguna forma de gobierno. Tratamos de impulsar políticas autónomas que no se plieguen a los marcos partidistas, ni a las guerras culturales que hoy polarizan, de forma cada vez más impotente, el campo político.

Nuestra apuesta quiere proporcionar herramientas críticas y abrir debates que ayuden a impulsar la a veces anquilosada posición de los movimientos sociales y del academicismo crítico.

Queremos promover análisis e investigaciones militantes construidas desde las luchas, desde el conflicto y desde la crítica situada y en tiempo real.


Aparte de los artículos que va colgando en su web, ha publicado también, hasta el momento de escribir estas líneas, cuatro Cuadernos de Estrategia, iniciativa a la que definen así:

Una revista monográfica que propone discusiones e investigaciones sobre la crisis contemporánea y los vínculos entre conflictividad social, luchas políticas y la construcción de organización. Es la publicación en papel de Zona de Estrategia.


Pues bien, es al último número de esta revista monográfica al que dedicamos la entrada de hoy. Monográfico que se titula Crítica de los movimientos sociales. Clase e identidad en el neoliberalismo. Y lo hacemos porque, de nuevo a nuestro entender, en los textos que lo conforman podemos encontrar herramientas muy valiosas para una crítica profunda y honesta que, como recogen en su Introducción, trata de:

(…) analizar la crisis de los movimientos sociales como principal forma de organización de la protesta de las últimas décadas. Muchos colectivos autoorganizados, de todo tipo, reclaman todavía su pertenencia a los “movimientos sociales”. Pero ¿sigue siendo esta forma política una forma útil para entender y organizar el conflicto?


Como nos cuentan en la propia web:

Pronto liberaremos los contenidos del Cuadernos de Estrategia nº 4. Si quieres leerlos ahora, recibirlos en papel y apoyar este proyecto, suscríbete aquí por poco más de 4 euros al mes o incluso menos si eres precaria. Este es un medio militante, ¡gracias por hacerlo posible!


Pero, como nos habían hablado muy bien de ella, y nos parecía oportuno apoyar la iniciativa con la compra del ejemplar, lo hemos hecho. Y aunque esperar a que liberen el número entero es una opción a valorar, nuestra recomendación es comprarlo en papel, pues se trata de ese tipo de trabajo que conviene subrayar y tener a mano para consulta. Esa al menos ha sido nuestra experiencia.


Por ello, no vamos a resumir aquí unos textos que perderían con nuestro resumen, así que nos limitaremos a recoger algunas ideas de cada uno de sus 7 capítulos (excluida la Introducción), para que puedan servir de orientación de lo que vais a encontrar y, como de costumbre, de cebo para que emprendáis su lectura. Vamos a ello





El primer capítulo se titula El declive de los movimientos sociales, escrito por Francisco Gaitán Pérez, que en la web resumen así:

El autor expone las razones del declive de los movimientos a partir de la sectorización, el predominio del paradigma comunicativo, las identidades «mal entendidas» y la institucionalización, y termina preguntándose si los movimientos sociales en los que hemos crecido tienen en realidad una tradición que les permita afrontar los viejos problemas del poder, la estrategia y la organización.


Nosotrxs, entre sus muchas. ideas rescatamos estos párrafos que advierten de una cierta institucionalización tardía de los movimientos sociales:

Los movimientos, en su relación con el Estado, se ven enredados en una política que tiende a producir sus propias formas de integración mediante la ampliación de derechos o la producción de políticas positivas. Wendy Brown señala que al establecer el derecho como horizonte político en nuestras sociedades neoliberales “es más probable que los derechos se conviertan en espacios de producción y regulación de la identidad como agravio que en vehículos para la emancipación”. Aunque Brown reconoce la importancia y la urgencia de las luchas por la adquisición y el reconocimiento de derechos, estos no producen una transformación estructural sino que más bien desplazan el conflicto al terreno de la reparación administrativa de un agravio que termina funcionando como mecanismo de sujeción, normalización e integración de la diferencia.

Es más, los movimientos quedan anclados a la producción de ley, al ámbito de lo legislativo. Atrapados en la función de lobby o grupo de presión como principal forma de organización, la acción política de los movimientos pasa a estar dedicada fundamentalmente a “asesorar, vigilar y controlar el desarrollo de las normas ya existentes: leyes, ejecuciones presupuestarias, transposición de normativa europea o internacional, legislación internacional sobre derechos humanos”. Asimismo, la forma lobby consume los principales recursos humanos, organizativos y simbólicos de una organización. Su territorio privilegiado de acción es el informe, el marketing político, la comunicación, la selección de perfiles o casos representativos, donde se priorizan perfiles de alta formación y capital cultural (como puede verse en las portavocías de algunos movimientos en la actualidad).

(…) Quizás podamos preguntarnos entonces si esto supone una suerte de institucionalización tardía de los movimientos sociales, consistente en una aceptación al menos por una parte de los mismos de cumplir un papel dentro de las fuerzas de la izquierda, que podría resumirse en “presionar desde fuera para sancionar conquistas en formas de leyes y derechos provistos por los gobiernos de izquierda”. O si, por otro lado, en tanto que movimientos, es posible ir más allá del paradigma liberal y la paradoja de los derechos humanos cuya lógica tiende a reducir la transformación social a la reparación institucional de daños mediante derechos y leyes. En definitiva, podemos entender esta institucionalización de los movimientos sociales como una operación política por parte del capitalismo, una forma de gobernar todo aquello que sucede en los márgenes de la política institucional. En el contexto actual, estos movimientos cumplen para el neoliberalismo un papel análogo al que desempeñaron los sindicatos y partidos para el fordismo: constituyen una forma de integración y neutralización de lo que eufemísticamente se denomina la “cuestión social”, es decir, los conflictos y la lucha de clases que se producen en nuestras actuales sociedades de clases medias. Nos encontramos ante una sociedad civil en la que los movimientos sociales junto con otros agentes del tercer sector como ONG e iniciativas ciudadanas, funcionan como sujetos e interlocutores válidos encargados de mediar en todos aquellos conflictos o luchas que se producen en los márgenes del Estado.


Ya solo con analizar, debatir y profundizar estas reflexiones del primer capítulo tendríamos para varios días, pero no es más que el principio.