domingo, 2 de julio de 2023

Acapatzingo: Comunidad urbana autogestionada en medio de la Ciudad de México

 

 


  ¿Es posible que cerca de 4.000 personas de casi 600 familias lleven casi 30 años organizadas de forma autónoma (prácticamente en todo al margen del Estado) en un distrito urbano de una gran ciudad (en zona de pobreza y sin grandes territorios de cultivo), habiendo construido sus propias viviendas, resuelvan sus necesidades comunes mediante una asamblea que, a su vez, integra todo tipo de comisiones: de seguridad, de política, de salud, de finanzas, de agricultura, de mantenimiento, de cultura, de infancia, de economía solidaria… y todo ello desde planteamientos marxistas leninistas que deciden abandonar la ortodoxia, y, sin renunciar a sus ideas recoger las aportaciones del Zapatismo, hasta construir una potente organización comunitaria, que aspire también a un cambio social radical?


La respuesta es sí. Porque eso y mucho más es la experiencia desarrollada en Acapatzingo, en la capitalina Ciudad de México por la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente (OPFVII), movimiento conocido como “Los Panchos”, a quien Raúl Zibechi no duda en calificar como “la mejor experiencia urbana de América Latina”. Alguien como César Enrique Pineda, que las conoce muy bien, y que ha publicado variados trabajos sobre ella,, hace la siguiente reflexión:

Acapatzingo es ejemplo de un proceso de comunización, local, limitada, pero que también aspira a un proceso generalizado de cambio social radical. A pesar de sus avances autonómicos, el FPFVI-UNOPII construye de manera permanente vínculos a nivel urbano, nacional e internacional. Entre sus objetivos, derivados de una ideología que ellos mismos definen como marxista-leninista aspiran a transformaciones a gran escala.

Varios filósofos, teóricos y geógrafos de izquierda marxista, han arremetido contra la democracia directa. Las militancias que priorizan el hegemonismo ven estas experiencias como meras ilusiones autonomistas o incluso garrafales errores que buscan “construir el socialismo en un solo barrio”. Acapatzingo y su organización el FPFVI-UNOPII y muchas experiencias como estas quizá no son políticamente correctas porque son praxis viva, abierta, contradictoria.

Muchas de estas experiencias son experimentos de descentramiento político y gubernativo que las experiencias más estadocéntricas y autoritarias son incapaces de asimilar. Segundo, porque es obvio  que cultivar lechugas o decidir en asamblea no es revolucionario en sí mismo, pero el proceso que permite construir autodeterminación y constituir un sujeto autonómico sí lo es: familias subordinadas, dominadas por la precariedad material e inmaterial se ponen de pié no solo organizativa sino políticamente, construyendo saberes y haceres populares que son los que precisamente permiten salir de la subalternidad, si entendemos esta no solo como desposesión de los medios de producción sino como la experiencia de la dominación donde se niega al sujeto. Salir de la subalternidad es precisamente desarrollo autónomo, potencia propia, capacidad colectiva de autorregulación. Por supuesto no hay emancipación sin que la sociedad en su conjunto se emancipe, pero estos cambios prefiguran formas más allá de la estatalidad.

Estas unidades de autorregulación son indispensables para pensar y teorizar una sociedad autodeterminada. Es imposible proponer programas de cambio estatal o de revolución política sin contar, al menos, con la imagen de las unidades mínimas que podrían constituir sistemas de regulación urbana, regiones autónomas indígenas o sistemas de regulación fabril alternativas sin conocer, experimentar y hacer en la práctica nuevas formas de regulación social. Los consejos de tierras urbanas en Venezuela, o las juntas de buen gobierno zapatistas como sistemas de democracia radical urbana la primera, rural la segunda, hablan de la complejidad institucional —estatal o no— para enfrentar el reto de un socialismo democrático, de una sociedad poscapitalista, o al menos de cambios profundos y radicales de participación popular desde abajo. Acapatzingo entonces, no es solo una hermosa experiencia local y autonomista, es praxis que obliga a las izquierdas a mirar hacia abajo, hacia donde se constituyen no sin contradicciones, procesos de emancipación que anuncian posibilidades del mañana.


El propio Enrique Pineda resume también el proceso político que hizo posible la configuración de la Comunidad urbana de Acapatzingo:

Lo característico del proceso del FPFVI-UNOPII se concentra en haber dado una radicalización importante a los procesos autoorganizativos, producto de varias bifurcaciones —tanto políticas como organizativas, que no fueron sencillas— que parten del rompimiento de la con-cepción revolucionaria como acción futura. Gerardo Meza, uno de los líderes de la organización sostiene que:

Los militantes a los que ahora se les llama ortodoxos planteaban que primero tenía que llegar la revolución para transformar nuestro mundo, nosotros lo que decimos es que tenemos que comenzar con esta transformación aquí y ahora, por medio de esfuerzos, de solidaridad con los compañeros, con los hermanos. Desarrollar el trabajo colectivo, en contraposición con la competencia y el individualismo que nos enseñan diariamente en todos lados y por supuesto, el respeto con los demás. Partiendo de estos principios, nosotros decimos que la revolución es aquí y ahora para toda la vida (Lao, 2009).


El progresivo abandono y crítica sobre la concepción clásica de la izquierda los ha acercado a otros procesos sociales, aunque manteniendo un horizonte de transformación socialista, la autonomía ha aparecido como elemento de construcción política. Enrique Reynoso, también dirigente de la agrupación, plantea sobre ello:

Nosotros modestamente tratamos de aprender del EZLN y del MST, porque son derroteros en América Latina. Modestamente creemos que nos acercamos en varios aspectos: [en] la construcción de espacios con cierta autonomía... de construcción de autonomías... esencialmente en esta necesidad de aprender y comprender que los movimientos no surgen de arriba hacia abajo, que los movimientos se van dando de abajo hacia arriba y que es este equilibrio en la toma de decisiones donde se rompe o se empieza a romper con el sistema que demanda obedecer los dictados de una clase o sector ubicados porencima de los demás (Sánchez, 2010).



Primeras pinceladas que trasladan la dimensión de la comunidad urbana de Acapatzingo

Aunque al final de la entrada os facilitaremos los enlaces a los diversos documentos donde se abordan en profundidad diferentes aspectos que caracterizan la experiencia de Acapatzingo (y con los que construimos esta entrada, en muchos ocasiones trasladando párrafos literales de esos documentos), para terminar de interesaros en ella, recojamos unos pocos datos más que ayuden a percibir su importantísima dimensión.

Concebida como una cooperativa de vivienda, con la asesoría de urbanistas y arquitectos, la OPFVII no buscaba sólo construir casas sino “ecosistemas urbanos que permitieran la vida digna y su reproducción”. Por eso, en Acapatzingo, los espacios públicos que permitan la seguridad, el recreo y la organización de sus habitantes son fundamentales. Se trata de lo que yo defino como “un movimiento de reproducción” –dice Pineda–. Dado que ni el mercado ni el gobierno pueden resolver las necesidades de las clases populares, ni de las comunidades indígenas, ni de los pueblos campesinos, las familias se organizan para reproducir la vida, así como las condiciones de dignidad y autosustentabilidad que ellas consideran necesario.

En Acapatzingo existen tres modelos de casas que los habitantes pagan mediante créditos ajustados a sus ingresos. Casas de un solo piso, casas dúplex y una unidad habitacional –la única construcción que mantiene a la vista los ladrillos naranjas que contrastan con el horizonte de casitas amarillas, verdes, moradas, rodeadas de vegetación. Todas las calles son iluminadas con energía solar. Recordemos de nuevo que hablamos de una extensión de 8 hectáreas en plena zona urbana, y en la que viven unas 4.000 personas.

Nuestra meta es conseguir la autonomía total del Estado –resume David López, uno de los jóvenes dirigentes de la OPFVII–. Aquí no entra la policía, por ejemplo. Nuestra independencia de las autoridades y de sus partidos políticos es uno de nuestros principales ejes.



La forma de organización

Conviene señalar que el Frente rehuye una concepción vanguardista según la cual la conciencia es llevada desde fuera a los sujetos por los militantes de los partidos. El sujeto de los cambios ya existe, es la cultura comunitaria, la tarea es “sólo” rescatarla, expandirla y liberarla de los “prejuicios y traumas” propios del sistema, como el racismo y la violencia intrafamiliar, que “pueden ser combatidas por la prevención y el cuidado comunitario”. En segundo lugar, la organización del Frente está orientada a las tareas de rescatar y fortalecer la comunidad. Por un lado, está la estructura organizativa; por otro, lo que esa organización hace. La base es siempre la misma: las brigadas formadas por 25 familias, tanto en Acapatzingo como en los demás predios, ocupaciones y asentamientos. Cada brigada nombra responsables para las comisiones, en general cuatro: prensa, cultura, vigilancia y mantenimiento. En Acapatzingo hay 28 brigadas y en los demás espacios el número varía en función de la cantidad de familias.

Cada asentamiento, cuenta además con la máxima instancia decisoria que es la asamblea, donde cada familia debe enviar al menos a un representante con voz y voto; generalmente son mujeres jóvenes las que integran la asamblea y buena parte de las comisiones. La mesa es rotativa y es en la asamblea donde “todos confluimos, en que todos sabemos que a pesar de las diferencias que podemos tener, por nuestra procedencia o nuestro origen, aquí somos iguales, sabemos que este espacio en la toma de decisiones es como lo más importante para nosotros”.

La idea de las brigadas es que permiten generar núcleos donde la gente puede generar un vínculo y las comisiones son correas de transmisión en dos sentidos, hacia la organización y hacia las familias, y eso permite mejorar el trabajo” explica Enrique Reynoso. En las brigadas hay tiempo suficiente y confianza interpersonal para profundizar todos los temas. La incorporación a la Otra Campaña se debatió en reuniones de cada una de las brigadas. Luego hay una asamblea general (mensual en Acapatzingo, semanal en otros predios) que es la máxima instancia de toma de decisiones.

Es importante ver más de cerca lo que sucede en las brigadas, ya que son la célula de la organización territorial y la base de toda la organización, pero también el núcleo de la comunidad. En las reuniones de brigada cada familia tiene un voto. En ellas debaten los temas más importantes, como los reglamentos del predio, que fueron discutidos en cada una de las brigadas y modificados hasta que todas estuvieron de acuerdo.

Lo primero que hicieron como comunidad fue instalar los servicios de drenaje, agua y luz. La excavación para la colocación del drenaje estuvo a cargo de vecinos y vecinas que hicieron zanjas y cargaron tubos. Entre los habitantes construyeron banquetas y guarniciones.



Pasos avanzados en la configuración de Acapatzingo

En una zona donde la falta de agua es un problema constante, Acapatzingo tiene su propio sistema de captación de lluvia, además de dos plantas potabilizadoras de agua, con las que, integrantes de la comunidad, esperan abastecer a la unidad hasta por cuatro días. El agua residual que sale de las viviendas termina alimentando la tierra del invernadero, después de pasar por una planta de tratamiento.

La cooperativa se encuentra en resistencia contra las altas tarifas de cobro de luz. Con ayuda de miembros del extinto Sindicato Mexicano de Electricistas mantienen paneles solares en cada una de las casas y calles.

Han logrado cierta autonomía alimentaria en base a la producción propia. Tienen un sembrado con plantas medicinales, lavanda y manzanilla. Además, lechuga, rábano, acelgas, betabel, epazote, apio, jitomate, cilantro o cebolla. Su meta es lograr cierta autonomía alimentaria: que la comunidad cuente con sus propios productos, sanos, orgánicos y a muy bajo costo. Aunque aún están lejos de eso, en una buena temporada pueden producir unos 300 kilos de jitomate.

Los espacios comunes: En asamblea, una a una se han decidido las prioridades para construir espacios comunes como: la Casa Nuestra, que es el espacio cultural y educativo donde hay una biblioteca y sala de reuniones; una plaza que fue habilitada con juegos para los niños; un espacio colectivo, El Tejabán, que sirve para las asambleas de la cooperativa. Han construido también una cancha de futbol para los jóvenes que tuvo una enorme participación colectiva. Una plaza para los ancianos, una clínica de salud… y proyectan un teatro al aire libre y su propia escuela de educación básica.

Dos logros adicionales importantes son espaciales y organizativos. Por un lado, la construcción del comentado huerto colectivo, bajo un enorme invernadero. Por el otro, una de las viviendas, donada por la comunidad para servir como espacio común, alberga a La Voz de Villa, la radio comunitaria que transmite sin permiso y es gestionada, esencialmente, por jóvenes de la propia comunidad y también por varios menores que comenzaron a transmitir desde que tenían menos de diez años. Este ordenamiento socioespacial crea un territorio interno, real y simbólico, sorprendente para cualquier visitante, ya que se vive en espacios diseñados, pensados y vividos para la realización de la comunalidad. Solo la planificación como un bien común —como producción del espacio destinado al beneficio colectivo y a mantener relaciones permanentes en colectivo provocando una socialidad alternativa— es un radical logro urbano.

