Imagen tomada de : https://i0.wp.com/redlatinasinfronteras.files.wordpress.com/2022/05/asambleas-populares-2022-byn.jpg
(…) De este modo, en el marco de este
balance, extraemos una serie de aprendizajes: uno de ellos, gira en
torno a la necesidad de reconocer lo naturalizado de las “viejas”
prácticas políticas en nuestras formas de relación en los procesos
colectivos, por más que se desee o diga lo contrario. En ese
sentido, resulta importante hacer visibles estas dinámicas, de
manera abierta y colectiva para transitar a ese otro mundo que
queremos. Y de modo particular, alentar cambios en términos
tridimensionales: a nivel interno e individual, colectivo y externo.
Otro aprendizaje, aunado a lo anterior, es
que la falta de reconocimiento de estos aspectos está relacionada
con una indisposición a llevar a cabo revisiones críticas de
nosotrxs mismxs. Pero, también a la falta de mecanismos para
reconocer abiertamente las diferencias y desigualdades de clase, de
capital cultural, de género, de raza, entre muchas otras.
Ciertamente, la horizontalidad encubrió las
jerarquías y desigualdades del hacer colectivo. Solo algunas de
ellas se pudieron problematizar, pero no se pudo ir más allá y
avanzar en la elaboración de una lectura crítica más amplia de las
relaciones de poder, necesaria en JRA y otros espacios autónomos. En
particular, se hace necesario asumir el peso de los liderazgos en la
toma de decisiones y cómo esto genera inequidades políticas, aun
cuando se ponen en juego métodos para tomar decisiones por consenso.
En este sentido, cobra importancia pensar
qué tanto el consenso garantiza en sí mismo una decisión
democrática.
(Del texto de Mina Lorena Navarro y Carlos Federico Piñeiro El
mundo que teníamos y el mundo que queríamos. Claves para pensar la
experiencia de Jóvenes en Resistencia Alternativa (JRA) y su apuesta
de horizontalidad y autonomía urbana)
Quienes hayáis
seguido con alguna frecuencia las entradas de este Iraultzak
Lagunduz, habréis podido
comprobar que (siempre desde la perspectiva de cómo acompañar o
ayudar a esas irualtzak) dos de las cuestiones que más preocupan o
interesan a la persona que escribe los textos que se cuelgan son, por
un lado, la trasmisión intergeneracional y, por otro, la revisión
crítica de las principales herramientas que tiene el movimiento
popular, para no dejar que se oxiden o desajusten por el paso del
tiempo, o porque aparezcan nuevas herramientas que recomienden
sustituir a las anteriores.
Teniendo
lo anterior en cuenta, podéis imaginaros la felicidad que nos supuso
encontrar un texto como el reseñado en la entradilla, El
mundo que teníamos y el mundo que queríamos. Claves para pensar la
experiencia de Jóvenes en Resistencia Alternativa (JRA) y su apuesta
de horizontalidad y autonomía urbana,
que aborda estas dos cuestiones. Y, además, una de las personas que
lo escribe, Mina Lorena Navarro, es una de las encantadoras locas
entramadas de
Horizontes
Comunitarios (Lucía
Linsalata y Raquel Gutiérrez)
de las que tanto aprendemos (a finales del año pasado han publicado
un nuevo libro, Apostar por lo Común en un mundo dañado)
y a las que venimos siguiendo y difundiendo sus textos desde los
tiempos de nuestro anterior
blog kutxikotxokotxikitxutik.
Hoy
no vamos a centrarnos en el magnífico ejemplo de trasmisión
generacional que supone el texto de Mina Lorena y Carlos Federico
(aunque lo recomendamos vivamente, tanto para conocer la más que
interesante historia de Jóvenes en Resistencia Alternativa JRA, como
para ver que la trasmisión generacional se puede llevar a cabo en un
texto no demasiado amplio), pero sí vamos a detenernos
en la otra temática que aborda, la de la revisión crítica de la
horizontalidad, hecha, además, desde el testimonio propio y concreto
de Mina Lorena y Carlos Federico en la JRA. Añadiremos
también otras reflexiones sobre la horizontalidad de otros textos de
Mina Lorena.
