Tomado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Desinformaci%C3%B3n#/media/Archivo:Disinformation_vs_Misinformation_es.png
En la entrada en la que analizábamos las bases en las que se fundamenta la criminología mediática, que es lo que sostenemos que lleva a cabo David González en El Correo de Araba, se señalaba que una de ellas era que:
se exagera la información, se la multiplica por diversos medios, se crean titulares engañosos que no coinciden con lo que se informa, y también se suele mencionar dos veces el mismo episodio, lo cual genera la sensación de que se trata de dos hechos diferentes
Un bueno ejemplo de todo ello es el siguiente titular de D.G. del pasado 14 de octubre de 2024:
Dos bandas se enfrentan a navajazos en el Casco Viejo de Vitoria por controlar la venta de droga
Quien quiera que lea el titular, y no conozca la realidad, no tiene más remedio que pensar que en el Casco Viejo gasteiztarra reina la ley de la selva delincuencial, donde bandas de cárteles de droga se enfrentan salvajemente. Así que, lo recomendable sería no acudir a esa peligrosa zona, pues de lo contrario correremos serio riesgo.
Nada más lejos de la realidad. Quienes vivimos o transitamos por la zona a diario sabemos que no es así, por mucho que se empeñe D.G.. Lo sabemos nosotres… y los miles y miles de personas que acuden cada fin de semana al lugar de ocio más nutrido de toda la ciudad. Todo es producto de la aplicación práctica que lleva a cabo D.G. de la criminología mediática en lo que acabamos de ver que se define como, creación de espectáculo, exageración de información y generación de titulares engañosos.
Para comprobarlo, solo tenemos que leer con detenimiento el desarrollo de la noticia (lo que no hace la inmensa mayoría de las personas lectoras de la versión telemática, que al no estar suscritas solo pueden ver el titular), y veremos que ese titular no responde prácticamente en nada a la realidad. Las “dos bandas”, pronto pasan a “presuntas bandas”, y de ahí a que una de esas teóricas bandas sea descrita como “un par de jóvenes que llevan pocos días en el barrio”. Más exageración y generación de titular engañoso hay en la afirmación de que “se enfrentan a navajazos”, pues al leer el detalle de la noticia vemos que en realidad ese enfrentamiento a navajazos se queda en que “Uno de los implicados, de 28 años, se refugió en su casa y salió «con un machete». Lo exhibió y amenazó con usarlo”. “Machete” que, por cierto, tampoco debería ser muy grande, pues como asegura D.G., cuando fue detenido “el arma blanca le fue localizada –y requisada- en su ropa interior”. Finalmente, lo de enfrentarse “por controlar la venta de droga” que se asegura en el titular, y que con las afirmaciones que le preceden sugiere la idea de cárteles de la droga en disputa, se reduce a que el par de jóvenes que llevan pocos días en el barrio “presuntamente viven del menudeo de sustancias estupefacientes”… “según “deslizan medios policiales”
Esta última afirmación “deslizan medios policiales”, es otra de las características de las noticias que redacta D.G.. Es difícil encontrar en sus textos referencia a que su fuente de información policial sean las notas de prensa que facilitan los órganos de prensa de los cuerpos policiales (lo que sí es la práctica habitual de sus compañeras y compañeros), David González habla habitualmente de lo que deslizan o filtran policías o medios policiales. Fuentes policiales que, lógicamente, no desvela pero que, una de dos, o realmente cometen graves deslices en su información deslizada, que a menudo resulta errónea, o esas filtraciones policiales no son reales, y D.G. se las inventa. En cualquiera de ambos gravísimos supuestos lo peor no es la desinformación que generan en el público lector (y sus derivadas de miedos, temores y rechazos) sino que, cuando se centran en sectores concretos, incluso en personas, provocan una estigmatización social que es peor que cualquier condena judicial. Recordemos un penosísimo ejemplo de todo ello.
El denunciable papel de algunos medios en la creación y difusión de falsedades. O el ejemplo del bulo de ‘los Pitxis al Casco’ por el ¿periodista? David González
Hace ya unos nueve años publicamos con el título de este apartado un extenso trabajo en el que demostrábamos cómo D.G. estuvo construyendo toda una leyenda negra contra una familia gitana, a la que criminalizaba constantemente basándose en fabulaciones producto de lo que le comentaban sus fuentes policiales… “informaciones” que una vez tras otra se fueron demostrando falsas o erróneas. Quizá el ejemplo más evidente (que no más grave) de toda esa campaña de criminalización basada en falsas informaciones sea el relacionado con el traslado de la familia desde un barrio pueblo de Gasteiz a un piso okupado en El Casco, que ya le habían preparado sus familiares. Recordémoslo brevemente.
Creando el falso rumor
La primera “noticia” publicada por D.G. sobre el asunto fue el 17 de noviembre de 2016, con reseña en la portada y artículo interior en página destacada. El autor, con la inestimable ayuda de sus habituales “fuentes policiales” (sin identificar, por supuesto), facilitaba para la reseña de la portada del día el siguiente titular:
Los ‘pichis’ se irán al Casco Viejo cuando los desalojen
Miembros del clan ya han inspeccionado varios pisos en la calle Santo Domingo
D.G. utilizaba la estrategia de, desde el primer párrafo de su relato, presentarnos su historia como verdad irrefutable, amparándose tanto en afirmaciones categóricas, como en sus pretendidas investigaciones:
Conscientes de que su desalojo es inminente, los ‘pichis’ han comenzado a buscar alternativas inmobiliarias en Vitoria. Según ha sabido este periódico, este clan planea instalarse en el Casco Viejo –también de ‘okupas’, por supuesto–
Cualquier persona que leyera lo anterior llegaría a la conclusión de que el ‘periodista’ había mantenido alguna conversación con la familia Manzanares-Cortés, quien habría decidido contarle sus planes. Con ello, D.G. no habría hecho más que cumplir lo estipulado en el punto 4 (Rigor y Contraste) del “Decálogo del buen periodista”:
Es nuestra responsabilidad escuchar a todas las partes y ser rigurosos a la hora de investigar y contar nuestra información. No debemos creer lo primero que escuchamos, debemos comprobarlo y hablar con otras fuentes no implicadas, como testigos, para contrastar la información.
Pero sucede que si así lo hubiera hecho, acudiendo a las fuentes directas, se habría quedado sin historieta truculenta que contarnos, porque tanto la familia Manzanares-Cortés de Abetxuko (los que aparecen como ‘pitxis’), como la familia Cortés de Santo Domingo (los ‘bartolos’) han negado públicamente esa posibilidad, cosa que hicieron ya el mismo 17 de noviembre:
Garantizaron que su intención es quedarse en Vitoria y apuntaron que no quieren vivir en una casa ocupada, si no que pretenden que las instituciones les permitan residir en una vivienda pública "pagando lo que haga falta". Según sus declaraciones, y a pesar de los movimientos detectados por los cuerpos policiales de la ciudad, no pretenden ocupar otra vivienda en Abetxuko ni en ningún otro barrio.
Vimos en la anterior entrada sobre esta cuestión que Mailén Alejandra Sassone (abogada, egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, especializada en Derecho Penal y docente de la asignatura «Elementos del Derecho Penal y Procesal Penal»), autora del trabajo titulado precisamente LA CRIMINOLOGÍA MEDIÁTICA, nos acercaba a la cuestión diciendo que:
Dicha criminología se originó en Estados Unidos y podemos definirla como “... la creación de la realidad a través de información, subinformación y desinformación mediática en convergencia con prejuicios y creencias, que se basa en una etiología criminal simplista asentada en la causalidad mágica.” (Zaffaroni & Bailone, 2014, p. 127)
Y eso es precisamente lo que hace D.G., quien, demostrando una vez más su mala praxis periodística, toma claro partido: no cree a la familia Manzanares Cortés, y da por buena la “información” de sus fuentes policiales anónimas, que aseguran lo contrario:
«Va a ser un show»
De completarse el desembarco de todos los pichis, llegaron a detectarse mas de una quincena en verano, medios policiales temen que esta zona del Casco Viejo se convierta «en un gueto». La razón está clara. Se juntarían dos familias engarzadas por su carácter problemático. «Si cada dos por tres vamos allí por los bartolos, imagínate si se unen los pichis. Va a ser un show», comparten agentes de ambos cuerpos policiales
Poco le importa que al día siguiente el portavoz de la familia afirme públicamente que:
«Lo único que quiero es una vivienda como todo el mundo, pagar la luz, el agua, lo que haga falta. No quiero vivienda ocupada, ni quiero ni pretendo. Que se mojen un poco las instituciones, que ya está bien. Encima se nos echan encima, cómo no vamos a coger miedo. Esto parece la Guerra de Vietnam»,
D.G. se agarra a sus prejuicios, y a través de su subinformación y desinformación, insiste en crearnos una realidad paralela, siempre avalada por sus informantes policiales anónimos:
Agentes de la Ertzaintza y de la Policía Local puntualizan que «como saben que no les darán ningún piso, al menos a corto plazo, planean mudarse a un piso ocupado en la calle Santo Domingo, enfrente de sus parientes, los ‘bartolos’
Por si ello fuera poco, días después, el 23 de noviembre insiste en la falsedad con una ¿información? que arranca con estos titulares:
Los 'bartolos' preparan ya un piso en el Casco Viejo para los 'pichis'
Varios miembros de este clan, comandados por la matriarca María, han tomado posesión de una vivienda que ya estaba ocupada tras conminar a los otros residentes ‘ilegales’ a mudarse
Decidido a poner toda la carne en el asador, en esta ocasión no se corta un pelo a la hora de inventar los detalles de la ‘operación’, incumpliendo con ello flagrantemente el primer punto del decálogo del buen periodista:
1. VERACIDAD.
Es el principio básico para cualquier periodista y medio de comunicación.
Las informaciones deben ser auténticas. El prestigio y el compromiso del periódico con sus lectores se fundamenta en narrarles los hechos tal y como son, sin engañarles ni publicar falsedades.
Pero la veracidad y el buen periodismo no parecen ser amigos de David González, como, ahora que sabemos la realidad, lo demuestra esta historieta que intentó hacernos creer:
Comandados por la matriarca María, varios ‘bartolos’ tomaron en la mañana de ayer posesión de un piso en la segunda planta del número 25 de la calle Santo Domingo. La vivienda ya estaba ocupada, pero conminaron a los otros residentes ‘ilegales’ a mudarse a otra vivienda de la primera planta. Una vez controlado el domicilio –que pertenece a una entidad bancaria–, «se dedicaron a subir cajas», deslizan fuentes policiales que vigilan sus movimientos.
En principio se cree que este clan «está preparando el piso para cuando los ‘pichis’ sean desalojados de Abetxuko». Esta supuesta operación responde a sus sólidos lazos consanguíneos. María es la madre de la esposa de Pedro Mari Manzanares, el patriarca de los ‘pichis’ en Abetxuko. Medios policiales manejan la información de que este grupo, ahora atrincherado en el número 54 de la calle El Cristo, se mudará al Casco Viejo cuando el Juzgado de Instrucción número 1 de Vitoria decrete su desalojo
Pasaron los días, los meses y los años, y la familia Manzanares Cortés nunca se fue a vivir a la calle Santo Domingo; ni a la vivienda ocupada que según D.G. le habían preparado sus familiares, ni a ninguna otra. Es más, no se fueron a vivir a ninguna vivienda ocupada, sino que, tal y como habían anunciado, comenzaron el periplo administrativo y legal (pasando por el albergue CMAS Centro Municipal de Acogida Social) hasta que les fue adjudicada una vivienda de Alokabide en otra zona de la ciudad. Exactamente lo que dijeron que iban a hacer. Exactamente lo contrario de lo que las falsas informaciones de D.G. y sus “fuentes policiales” nos habían intentado imponer como verdad. ¿Pidió perdón por ello D.G. a la familia afectada? ¿Se excusó ante las personas lectoras por haberlas engañado? ¿Dejó de utilizar el mecanismo de “su fuentes policiales” desinformadotas? La respuesta es un no absoluto a todas estas cuestiones. Lo que si dejó con su pésimo hacer periodístico es todo un manual de criminalidad mediática y la demostración palpable de la nula calidad de sus informaciones y la de sus fuentes policiales.
Alimentando la sensación de inseguridad con datos falsos
Otro de los rasgos que la experta Mailén Alejandra Sassone señala a la criminología mediática es el de crear una falsa realidad, que nos imponen:
La realidad fabricada por los medios masivos de comunicación es impuesta a la sociedad y pasa a formar de la vida cotidiana de la población, que es la realidad por excelencia y en la cual la conciencia se encuentra en su apogeo, lo cual dificulta mucho que la persona no actúe condicionada por ella y se logre abstraer
Esta es otra de las cuestiones en las que destaca D.G.. En la primera entrada de este blog que dedicamos a “David González (D.G. o @davidutti) el sensacional(ista) periodista policial de El Correo Álava”, demostrábamos cómo D.G., en su noticia del pasado 28 de mayo de 2025 sobre la delincuencia en Gasteiz en el primer trimestre de 2025, aportaba unos cuantos datos que no eran verdad, que eran falsos. Como vamos a comprobar con otro ejemplo más, aquello no fue un error, sino que se trata de una práctica habitual en D.G., que a través de esos datos falsos, inflados, sobre la delincuencia en Gasteiz, trata de alimentar una sensación de inseguridad, para imponernos una realidad que no es tal. Es otra de las herramientas que utiliza la criminología mediática.
Así, el 7 de diciembre de 2024 D.G. publicaba un amplio artículo encabezado con el siguiente texto:
Inseguridad en Euskadi
Vitoria ya soporta más de 48 delitos al día por el repunte de los robos y los ataques sexuales.
Los asaltos violentos y las agresiones a mujeres se disparan en los primeros nueve meses del año. La delincuencia crece en un 5,4%
48,6 delitos cada día. La cifra –extraída de las estadísticas oficiales de la Ertzaintza y la Policía Local– refleja el lento pero constante aumento de la inseguridad en la capital alavesa. Entre el 1 de enero y el 30 de septiembre, ambos cuerpos acreditaron por escrito 13.335 infracciones penales. Un 5,4% más que en el mismo periodo del año pasado (12.641 casos). El repunte de los robos –de fuerza (sobre patrimonio) y con violencia (a personas)–, sumado a los ataques sexuales a mujeres, apuntalan la deriva en materia de seguridad de una Vitoria que cada vez se asemeja más al resto de urbes españolas.
Y entre los entresacados o resaltados de la noticia figuraban estos:
Preocupación policial
Cada día, un vitoriano sufre un asalto violento en plena calle para quitarle el móvil o la cartera
48,6 delitos al día en Vitoria a lo largo de los primeros nueve meses de este 2024. Las 13.335 infracciones penales registradas entre la Ertzaintza y la Policía Local suponen un 5,4% más que en el mismo periodo de 2023 (12.641 casos).
58% de subida de los robos con violencia o intimidación. Hay constancia de 292. Es decir, a más de uno por jornada.
3.277 hurtos entre enero y septiembre. Un 0,1% menos que en 2023. Es el ilícito más numeroso, seguido de los delitos informáticos, con 2.572 infracciones registradas. Los robos con fuerza ocupan el tercer lugar, con 1.037 atestados, un 35% más.
Pues con la ayuda de los datos del Balance de Criminalidad del Ministerio de Interior (que computa datos provenientes de la Policía Nacional, Guardia Civil, Policías Autonómicas y Policías Locales, esto es, recoge más datos de los de D.G. que, según él se limitan a las estadísticas de Ertzaintza y Policía Local), comprobemos si es así, o si las estadísticas que dice manejar D.G. son tan poco fiables como sus habituales fuentes, o es el propio D.G., quien nos cuenta falsedades.
¡Sorpresa! Los datos de D.G., no se parecen nada a los del Balance de Criminalidad. D.G. nos habla de 13.335 infracciones penales entre el 1 de enero y el 30 de septiembre, y el Balance de Criminalidad dice que son muchas menos, 9.420; esto es casi 4.000 menos (concretamente 3.915, un 29,4% menos). Consecuentemente, los 48,6 delitos al día en Gasteiz que tanto repite D.G. tampoco son verdad, realmente son 34,4, lo que es sustancialmente menos.
Tampoco es verdad el dato por el que dice que ha preocupación policial, pues según D.G. “cada día un vitoriano sufre una asalto violento en plena calles para quitarle el móvil o la cartera” porque, como desarrolla en el artículo “Desde el 1 de enero hasta el 30 de septiembre, 292 personas denunciaron que uno o varios desconocidos les pararon en la calle y, tras pegarles o intimidarles, les arrebataron la cartera, el teléfono móvil u algún otro objeto personal”. Los robos con violencia e intimidación en la calle no fueron los 292 que dice D.G., sino que según el Balance de Criminalidad fueron 138 ¡menos de la mitad!, aunque, eso sí, ascendieron más de los que dice D.G. (él dice que un 58%, y lo hicieron un 79,2%). Tampoco es verdad que los hurtos hubieran sido los 3.277 que dice D.G., sino que según el Balance de Criminalidad fueron 2.777, es decir, nada más y nada menos que 500 menos. Finalmente, los robos con fuerza que D.G. dice que fueron 1.037 son el dato más alejado de la realidad, pues según el Balance de Criminalidad fueron muchos menos, en concreto 224, ¡lo que supone que D.G. los ha multiplicado casi por 5! El único dato de los que aporta en el titular y los destacados que recogemos, es el de los delitos informáticos, que, además, es también el único en el que el dato que aporta D.G. es inferior al del Balance de Criminalidad. D.G. da la cifra de 2.572 y el Balance dice que fueron 2.638.
Con todo lo visto ¿cómo nos vamos a creer cualquier cosa que nos cuente D.G., por mucha fuente policial que nos cite? Eso sí, no hay que perder de vista el comentario que hace en la entradilla. A pesar de los infladísimos datos que nos aportan, tiene que concluir el primer párrafo diciendo que Gasteiz “cada vez se asemeja más al resto de urbes españolas”, lo que es una forma muy retorcida de reconocer que en nuestra ciudad la delincuencia no es, al menos en comparación con el resto, una cuestión grave. A lo que tendríamos que añadir que si hay parte de la población con sensación de inseguridad, en buena parte se debe no a la realidad, sino a la deformación de la realidad que trasmiten los periodistas y medios que como D.G. practican la criminología mediática.
Pero esa criminología mediática también se caracteriza por lo que se denomina “crear la otredad” que, en palabras de Mailén Alejandra Sassone se explica así:
En el discurso mediático se observa una íntima relación entre pobreza y delincuencia. Quienes encarnan la violencia, el delito y la inseguridad son los pobres y dentro de ellos en especial los jóvenes. En consonancia con ello, la pobreza es concebida como una fábrica de delincuentes: “…sujetos que con ¨otra cultura¨, ¨otros valores¨, sin educación, sin trabajo, ¨sin perspectivas futuras¨, encarnación de la otredad, entonces, jóvenes-pobres que, en el proceso de conformarse en adultos, producen y reproducen la inseguridad.” (Galvani et al., 2010, p. 89)
Pues bien, en próximas entradas analizaremos cómo David González, D.G., condena a la otredad más descarnada a una serie de colectivos: ocupas, migrantes jóvenes (especialmente magrebíes), supuestas bandas delictivas juveniles y familias gitanas; así como a zonas concretas de la ciudad: Casco Viejo, Errekaleor y Coronación, principalmente. Y, claro, también en próximas entradas analizaremos las razones para que lo haga.

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