Este proceso colectivo de gestión del habitar en común, del vivir conjuntamente, es precisamente la diferencia con un proyecto de vivienda, con el intento de romper con las relaciones utilitarias de gestión de ella y con la clara intención de politizar la necesidad básica de techo para reconstruir relaciones comunitarias de cooperación, reciprocidad, trabajo colectivo, deliberación y decisión, y ejecución en común, que se vuelve uno de los ejes de acción más importantes del Frente.



Las comisiones.

Vamos a ver muy sucintamente ahora diversas tareas de algunas de las comisiones que venimos citando: de seguridad, de salud, de finanzas, de agricultura, de mantenimiento y de cultura, de formación política... Desde 2018 existe también la Comisión Infantil, que participa en la asamblea y tiene voz, así como algunas responsabilidades en algunas comisiones.

La comisión de vigilancia hace rondines y guardias las 24 horas del día, todos los días del año. Parte de su postura política es que la policía no tiene permitida la entrada a la unidad habitacional, pues “no confiamos en las autoridades, lo hacemos nosotros mismos”. Por eso, es la comisión de vigilancia la encargada de mediar los problemas e incidentes internos que se susciten. Una vez calmados los involucrados, los invitan a dialogar e implementan las medidas de justicia de la organización, que consisten en sanciones de trabajo para retribuir a la comunidad y reparar daños, así como en un proceso de reeducación. “Queremos hacer una justicia distinta, una que sí sea justa”, resumen integrantes de la comisión.

Para nosotros cada caso es distinto y no podemos tener una receta, un tabulador que iguala todo como hace la justicia burguesa”, explica Alejandro. El tema de la justicia será central en el próximo congreso de la OPFVII, el décimo, que celebrarán en mayo.

No estamos satisfechos con nuestro sistema de justicia, nos falta darle más precisión y eso queremos debatirlo colectivamente porque es el proyecto de vida, el tipo de sociedad que buscamos. Por ejemplo, preguntarnos porqué no podemos comer bien, tener seguridad y porqué las cárceles están llenas de pobres y los ricos son siempre impunes”.

Comisión de Salud. Cuentan con centro de salud propio la Casa Nuestra de Salud. Las comisionadas no son doctoras sino “promotoras de la salud” y se dedican a monitorear los signos vitales de las personas de la comunidad. Se entrenaron mutuamente y por medio de talleres brindados por organizaciones y colectivos de profesionales solidarios. La comisión trabaja distintas líneas: para la medicina alternativa toman talleres de herbolaria e impulsan que zonas verdes de la comunidad “se conviertan en espacios de curación”; para la medicina preventiva se programan campañas informativas donde “colaboramos todos”;; es con este tipo de organizaciones y cooperativas de doctores, veterinarios o centros de salud con las que tejen redes y para colaborar y canalizar a las personas cuando se necesite.

En la Casa Nuestra se intenta desmantelar la idea de que “sólo alguien con un título puede encargarse de la salud” y en su lugar fortalecer una visión comunitaria de ella, ya que “la salud es de todos, a todos nos beneficia y nos debe importar, debemos atender los problemas de manera colectiva.” El punto, concluye el equipo, es “construir un proyecto de salud autónomo que permita una colaboración permanente. En la Casa Nuestra se intenta desmantelar la idea de que “sólo alguien con un título puede encargarse de la salud” y en su lugar fortalecer una visión comunitaria de ella, ya que “la salud es de todos, a todos nos beneficia y nos debe importar, debemos atender los problemas de manera colectiva.” El punto, concluye el equipo, es “construir un proyecto de salud autónomo que permita una colaboración permanente”.

Comisión de economía solidaria. La comunidad también se organiza para resguardar sus finanzas y recientemente concretó un proyecto que funciona como una caja de ahorro llamado La Talega. Para generar el proyecto, la comisión de finanzas investigó cómo se manejan los porcentajes de intereses en los bancos y cómo funciona el control que los préstamos tienen sobre la población. Con la intención de resolver necesidades que hay en las comunidades, donde, señalan, hace falta una cultura del ahorro y consideran que el sistema ha creado una cultura de consumo, además, para no tener que solicitar créditos, ni arriesgarse a pedir prestado o vender cosas que no tienen, formaron este proyecto económico donde actualmente ahorran alrededor de 200 personas. Decidieron llamarla así, como una bolsa donde se guarda el dinero. Explican que eventualmente les gustaría fundar un banco para la organización y así tener los recursos económicos necesarios para no depender de ninguna instancia.

Comisión de cultura y educación: Cuentan que la comisión nace a partir de la necesidad de crear una educación analítica y crítica, porque “la impuesta por el sistema es robotizada”. Gran parte del proyecto cultural de Acapatzingo consiste en retomar, apropiarse y elevar los significados y expresiones culturales de una sociedad de clases populares para darles un sentido nuevo y propio. En este proceso se generan diferencias con, por ejemplo, los proyectos de otras comunidades aledañas o la cultura consumista promovida por los medios de comunicación masiva, pero también se generan empatías con las clases trabajadoras en general, con los pueblos indígenas, con las artes en América Latina y con las culturas de los pueblos y de los países con una historia de emancipación.

No realizan ninguna actividad cultural sin incorporar la investigación científica histórica y contextual –ya que es necesario “aprender de otro modo de lo que pasa en el exterior para poder cambiarlo”- y siempre cuidan hacer análisis críticos y reflexiones políticas que contribuyan a la transformación y resignificación de la realidad impuesta.

La Escuela de Artes y Oficios es otra de las grandes creaciones de los últimos meses. Ya comenzaron talleres de serigrafía que esperan ampliar a otros oficios como carpintería y herrería En el aspecto artístico encararon talleres sobre arte en resistencia, diferenciando entre arte popular y arte occidental individualista, además de talleres de zumba, de teatro, de voleibol y fútbol, haciendo hincapié en los aspectos no competitivos de los deportes.

 

 

¿Horizontalidad o Verticalidad?… o ni lo uno ni lo otro

 Leyendo la mayoría de textos y referencias sobre la experiencia de Acapatzingo, quedan claros sus perfiles autónomos, autogestionados, asamblearios, comunitarios, basados en el trabajo colectivo… pero, sin embargo, si acudimos a los textos que la propia Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente (OPFVII) cuelga en su web, entre sus principios organizativos se resalta el Centralismo Democrático, la subordinación de los niveles inferiores a los superiores, y en su estatutos aparecen términos como cuadros, masas, dirección… ¿Cómo entender estas contradicciones?. Las respuestas a ello las encontramos a través de la tesis de maestría de Siân Rosa Hunter Dodsworth, por un lado reseñando el devenir del proceso general:

 Las elecciones presidenciales de 2006 con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) al frente de la izquierda institucional, junto con la Otra Campaña45 convocada por el EZLN al frente de la izquierda anticapitalista, llevaron a algunos grupos del FPFVI-UNOPII a escindirse y a integrarse a la vía electoral y a otros a solidarizarse con los zapatistas.

Acapatzingo, fundado en 1994, junto con otras comunidades, y la organización que pocos años después se llamaría la OPFVII, fueron parte de quienes se sintieron en aquel momento más cercanos al pensamiento y a las formas de organización del EZLN.

Su postura anticapitalista, su carácter prefigurativo y sus principios de autonomía como parte de “la consolidación del derecho a una vivienda digna para las familias integrantes de la organización y como la base de un proyecto de vida y no como el fin último organizacional” les resultaban afines. Esta cercanía se reflejó en el hecho de que la comisión del EZLN, en su paso por la Ciudad de México durante del recorrido de la Otra Campaña, se alojó en la cooperativa de Acapatzingo

En 2015, a raíz de una problemática interna de la OCEZ-DI de Chiapas, se decidió por asamblea disolver la alianza FPFVI-UNOPII.49 De ahí surgió la llamada Organización Popular Francisco Villa de la Izquierda Independiente (OPFVII), para distinguirse del FPFVI, que ahora estaba alineado en su mayoría con el gobierno.

(…) Este es, en resumen, el proceso de escisiones del MUP del cual emanó la OPFVII, que “continúa apostando y trabajando con todos sus esfuerzos por construir en sus comunidades urbanas un proyecto de vida a través de la educación, la cultura, salud, comunicación, justicia, educación entre otras áreas” (Santillán, 2015: https://subversiones.org/archivos/117681). Por una parte, la OPFVII se plantea a sí misma como una organización revolucionaria, heredera de la tradición villista y de otras tradiciones de la izquierda mexicana y de América Latina. Además, ha habido un proceso de maduración de las prácticas culturales necesarias para construir una alternativa real al sistema capitalista, para construir una sociedad sin clases, basadas en el compañerismo, la solidaridad, la construcción de nuevas relaciones sociales y la autonomía.

 Pero, sobre todo, en la concreción práctica del mismo:

 La asamblea es una forma de proponer y discutir asuntos y llegar al consenso basado en la libre participación de todos los miembros de un dado grupo, organización o comunidad. La idea de crear una organización basada en un sistema asambleario también tiene sus raíces en el MUP. De un modo más general, históricamente la asamblea ha sido la forma popular de toma de decisiones por excelencia, cuando menos desde la Revolución mexicana. Según entiendo, el sistema asambleario ha sido promovido tradicionalmente por las izquierdas prefigurativas mexicanas. Como se dijo en la sección anterior, la estructura política de la OPFVII es el resultado de una lucha histórica por la defensa de la vivienda digna, del territorio y de un proyecto de vida distinto al que ofrece el Estado mexicano. En los años 70, 80 y 90 las diferentes organizaciones que formaron parte del MUP empezaron desarrollar estructuras, prácticas y métodos que en su conjunto llevaron a la construcción de una particular cultura política colectiva. Sin perder la unidad como movimiento, cada organización que integró al MUP estableció sus propias asambleas, en las cuales se identificó y se definió el modo en el que se realizarían las demandas. Desconozco hasta que punto las distintas organizaciones del MUP privilegiaron a la asamblea sobre otras formas de organización. No obstante, a través de las reuniones y mítines generales constantes en el MUP se comenzó a hacer evidente que era posible crear un sistema mucho más democrático, incluyente y horizontal en el cual las decisiones se tomaran de manera colectiva. En cierto sentido, esta idea de horizontalidad contrastaba con otras formas de organización de corte marxista-leninista, o de corte marxista-maoísta, que tendían a la adscripción de cargos específicos y a la centralización del poder en una estructura más vertical. Sin embargo, es en la práctica (como mejor puede entenderse cómo el de la OPFVII) un sistema flexible que ha cambiado a lo largo del tiempo, adaptándose a las necesidades impuestas por cambios políticos de mayor envergadura. Su sistema es mixto y complejo y aunque incluye a la asamblea, también hay estructuras más verticales que operan dentro de la organización.

(…) El Consejo general de representantes (CGR), que se formó en 2015, tiene como objetivo diversificar y distribuir el poder más allá de la autoridad de los dirigentes de la organización. Cada comisión debe elegir a dos candidatos para el CGR. En Acapatzingo el CGR está compuesta por 16 integrantes, quienes, igual a la selección de representantes para el CP, son ratificados cada dos años en el Congreso ordinario de la OPFVII. Si una brigada no puede solucionar un problema local entre sus familias participantes es común que el CGR intervenga para ayudar con procesos de mediación y medidas de resolución. El CGR también tiene la atribución de tomar ciertas decisiones sin necesidad de consultar a las bases. Sin embargo, éstas son las que eligen, y por lo tanto delegan el poder, al CGR en un inicio, por lo que los temores de protagonismo o de cooptación de poder son bajos.

La OPFVII promueve una política de actividades en las que puedan participar todos sus miembros desde sus identidades, pero casi siempre con la intención de que sean para el beneficio de toda la comunidad. Dicho de otra forma, la OPFVII promueve el cuidado de lo común, puesto que busca contrarrestar las formas organizativas individualistas propias del sistema capitalista. Esto, naturalmente, no se logra siempre.

Hay tensiones y desacuerdos frecuentes dentro de las brigadas y comisiones y la asamblea para lograr la participación de todos, y muchas veces hay quienes tratan de evitar sus responsabilidades y visiblemente hacen lo menos posible. Pese a todo, los diferentes espacios de acción política y organizativa no evitan el conflicto sino trabajar sobre ello enfrentando retos con una combinación de acciones e intervenciones basados en acuerdos asamblearios. El trabajo y la interacción cotidianos de estas brigadas y estas comisiones junto con la asamblea, el CGR y la CP es lo que construye lo que en esta tesis he llamado ‘comunidad’. En resumen, tanto la organización vertical, como la horizontal existen y son necesarias dentro de la OPFVII. También existe un tipo de organización que no es de uno ni de otro tipo, sino que depende de las capacidades de ciertos individuos y el respeto que se ganan para formar parte de la CP. Al cuestionar a David, miembro de la Coordinación política de la OPFVII, sobre el carácter horizontal o vertical de la OPFVII y sobre el modo en como se toman las decisiones en Acapatzingo y en relación con las diferentes comunidades que forman parte de la organización, su respuesta fue esclarecedora:

Hay comunidades pequeñitas [de la OPFVII] en donde las comisiones están mucho más concentradas. Tienen espacios más definidos. Pero todo eso ha surgido a partir de la experiencia que aquí nos ha salido y allá se mejoró o hacerlo en otra manera y salió. [...] Históricamente se ha pensado que teníamos una estructura vertical, pero en el proceso lo que hemos visto es que no es tan vertical. Pero tampoco es horizontal ¡No sabemos cómo es nuestra estructura! Funciona en alguna forma, pero es como, o sea, efectivamente una cuestión de trabajo, de instancias...que muchos de nosotros tenemos que sujetarnos. Por ejemplo, la Asamblea general. La Asamblea general es nuestro órgano de decisión más grande, si la asamblea lo manda nadie puede estar en contra de este acuerdo. Pero yo, individuo, de la casa 20 puedo ir a la asamblea para proponer algo. Si se acuerda, se impulsa por todos (octubre 2018)

 

 

Durante la pandemia:

En Acapatzingo enfrentaron la pandemia con organización comunitaria; así, lograron que entre los aproximadamente cuatro mil habitantes, únicamente se reportaran 34 casos de Covid-19. Vecinas y vecinos apoyaron a quienes enfermaron, les llevaron comida e hicieron rifas para recaudar fondos y poder adquirir tanques de oxígeno y herramientas para equipar su Casa de Salud. También abrieron un comedor comunitario para quienes lo necesitaran, pues muchas personas se quedaron sin trabajo.

Durante la pandemia, La Talega (la “Caja de Ahorros solidaria”), se convirtió en una opción para muchas habitantes de Acapatzingo que se quedaron sin trabajo y tuvieron que pedir un préstamo para pagar cuentas de hospital, tanques de oxígeno o medicamento para enfrentar la Covid-19. Para la comisión de finanzas, una de las cosas más valiosas de este proyecto es poder constatar la alegría y la tranquilidad de tantas personas de la comunidad, particularmente en esta época, al no tener que endeudarse con el banco.

En las puertas de la Casa Nuestra de Salud “Doctor Comandante Ernesto Guevara de la Sierra” hay murales informativos sobre Covid-19 y las medidas de prevención y de cuidado, así como de otras enfermedades como cáncer de mama o diabetes. Son resultado de los talleres que, ante la pandemia, la comisión de salud realizó para toda la comunidad. Para la salud mental, especialmente durante el tiempo de “miedo y estrés” por la pandemia, realizaron labores de acompañamiento y primeros auxilios psicológicos, además de trabajar junto con la comisión de deportes y con colectivos de psicólogos.

El equipo narra que al inicio de la pandemia “se cayó en el pánico, como quería el gobierno” y se dejó de analizar la realidad. Pero no dejaron que la crisis rompiera con la formación política que “se tiene que construir todo el tiempo”, por lo que la comisión buscó alternativas de actividades que se pudieran realizar al aire libre –como el cineclub- o de manera virtual –como videos o talleres por Whatsapp-, pues “tenemos tareas que no podemos dejar”. Su objetivo fue “salir de la rutina del miedo” y “concientizarnos aunque fuera en el encierro”. También se enfrentaron al problema de las clases en línea, ante el cual volvieron la Casa Nuestra de Cultura y Educación, con todo y sus exteriores multicolores, en un espacio con internet para tomar clases, realizar e imprimir tareas y resolver dudas junto con los talleres de apoyo. “No podemos pausar nuestro trabajo, aunque haya pandemia hay que seguir luchando”, reiteran.

En plena pandemia consiguieron finalizar el edificio de “Haciendo de Canutillo”, el tercer edificio del movimiento en la zona de Pantitlán que alberga más de 70 familias. El crecimiento hacia adentro fue la característica principal de este período. En algunos casos se concretó en al fortalecimiento de los espacios ya existentes, pero se crearon también otros nuevos para responder a los desafíos del momento. También han crecido hacia afuera, estableciendo relaciones con nuevas organizaciones del campo popular y con personas que se acercaron a conocer el movimiento.

Las farmacias forman parte de la nueva realidad. Combinan la medicina alopática (las pastillas) con productos de herbolaria que elaboran a partir de las plantas medicinales que cultivan. Consiguen los medicamentos de forma solidaria gracias a Brigada Callejera y los venden al precio de costo, “más un par de pesos para poder donar a quienes no pueden pagarlos”, explica una de las mujeres que atienden la farmacia de Acapatzingo.



Algunas reflexiones finales a tener en cuenta

Creemos que con lo visto hasta ahora puede servir para hacernos a la idea de la asombrosa experiencia de comunidad urbana que supone Acapatzingo. Os animamos pues a profundizar en ella utilizando los siguientes materiales, de los que, reiteramos, nos hemos servido para elaborar este texto:

Los niños al poder: la experiencia urbana de Acapatzingo

Ángel Huerta, estudiante; Carlos Acuña, mentoría / Corriente Alterna | 06-08-2022

https://corrientealterna.unam.mx/territorios/acapatzingo-los-ninos-al-poder/


Acapatzingo: el otro mundo en medio de la Ciudad de México

Camila Pizaña y Erika Lozano (julio 2021)

https://desinformemonos.org/acapatzingo-el-otro-mundo-en-medio-de-la-ciudad/


Prácticas culturales, memoria e identidad colectivas: el caso de Acapatzingo

Siân Rosa Hunter Dodswhort (septiembre 2020)

https://ciesas.repositorioinstitucional.mx/jspui/bitstream/1015/1433/1/TE%20H.D.%202020%20Sian%20Rosa%20Hunter%20Dodsworth.pdf


Territorios urbanos en disputa. Acapatzingo: construyendo comunidad urbana

César Enrique Pineda

Contrapunto nº 3, Noviembre de 2013

https://kutxikotxokotxikitxutik.files.wordpress.com/2015/07/acapatzingo-construyendo-comunidad-urbana-contrapunto-3.pdf


Otra estrategia, otra democracia

César Enrique Pineda, 4 junio, 2015

https://revistamemoria.mx/?p=372


La comunidad autónoma urbana. El mundo nuevo en el corazón del viejo

Raúl Zibechi

https://kutxikotxokotxikitxutik.files.wordpress.com/2021/08/pensar-las-autonomias.pdf


Comunidades de Los Panchos: Crecer hacia adentro

Raúl Zibechi, 24 abril 2023

https://desinformemonos.org/comunidades-de-los-panchos-crecer-hacia-adentro/


En cualquier caso, no renunciamos a cerrar este texto recogiendo algunas reflexiones que recogen parte importante de lo mucho que podemos aprender de la experiencia de Acapatzingo.

Como señala César Enrique Pineda:

Acapatzingo también permite ver una vía de construcción social desde abajo, pero también de construcción política que se refiere a la politicidad del gobierno de la vida en común y cotidiana, distinta a la politicidad estatal. Ilumina entonces la diferencia entre el gobierno sobre otros y el autogobierno, tema abandonado por las izquierdas hegemonistas o electoreras, que priorizan en todo momento la discusión sobre la “toma del poder” pero poco o nada teorizan sobre la emancipación y sus formas. Por tanto Acapatzingo, aún en medio de sus evidentes limitaciones es una ventana para mirar posibilidades emancipatorias.

O como resalta Zibechi en una reflexión que nos interpela al resto, y con la cual concluimos:

En la realidad actual del capitalismo las personas que pueden participar en movimientos necesitan crear espacios para encontrarse, re-conocerse, intercambiar experiencias y construirse como sujetos colectivos: radios comunitarias, centros culturales, grupos de afinidad, “huertas comunitarias”, como señala despectivamente Harvey (2013), y en múltiples espacios que nacen a contracorriente de la cultura dominante. Los militantes no se forman leyendo autores clásicos o actuales, aunque esas lecturas suelen ser de mucha utilidad cuando ya han hecho sus opciones de vida, sino haciendo y compartiendo.

La segunda cuestión es la hipótesis que tengamos sobre cómo será la transición hacia un mundo diferente. Si imaginamos una transición que pueda hacerse cargo de los bienes comunes a escala global, estamos pensando en una transición dirigida estatalmente, capaz de modificar las cosas de arriba-abajo. Nunca sucedió nada similar ni es plausible que suceda. En todo caso, una transición de ese tipo es tributaria del pensamiento ilustrado eurocéntrico. Parece necesario reflexionar sobre otras transiciones, en particular la del feudalismo al capitalismo, una larga transición de siglos, no dirigida sino caótica, progresiva pero no lineal, plagada de levantamientos, insurrecciones y revoluciones.



 

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