Como
ello va a suponer ya una entrada extensa, vamos a dejar para una
segunda parte una serie de
referencias a otro texto recientemente republicado (y que no
conocíamos con anterioridad) por un grupo de mujeres
antimilitaristas, Mujeres de Negro, quienes, desde su experiencia
concreta, han reflexionado y plasmado en el texto La
horizontalidad como una de las señas de identidad de Mujeres de
Negro contra la guerra,
desde su apuesta evidente por
la horizontalidad, muchas de las cuestiones problemáticas que
plantea
Finalmente,
y en esa misma segunda parte,
procurando dar un paso más,
vamos a intentar acompañar esas
revisiones
crítica desde la aportación de nuestra propia experiencia (eso es
parte de la trasmisión generacional que pretendemos impulsar), la de
alguien, en este caso quien esto escribe, que en su actividad
militante en variados colectivos de los que apostaban o apuestan por
la horizontalidad, reconoce abiertamente haber contado con no pocos
de esos llamados privilegios que cuestionan las voces críticas con
la horizontalidad. Aunque mi lectura de las causas y razones no
coincida del todo con esas voces críticas. A ver si conseguimos
hacer un texto que pueda ayudar a futuras reflexiones
intergeneracionales sobre la horizontalidad.
La
Horizontalidad siempre a debate (afortunadamente)
La
horizontalidad, como método de organización de los movimientos
populares asamblearios, al menos en nuestro contexto geográfico
político, Euskal Herria, ha sido una de sus características más
representativas desde hace al menos 4 décadas. Pero
fuera de ese marco inmediato, no
pocas de las revueltas populares que se dieron en torno a la toma de
plazas en diferentes partes del mundo, también
hacían de la horizontalidad
una de sus señas de identidad. En ocasiones hasta el extremo de
convertir la horizontalidad en un fin en sí mismo, cayendo en una
especie de postulado al que podríamos denominar Horizontalismo. Ese
horizontalismo ha sido abiertamente criticado desde fuentes
anarquistas, tal y como
recoge este párrafo del
texto de Mark Bray titulado Horizontalismo:
Anarquismo, Poder y Estado:
(…) es evidente que aunque el anarquismo
es inherentemente horizontal, el horizontalismo histórico de los
últimos años es una entidad fluida que ocasionalmente promueve
valores e ideas que están en desacuerdo con el anarquismo como
resultado de su ideología minimalista y «anti-ideológica». Aunque
algunos anarquistas y otros han caracterizado al anarquismo como
«anti-ideológico» también, la historia del movimiento muestra que
la mayoría de sus militantes y teóricos lo han visto como una
doctrina sólida, aunque flexible, anclada en un conjunto de
principios anti-autoritarios. Esto contrasta fuertemente con la
tendencia posmoderna predominante de los defensores del
horizontalismo, que lo ven como un conjunto maleable de prácticas
desconectadas de cualquier centro político específico. Este enfoque
«anti-ideológico» en la forma sobre el contenido, es decir, su
énfasis en cómo se toman las decisiones sobre lo que se decide, ha
creado tensiones significativas en el contexto del horizontalismo
popular más o menos espontáneo para los anarquistas que apoyan la
organización de masas y esperan las aperturas políticas
proporcionadas por tales movimientos. Dado que el horizontalismo
intenta divorciarse de la ideología, sus estructuras y prácticas
son susceptibles de resignificarse en direcciones decididamente no
horizontales, como la participación en el gobierno representativo.
Ese
mismo debate se recogía ya hace algunos años en Argentina, donde no
pocos de los movimientos populares surgidos con la revueltas
populares, piquetes, caceroladas, tomas de empresas y demás
iniciativa surgida al calor del ¡Que se vayan todos!,
habían encontrado en la horizontalidad la manera más adecuada para
organizarse. Veamos por ejemplo lo que se planteaba en el conocido
programa de radio Después
de la deriva al analizar la
cuestión ¿Horizontalidad u horizontalismo?: