Cada vez somos más las personas que nos rebelamos contra el abismo que quieren imponernos y sus falsas soluciones para mantener el mismo sistema patriarcal, capitalista y colonial que nos ha abocado a la actual crisis económica, social y ecológica.
Nos organizamos tomando como referencia la articulación histórica de luchas colectivas que, aquí y en todas partes, han confrontado y confrontan las raíces, los impactos y las consecuencias del mal entendido “progreso del norte global”.
Actuamos para recuperar el futuro, imaginamos la convivencia y el trabajo conjunto de diferentes culturas y cosmovisiones, y nos solidarizamos por donde la resistencia a la devastación capitalista germina, brota y se expande.
Nos reforzamos para enfrentar la complejidad del momento actual, rompemos con la frustración de la falta de futuro, y sembramos la confianza en un presente que queremos nuestro.
Somos la tierra que se subleva. La que se defiende, transforma y celebra para reapropiarse del presente y construir nuevos horizontes de vida plena.
Queremos terminar con la destrucción sistemática de la vida, con las industrias ecocidas y la artificialización de la tierra. No nos conformamos con hacer cumplir sus leyes, apostamos por cambiar la cultura que las legitima y articular, así, nuevas formas de lucha. Abordamos el conflicto jugando con la composición de diferentes estrategias y prácticas de lucha desde el compañerismo.
Trabajamos con y para la diversidad de colectivos y personas organizadas en todo el territorio con el principio común de la defensa de la vida y de los medios para sostenerla.
(Traducción mecánica del Manifiesto inicial de Revoltes de la Terra)
El pasado abril una persona amiga de toda confianza fue invitada a tomar parte de una de las mesas de debate que iban a tener lugar en la Segunda Germinación de Revoltes de la Terra. Esta persona amiga estuvo allí y nos contó cosas muy interesantes de esta “articulación o marco de trabajo” (luego entraremos a esos términos) surgida en 2025 en los Països Catalans, y de lo relativo a esa Segunda Germinación. Como nos decía esta misma persona amiga (y estamos muy de acuerdo con ella), « Desde luego, ser capaces de montar una infraestructura y una logística , de acampada, lavabos, cocina, suministro de agua y alimentos, etc. para tres mil personas, no es algo que sale de la nada; hay una labor de coordinación entre colectivos y comunicación permanente que denota una generosidad y creatividad colectiva que es, en mi opinión, el punto fuerte de la movida». No obstante, nuestras dudas eran si, además de la demostrada capacidad de organización de las Germinaciones (la de 2025 había tenido características parecidas en ese sentido), los grupos y personas que lo hacían posible tenían una realidad de trabajo mantenida durante el resto del año. Por otro lado, si era organización popular o había algún tipo de fuerza política impulsando o sosteniendo la iniciativa. Y, finalmente, qué tipo de personas componían el perfil mayoritario entre las asistentes. Las respuestas de nuestra amiga de la que, insistimos, nos fiamos totalmente, fueron:
La composición personal de la acampada es, como decía un amigo, de gente “ilustrada” (joven y precaria, pero no precisamente la más desfavorecida socialmente), pero también hubo participación de representantes de comunidades indígenas latinoamericanas y exiliadas y refugiadas aquí.
Sí que había gente mayor pero era una minoría, al menos en lo que aprecié el domingo; lo que predominaba era la franja 30/40. Es la generación que tiene una experiencia adquirida y que explica su capacidad de hacer. En cualquier caso, no era un acontecimiento como los que desgraciadamente acostumbran a hacerse en la ciudad, donde todo es simbólico festivo y la media de edad es de geriátrico.
Te preguntas dónde está aquella gente el resto del año. Pues, en las y los que conozco no paran; están preparando esos encuentros y sobre todo interviniendo en la escala local, consolidando acciones y relaciones. Hay un tejido difuso de pequeños núcleos urbanos y neorrurales; es un trabajo discreto pero que, en mi opinión, explica el éxito de estas convocatorias, incluidas las más amplias de las ciudades.
Aunque pueda haber aparatos políticos con las intenciones recuperadoras de siempre detrás de estas iniciativas (la CUP o lo que quede de ella), la propia dinámica del movimiento, el espíritu que alienta y su manera de hacer colaborativa difusa, hace difícil su instrumentalización en la política institucional; otra cosa es que, como viene siendo habitual de la izquierda redentora del capital, lo saboteen si no ven rentabilidad política para sus aparatos de representación.
Posteriormente, hemos conocido también la detención (de la que poco ha llegado a los medios vascos) de algunas de las personas que tomaron parte en alguna de las acciones directas que tuvieron lugar durante el desarrollo de esa Segunda Germinacion, y que son acusadas, entre otros cargos, de pertenencia a grupo criminal. Todo un indicativo.
Así que, por todo lo ya comentado, nos ha parecido tan necesario como interesante pararnos a conocer esta iniciativa, recogiendo tanto sus rasgos más definitorios como alguna de las controversias que su nacimiento ha generado en algún ámbito concreto del movimiento libertario.
Nota: como la mayoría de los textos están en catalán, vamos a intentar ofrecer tanto los enlaces a los textos originales, como la traducción mecánica de los mismos.
Aparición de Revoltes de la Terra y textos definitorios iniciales
La primera referencia aceptable en castellano de la aparición de Revoltes de la Terra la hemos encontrado en esta traducción al castellano realizada por El Salto sobre una noticia publicada originalmente en catalán en La Directa (10-02-2025):
Nace el movimiento Revoltes de la Terra para impulsar grandes movilizaciones ecologistas
Cincuenta organizaciones en defensa del territorio de los Països Catalans participaron en el acto de presentación de la nueva confluencia de luchas para hacer frente al colapso ecosocial. El encuentro tuvo lugar el 25 de enero en el centro social La Llavor del Prat de Llobregat.
A partir de ahí, en busca de los textos que nos puedan orientar en la caracterización de Revoltes de la Terra, hemos acudido a su propia página web. Ahí, para empezar, hemos fijado nuestra vista en el Manifiesto inicial, del que hemos encontrado una traducción en indymedia, que por su importancia y no demasiada extensión, reproducimos a continuación (excluidos los párrafos que ya hemos ofrecido en la entradilla inicial):
Manifiesto
“En los tiempos que corren caemos a menudo
en el desánimo y la angustia”.
El mundo está amenazado: se
han roto los equilibrios biofísicos que mantienen el planeta en unos
márgenes habitables y se suceden, cada vez con mayor frecuencia e
intensidad, sequías, aguaceros, inundaciones, incendios, huracanes…,
mientras proyectos ecocidas siguen poniendo en riesgo nuestras vidas
y el futuro de la humanidad. El capital no duda en sacrificar a
personas y ecosistemas necesarios para la vida, para seguir
creciendo. Se agravan la violencia, las injusticias, el racismo y la
colonización de los territorios comunes. La extrema derecha se
esparce aprovechando y profundizando el deterioro acelerado de los
valores comunitarios. La civilización se tambalea en una crisis que
se retroalimenta.
La urgencia de la situación es evidente y
pasar a la acción es una responsabilidad colectiva, una pulsión
irrefrenable: la defensa radical de la vida.
(…) Cada acción local en defensa de una ribera, de una vivienda, de un pedazo de bosque, de una fuente milenaria, de una playa, de una plaza habitable, de una zona de cultivo o contra una carretera, necesita y merece el apoyo de todo el movimiento, aquí y en todas partes. Porque todas y cada una de estas luchas son la misma: la lucha por la vida digna. Nos articulamos desde reconocernos múltiples y diversos, interseccionales, pero con un objetivo común, y desde la complicidad y compromiso absoluto de sabernos en el mismo frente.
Pero no sólo nos conformamos con la confrontación. Nos reapropiamos de lo común, que nos pertenece a todas ya nadie. Habitamos la tierra que somos y defendemos. Habitar es arraigar el espacio desde relaciones no mediadas por el mercado; hacemos crecer diferentes formas comunitarias en un mundo de aislamiento; reconectamos entre nosotros y con la tierra desde un sitio de cooperación e interdependencia. Es una hiedra de vínculos tejida fuera de toda lógica productivista. Es reanudar la ilusión con nuestras manos injertadas en el territorio, intentar regar con cuidado autónomo la diversidad de formas de vida. Habitar es la fuerza de la corriente de un río con dos vertientes: las iniciativas fuera de los tentáculos del sistema y la soberanía que éstas generan, imprescindible para hacernos cargo de nuestras vidas y hacer frente a la desposesión capitalista.
Nuestra acción puede ocurrir en cualquier territorio donde la resistencia organizada se opone a la amenaza ecocida. En complicidad con esta resistencia tejemos estrategias diversas y complementarias: investigación y denuncia, ocupaciones, organización de espacios de encuentro, bloqueos físicos, desmantelamientos; así como la creación de infraestructuras populares, tanto de resistencia como de alternativa al desarrollismo, trabajando para generar una retaguardia de cuidados que garantice el bienestar de todas y la participación de colectivos demasiado a menudo menospreciados. Apostamos por recuperar la tierra construyendo autonomía para hacernos cargo de nuestras necesidades vitales.
Desde el combate contra el turismo en Mallorca en los parques eólicos de Castellón, pasando por la MAT de Girona y el Pirineo que detiene los Juegos Olímpicos o los campos de golf de la Marina Alta. Luchamos en Ponent contra las macrogranjas, en el Camp de Tarragona contra el extractivismo energético y la condena a ser zona de sacrificio. Territorios diversos que compartimos una historia, una tradición de lucha y una lengua. Lo hacemos aquí sabiéndonos parte y solidarizándonos con las luchas de todas partes.
Reapropiámonos del presente y construimos juntas nuestro futuro. Rehabitar nuestras formas de pensar, luchar y ser todo con lo que sostiene la vida: de eso hacemos nuestro horizonte de esperanza compartida.
La situación requiere actuar ya, aquí y ahora.
Somos Revueltas de la Tierra
Somos la Tierra que se subleva.
En la web, junto a ese texto del Manifiesto, hay diversos textos, en general más breves, que ayudan a caracterizar mejor la iniciativa. Por ejemplo, el titulado Som la terra que es revolta, cuya traducción (mecánica) sería:
Somos la tierra que se subleva
Somos el territorio defendiéndose de ser un mero paisaje a contemplar, una reserva natural a visitar, un vertedero de residuos o un lugar de extracción de recursos. Somos la tierra que se subleva no solo contra las infraestructuras del desastre sino contra el sistema que las necesita. Un mundo basado en la explotación, la desposesión, el individualismo y el androcentrismo.
Somos la tierra que se subleva para reconstruir una comunión armónica, no exenta de disensos, una relación recíproca y orgánica entre vidas que comparten un mundo. No aspiramos a gestionar ni a salvar el territorio, sino a autogestionar la forma en cómo lo habitamos.
Somos la tierra que se subleva para recobrar unos biorritmos en sincronía con los ciclos vitales del suelo, el mar y el cielo. Desde la interdependencia, la cooperación y la solidaridad entre organismos. Aprendemos y retomamos, sin idealizarlos, los saberes del mundo rural que nos preceden y nos arraigan en la tierra que somos.
En otro de esos textos nos hablan sobre la Dinàmica de lluita:
Dinámica de lucha
La dinámica de lucha es la propuesta organizativa y de intervención que queremos ensayar. Es una hipótesis en movimiento, que se construye en gerundio mientras se mueve. Como una bandada de aves, unidas por el vuelo, capaces de dispersarnos y recomponernos, adaptadas al viento.
La dinámica de lucha que iniciamos consiste en poner en marcha potencias de acción política en torno a tres ejes: habitar, confrontar, afilar. Habitar el territorio-cuerpo, confrontar las infraestructuras del desastre, afilar el relato y las acciones. Poner en marcha una rueda movida por impulsos creadores y destituyentes, desde la autocrítica y la confianza. Es hora de revolucionar el motor de las luchas y dejar de ir a marchas forzadas.
La dinámica de lucha quiere ser un catalizador de energías que puedan focalizarse en un conflicto local al tiempo que pone de manifiesto su conexión con la devastación del sistema tecnoindustrial en su conjunto. Encontrarnos para cuidarnos y volvernos peligrosas juntas, contra la suciedad de un mundo en declive y por el entusiasmo de una vida en erupción.
No es una coordinadora de colectivos, ni un grupo de afinidad, ni una plataforma de entidades, ni una lista de adhesiones simbólicas. No representa ni se erige en altavoz de los movimientos en defensa de la tierra frente al Sistema. Tampoco aspira a sustituir al puñado de iniciativas existentes, ni a lograr una univocidad de discurso. La intención es poner al servicio de las luchas una red de vínculos, herramientas y fuerzas que permitan trascender sus límites.
Más bien, la dinámica de lucha busca promover el despliegue de posibilidades que rompan con la apatía del «no hay alternativa» al tiempo que interrumpen el sentido del mundo con el fomento de la diversidad de tácticas. Un conjunto de recursos logísticos, operativos y relacionales que se pueden activar allí donde haya resistencia a las amenazas que afrontan el territorio y la vida.
Una gama de herramientas replicables en todas partes donde se abran brechas para conspirar, respirar juntas, un presente de alegría colectiva.
Si necesitamos querer lo imposible, nos urge hacer lo deseable.
Y en otro más nos definen otro aspecto importante, Com funcionam :
Cómo funcionamos
Partimos de una propuesta organizativa y de intervención que queremos ensayar, que entendemos como dinámica y que pretende tener una mirada amplia hacia la multitud de conflictos que amenazan el sustento de la vida. Tanto en términos materiales como relacionales, con la capacidad, al mismo tiempo, de centrarse en un conflicto concreto y territorializado.
Por eso nos convertimos en un organismo en constante movimiento, adaptación y crecimiento, que periódicamente determinará de forma colectiva dónde poner el foco. A partir de aquí, convertirnos en unidad con la tierra amenazada, tejer vínculos y complicidades, reforzar alianzas y hacer frente a los ataques «todas a una» desde la diversidad y la alegría. Desde sembrar nuestros cuerpos y materializar otra forma de habitarla mientras alimentamos imaginarios de los otros futuros posibles y deseables que sabemos que ya podemos construir hoy.
Nos articulamos para desplegar diversas tácticas: recursos logísticos, operativos y relacionales que creamos, construimos y de los que nos apropiamos para ensayar otras formas de habitar la tierra a la que pertenecemos y que, a su vez, nos habita.
El ecosistema Revoltes de la Terra se reúne periódicamente para intercambiar conocimientos y habilidades, así como para evaluar en comunidad el estado de las diferentes luchas que conviven en él. Se habla, se come, se conspira en el sentido original del término («correspirar») y, cuando el conjunto de voces del corazón lo considera oportuno, se decide dónde encontrarnos. Concentrar las fuerzas y dinámicas en un territorio concreto en relación con una agresión y una autodefensa igualmente concretas. Nos reunimos para habitarlo y afilarlo, con el fin de reforzarlo y llevarlo colectivamente a su máximo potencial.
Se pueden encontrar textos también sobre su composición (Composar), sobre su apuesta por la confrontación (Confrontar) o por el “afilar” (Esmolar) y el habitar (Habitar)
Polémica en algunos sectores libertarios catalanes
Buscando los contenidos y las actividades de Revoltes de la Terra, nos hemos encontrado con una polémica relacionada con esta “articulación”. Polémica que, hasta donde hemos podido conocer, surge de la mano de una de las personas referentes del movimiento libertario catalán, Miquel Amorós, quien incluso con anterioridad a la primera Germinación convocada por Revoltes de la Terra, y tan solo dos meses y medio de su aparición pública, sorprendía con un texto, casi una soflama, contra la misma iniciativa. El texto, en teoría elaborado por Amorós para la la charla en la Jornada Campestre de Kan Pasqual (Serra de Collserola, Barcelona) el 27 de abril de 2025, se titulaba “La tierra que se subleva de broma”, y en lo que respecta a sus críticas a Revoltes de la Terra, recogía principalmente los siguientes párrafos:
Fue muy oportuna la aparición en enero de este año de “Revoltes de la Terra” tras dos años de reuniones y encuentros, batallando por una alternativa comunitarista, definida como una “hiedra de vínculos exterior a la lógica productivista.” Justo era de esperar un análisis panorámico del momento crítico en el que nos encontramos y un programa contundente de movilizaciones, pero nuestro gozo en un pozo. El lenguaje empleado en su manifiesto era retórico a más no poder, lleno de vaguedades y lugares comunes del posmodernismo, muy por debajo del ecologismo más elemental. Para empezar esa “tierra que se rebela” que deseaba “promover un despliegue de posibilidades” y “edificar una trama de pasiones, soberanías y métodos”, no se definía como coordinadora, ni como plataforma, ni como grupo impulsor: era más bien “un entramado de lazos”, “un conjunto de recursos logísticos, operativos y relacionales”, “un abanico de herramientas replicables en cualquier lugar.” Era pues un pelotón de gente buenrollista de orígenes diversos con pocas ideas en común y ninguna perspectiva a medio plazo, por lo que no era de extrañar que presumieran de “diversidad estratégica”, aunque mejor hubieran debido alardear de cautela, tibieza y manga ancha si iban a inspirarse en el trabajo comedido de plataformas blandas del estilo SOS Territori y “Salvem.” Pero donde las alarmas se disparaban era cuando declaraban buscar el refuerzo de “entidades como Ecologistas en Acción” y “seguir los impulsos” de sospechosos montajes como Extinción Rebelión o los “Soulevements de la Terre”, tan cuestionados por los libertarios.
(…) Volviendo a los asuntos catalanes, resulta obvio que la fórmula SDT subyace en las “Revoltes de la Terra”, bien que el lenguaje de su manifiesto siga más a la “french theory” que al zadismo titiritero. Sin duda, el componente juvenil metropolitano tendrá algo que ver, aunque no pensamos que actúe como un comité central. No ha realizado su aprendizaje en la escuela de la ZAD, sino en aquellas apacibles movidas boyscout de inspiración toninegrista. En fin, las susodichas Revoltes aportan una ambigüedad aún mayor en su posicionamiento, una estrategia del montón más exagerada y una falta de criterio total a la hora de juzgar la situación catalana bajo la batuta del capital. Su beligerancia con las instituciones y los partidos parece nula, por lo que las acciones que los “Soulevements de la Terre” llaman “dinámicas”, es decir, los sabotajes y enfrentamientos, no están ni se las espera. Estos rebeldes de la tierra pasados por agua no son para nada insurreccionalistas, y por lo tanto, no buscan apuntarse tantos con el sensacionalismo que despiertan las acciones violentas como las que hubieron en Nôtre Dames des Landes y en Saint Soline, por lo que probablemente no irán mucho más allá de reivindicar un diálogo con la administración, directo o más bien indirecto. Ojalá nos equivoquemos. A la hora de la verdad, si la radicalización de turbulencias tales como el movimiento por la vivienda, el antiturismo o el de los gremios campesinos no lo remedia, su discurso no diferirá del de las plataformas ciudadanas, puro pragmatismo de bajo nivel en conformidad con los intereses materiales de las clases medias. Su actividad no pasará del típico pacifismo convivencial de amigables excursiones y acampadas, talleres de sardanas y banquetes populares. Esto es lo que creemos, aunque no nos gustaría tener razón.
Leído el texto en su conjunto, en realidad la parte dedicada a la crítica a Revoltes de la Terra es bastante secundaria en extensión, por lo que tenemos la impresión de que Amorós utiliza la excusa de la presentación de Revoltes de la Terra y sus textos y Manifiesto inicial para, principalmente, arremeter contra una serie de luchas e iniciativas de muy distinto pelo, como Ecologistas en Acción; Extinción Rebelión, el Comité Invisible o los Soulevements de la Terre o luchas concretas como las ZAD de Nantes y de Nôtre Dame des Landes. Aunque, probablemente, la razón de fondo sea dar contestación (sin citarlo) a otro peso pesado del movimiento autónomo catalán, Santiago López Petit, quien el 14 de marzo había publicado en Zona de Estrategia un texto titulado Cómo dejar de ser víctimas de la espera. Acerca de Las sublevaciones de la tierra, en el que hacía una valoración muy distinta sobre “Soulevements de la Terre”, y días después publicó en El Critic una versión sobre el mismo en catalán, a la que había añadido la siguiente entradilla:
Sobre Les Soulèvements de la Terre (Les Revoltes de la Terra), un moviment d'acció directa que combina l’alegria i la desesperació per aconseguir, almenys, petites victòries que empenyin a seguir endavant
No es el objeto de esta entrada analizar a fondo esta polémica, digamos simplemente que si poco aceptable nos parece el tono de algunas de las afirmaciones de Amorós, menos nos lo parece el hecho de que no pocas de ellas sean elucubraciones sobre lo que el autor cree que va a terminar siendo Revoltes de la Terra, aunque, como decimos, todavía no hubiera ni iniciado su primera Germinación, y aunque Amorós nos diga varias veces que desearía estar equivocado. En cualquier caso, otro tono hemos encontrado en algunas de las contestaciones que desde el propio mundo libertario ha recibido el texto de Amorós. Por ejemplo, una breve publicada en Briega en junio de 2025 y titulada Unas reflexiones sobre las revueltas de la tierra, en la que se dice:
Hubo un escrito de Miguel Amorós que suscribo ampliamente y que se títula: La tierra que se subleva de Broma. Era referente y previo a la de Tarragona, a la que acudieron gentes de muchos rincones del planeta, como en menor escala en Álava. Creo que se anticipó en el punto de creer que sería frívola, superficial, hedonista, banal y fiestera. Bajo mi punto de vista, ambas acampadas tuvieron una enorme coherencia e implicación.
Y otra bastante más extensa, publicada en Redes Libertarias a finales de agosto de 2025, firmada por “Algunas antiautoritarias que habitaron Mont-Roig del Camp” (lugar de la primera Germinación), con el título de La teoría que critica de broma. Una respuesta a La tierra que se subleva de broma, y al que pertenecen estos párrafos, que seguro que os animan a leer el texto completo:
Desde estas líneas queremos poner en relación nuestra experiencia en el encuentro de Revoltes de la terra y la lectura de sus escritos con la crítica elaborada en el texto de Miquel Amorós. El texto de Amorós ha suscitado bastantes conversaciones, reflexiones, comentarios y exabruptos entre compañeras que lo hemos compartido, tanto como para dar un testimonio más compacto. Del mismo modo, consideramos importante que la versión del compañero Amorós no sea la única que circule entre los ambientes libertarios, más aún teniendo en cuenta la autoridad que acompaña su nombre. No pretendemos entrar en una defensa incondicional de Revoltes, ya hay otros tiempos y espacios para el necesario trabajo de crítica-autocrítica, pero sí hacer un ejercicio de dilucidación e impugnación de los términos de la conversación iniciada por Amorós. Desde el ánimo de confrontar posturas, ampliar el debate y desembrollar la madeja, queremos contribuir a la discusión.
Separar el grano de la paja
Reconocemos que para muchas de nosotras, Amorós es un referente teórico indispensable. Sus aportaciones a la historia revolucionaria, la ingente tarea de traducción, la crítica del mito del progreso y la tecnociencia, la confrontación del ciudadanismo, la denuncia del ecologismo de Estado y el capitalismo verde o los diferentes análisis sobre el conglomerado de nocividades existentes, han estimulado nuestro pensamiento a lo largo de los años. Así mismo, su buena disposición a hacer charlas y textos siempre ha sido de agradecer. De hecho, las que suscribimos este texto nos consideramos deudoras del pensamiento antidesarrollista que Amorós ha contribuido a difundir.
(…) En la línea de la tradición antiindustrial el autor no deja títere con cabeza. Su forma de criticar, muy influida por el arte del insulto y la arrogancia del situacionismo1, está basada en la generalización, la ridiculización y el desprecio. En cuanto al análisis de los escasos textos de Revoltes, domina la tergiversación interesada, argumentos falsos y ataques personales. El estilo discursivo se asemeja más al de un cuñado refunfuñador que no al de un teórico revolucionario. La crítica solidaria o cómplice brilla por su ausencia. En cierto modo, el texto se encuentra más cerca de la tragicomedia que no de la crítica social. Presenta una galería de retratos morales, juzga, no analiza. Creemos que en vistas de las pocas o nulas victorias que ha logrado el movimiento antiindustrial, se debería ser más humilde y honesto en la emisión de ciertos juicios.
(…) Tenemos que tener presente que el texto de Amorós se difundió unos días antes de la acción de Revoltes. Durante el tiempo previo, no nos consta que el autor haya querido hacer llegar a los círculos próximos a Revoltes sus críticas por otras vías como si sabemos que han hecho otros colectivos en un espíritu más constructivo y dialógico. Además del patinazo que supone juzgar un movimiento antes de que ni siquiera se mueva, el autor incurre en varias descalificaciones y mentiras que no sabemos si se hacen desde la desinformación o desde una clara voluntad de deslegitimar. Tenemos sospechas de que, más bien, es el segundo caso. Por desgracia, una práctica comunicativa propia de la sociedad del clickbait, la superficialidad informativa y las relaciones impersonales que reinan a nuestro alrededor. Sin que todavía hubiera pasado nada, el autor ya se aventura a catalogar la iniciativa como «pelotón de gente buenrollista de orígenes varios con pocas ideas en común y ninguna perspectiva a medio plazo». De aquí deducimos que no conoce a quién forma parte y que no se ha informado bastante. Al leer el texto, un compañero dijo «la policía del pensamiento crítico dispara y después ni pregunta» a lo que otra respondió «he visto informes policiales mejor fundamentados».
Las dos Germinaciones llevada a cabo hasta el momento
Volviendo a la cuestión central de esta entrada, Revoltes de la Terra ha llevado hasta el momento dos grandes movilizaciones con múltiples contenidos, eso que denominan Germinaciones.
La primera Germinación tuvo lugar entre el 2 y el 5 de Mayo de 2025 en Mont-roig del Camp (Tarragona) , tres días de protesta contra la instalación de la planta de Lotte Energy Materials, a la que señala como una más de las industrias que hacen del Camp de Tarragona una «zona de sacrificio». El gran consumo de agua y la ubicación, en terreno agrario y sobre un acuífero, entre las principales críticas que recibe el proyecto de la transnacional coreana, dotado con más de 60 millones de fondos públicos. Denuncian que esta parte del país es tratada como «una zona de sacrificio»: «sufre un intenso expolio de sus recursos con la industria química, la nuclear, los vertederos más grandes y el turismo de masas», exponen portavoces del movimiento. «Ahora, la de Lotte se presenta como una empresa estratégica dentro de la transición verde, pero lo que hace es repetir el modelo que existe desde los años 80 y no tiene en cuenta los límites del planeta», defienden.
En la acampada tomaron parte unas 1.000 personas, pero el sábado, día central de la protesta, los participantes se multiplicaron: 3.000 personas se movilizaron contra Lotte, entre activistas, plataformas de vecinos de Mont-roig y colectivos como Revolta Pagesa o Unió de Pagesos, el principal sindicato agrícola catalán. La acción consistió en ocupar el terreno, plantar árboles y hacer una cadena humana.
Pensamos que lo que mejor nos puede ayudar a entender lo que allí se vivió es recoger el resumen realizado con posterioridad por el grupo local Colectivo Salvem Mont-roig
Momentos que se encuentran, luchas que florecen.
En Mont-roig del Camp, en mayo de 2025, la tierra se rebeló con voz propia. Lo hicimos con las manos en alto, con miradas cómplices y con la dignidad de quien defiende lo que ama. Aquellos días fuimos agua y semilla; fuimos compañía y horizonte. Las jornadas contra la implantación de la empresa química Lotte no fueron solo un gesto de resistencia: fueron vida sembrada. Un «hasta aquí» al falso verde que disfraza de transición ecológica lo que no es más que destrucción y especulación. En medio de aquellos días poco esperanzadores, el apoyo y la presencia de Revoltes nos hicieron crecer como colectivo. Nos dio la fuerza de saber que formamos parte de un bosque inmenso, donde cada árbol es una lucha y cada hoja es esperanza Lo que vivimos no es solo un recuerdo: es una semilla que germina. Germina en cada conversación, en cada gesto de cuidado, en cada paso que damos para defendernos. Porque cuando las semillas se encuentran, la tierra se transforma y florece invencible. Fueron jornadas intensas, llenas de convivencia y lucha, donde la implicación colectiva nos dio fuerza, confianza y, sobre todo, la certeza de que no estamos solas. Después de esos días, nuestra voz, la de Salvem Montroig, resuena más allá del pueblo y llega a otros territorios. Desde Salvem Mont-roig, queremos decir: gracias. Gracias por hacer visibles nuestras esperanzas y nuestros miedos. Gracias por transformar la soledad en un «nosotros» que late con fuerza. Gracias por recordarnos que la defensa de Mont-roig es también la defensa de la vida en cada rincón. Gracias por sembrar juntas. Unos días que durarán años. Que el recuerdo sea luz y camino. Que nuestra voz, multiplicada, siga arraigando hasta que volvamos a ser escuchadas, respetadas y amadas. Porque somos tierra. Y cuando nos rebelamos, nada puede detenernos.
De todas formas, para quienes queráis más información sobre esa primera Germinación, aquí os dejamos dos videos
Video-crónica de la primera Germinación:
Por lo que respecta a la segunda Germinación, la convocaron para los días del 17 al 19 de abril,junto a la plataforma Boicot ICL, en la cuenca del Llobregat, porque, tal y como se recogía en los párrafos introductorios del manifiesto que publicaron con antelación, denominado Ni sangre en Palestina, ni sal en el Llobregat,
Un veneno recorre las venas abiertas del planeta: un sistema que ataca a la vida en todas sus formas, basado en la violencia y la dominación, el crecimiento infinito y el enriquecimiento de las élites, y no en la cooperación y la satisfacción de las necesidades colectivas.
Estas dinámicas de envenenamiento a escala mundial se materializan en lugares concretos, con sus nombres y sus historias. Zonas sacrificadas en que la destrucción es aceptable, de las que los beneficios escapan hacia fuera y en que las hipótesis alternativas se cierran hacia dentro. La cuenca del Llobregat y las regiones circundantes son algunas de estas zonas. La explotación minera industrial en Sallent y Súria, controlada por la sociedad sionista ICL (Israel Chemicals Ltd.), no es una anomalía local si no una versión concentrada del metabolismo capitalista: extracción intensiva, beneficios privados, daños socializados.
Residuos salinos, salinización de las corrientes de agua, degradación del suelo, artificialización de la agricultura, economía de guerra, terrorismo patronal, tasas de accidentes elevadas y chantaje laboral, riesgos sanitarios, paisaje hipotecado y dependencia económica cuidadosamente construida.
Más adelante también aclaraban que:
La denuncia de las actividades de ICL nos conecta con Palestina porque, de igual manera que contamina el río Llobregat, sus actividades matan el Mar Muerto. En Palestina, su actividad extractiva daña y se apropia de los recursos de los territorios ocupados, violando igualmente el derecho internacional.
Es de Palestina de donde procede el llamado internacional al boicot, la desinversión y las sanciones (BDS) contra el Estado de Israel hasta que ponga fin a la ocupación militar, desmantele el régimen de apartheid y autorice el retorno de los y las refugiadas palestinas. Hacemos este llamado para denunciar y boicotear a ICL en tanto que empresa israelí con valores sionistas, que colabora en las operaciones genocidas del ejército israelí y refuerza la economía de guerra de este Estado.
El mensaje de fondo y el espíritu de la movilización quedaban también claro en los últimos párrafos:
Queremos decidir sobre nuestras necesidades para vivir y sobre la manera para alcanzarlas habitando el Bages.
Habitar no consiste sólo en ocupar un espacio físico: significa cuidar de un entorno, entenderlo, transformarlo, darle un sentido y formar parte de él. Una manera de ser y estar en un lugar que da prioridad a la salud colectiva de sus habitantes y su hábitat. Afirmamos que la manera de garantizar una vida digna pasa por la regeneración del ecosistema y de la comunidad. Tener un futuro que valga la pena ser vivido pasa por entender que formamos parte del territorio y que no somos más que un ser entre muchos otros dentro de él.
Frente al dictado de la impotencia («Así es la vida»), proponemos cambiar las condiciones en que se desarrolla el conflicto. Adoptar un compromiso con alegría y determinación, afirmando prácticas creativas salidas de una abundancia de posibilidades, en vez de abordar el problema desde la posición de penuria de tener que elegir soluciones preestablecidas según mecanismos impuestos («Sin la mina no hay futuro», «La mina sí, la mina no...»). Esto significar desafiar la obscenidad, organizar una salida, exigir cuentas, reapropiarnos de nuestro tiempo, preparar la regeneración y reorientar el trabajo hacia la preservación de la vida.
Queremos vivir sin tener que destruir la vida para hacerlo posible, sin perder la vida intentando ganárnosla.
No es una utopía, es el único realismo posible.
La capacidad de organización y movilización para la acción desobediente queda recogida en estos párrafos extraídos de las crónicas de Ara y Nació Manresa:
Los organizadores han hecho talleres y charlas y también una marcha lenta. Por la tarde, sin embargo, las acciones se han intensificado cuando un grupo de activistas han desmontado tramos de las vías del tren que transporta material desde la mina de Súria hasta el puerto de Barcelona. En paralelo, un millar de personas también han ocupado el escombro salino del Cogulló, en Sallent.
(…) Un millar de personas han acampado en Callús, pero a lo largo del día se ha ido añadiendo más gente, de manera que la organización calcula que, en total, se han superado las 3.000 personas.
Acciones simultáneas y ocupación del Cogulló
El momento más destacado de la jornada ha sido la realización de acciones coordinadas en diferentes puntos del territorio. Por un lado, un grupo de activistas ha desmontado tramos de las vías del tren utilizadas para transportar material desde la mina de Súria hasta el puerto de Barcelona. Paralelamente, un millar de personas ha ocupado el depósito salino del Cogulló, en Sallent, en una acción masiva y simbólica contra el impacto de la explotación minera.
La jornada también ha incluido pasacalles reivindicativos desde Sallent y Santpedor, en homenaje a las luchas ecologistas locales, así como una marcha lenta por la C-16 con la participación de una veintena de vehículos y bicicletas.
La crónica en vídeo de Revoltes de la Terra la podéis encontrar aquí
Intentar acabar con las revoltes con la criminalicazión y la acción policial conjunta de Mossos y Guardia Civil
Ya sabemos que alguien con la capacidad de organización y movilización a la acción directa y, sobre todo, con la llamada a las revoltes, más aún, desde un planteamiento autogestionado y antiinstitucional, como los que ha demostrado Revoltes de la Terra, para los poderes establecidos es todo un enemigo público al que controlar, criminalizar y reprimir. Y a ello se han puesto tres meses después. Así, tal y como recoge, entre otros, Viento Sur (en una traducción del original en catalán en La Directa):
El 30 de junio los Mossos d’Esquadra y la Guardia Civil llevaron a cabo una operación contra cuatro personas que habían asistido a las movilizaciones de Revueltas de la Tierra el mes de abril en la comarca del Bages. Las acusan de daños, desórdenes públicos y pertenencia a grupo criminal. Son las primeras detenciones de este movimiento que promueve la acción directa contra lo que llaman “empresas del desastre”, a las que acusan de llevar al mundo hacia el abismo por un interés meramente lucrativo. Señalan el oligopolio de la energía fósil, pero también el de las macrorenovables, la agroindustria, el complejo de la aviación, la especulación inmobiliaria y proponen una forma de confrontarse con que escale el conflicto para que deba hablarse, para ponerlo en el centro del debate público.
Como dejaban claro desde la propia organización al día siguiente, lo que más parece preocupar a los cuerpos policiales es el desconocimiento de una iniciativa con tal capacidad de organización:
La extracción de datos de los teléfonos móviles
A la salida, una portavoz de la plataforma Boicot ICL ha alertado de la estrategia policial en este caso, denunciando que "el principal interés [de los investigadores] es poder sacar información de sus teléfonos móviles".
Días después, dos personas portavoces de Revoltes de la Terra llevaban a cabo una extensa entrevista (también en Viento Sur, en una traducción del original en catalán en La Directa) con la que vamos a dar por acabado esta extensa entrada, sobre una iniciativa transformadora y revolucionaria tan interesante como esta de Revoltes de la Terra, de la que creemos que hay mucho que aprender.
Júlia Martí y Eduard Alzina, portavoces de Revueltas de la Tierra
“Frente al desastre no esperaremos las buenas palabras e intenciones de las instituciones"
Después de las detenciones de finales de junio, ¿qué tienen que decir?
Júlia Martí: Que acusen a gente que ha participado de Revueltas de la Tierra de grupo criminal nos parece un despropósito, porque al final lo que estamos haciendo es precisamente conseguir que por fin se haga justicia por el territorio, en el Bages y por Palestina. Lo que debería estar haciendo los Mossos es investigar que está pasando con ICL y con esas sentencias que desde el 2014 no está cumpliendo, que le obligan a desmantelar una parte de la escombrera del Cogulló y la escombrera está ahí intocable, inamovible. Los Mossos no hacen nada por conseguir que ICL cumpla las sentencias y, en cambio, dedican esfuerzos y tiempo a perseguir a gente que lo único que hizo es movilizarse.
Eduard Alzina: Nos parece indignante que Mossos d'Esquadra o la Guardia Civil estén acusando de criminal a quien defiende la vida, quien está intentando que el territorio sea para vivir y para habitarlo, y, en cambio, están permitiendo que un estado genocida como el de Israel pueda secuestrar a personas en aguas internacionales, como ocurrió con la flota. Lo criminal es que en un momento de crisis ecosocial como el que tenemos, con incendios y oleadas de calor, en lugar de frenar las causas que están provocando la crisis, se acuse de criminales a la gente que estamos luchando para que acabe la crisis. Nos han llegado multas contra personas que llegaban a la zona de acampada con una navaja en el vehículo. Intentan matar al movimiento a partir de la represión, pero la respuesta es que estamos aquí, que somos muchísimas,que damos todo el apoyo a las personas detenidas ya quienes han recibido sanciones. Sabemos que ICL, que las empresas del desastre, quieren silencio, no quieren que se sepa que miles de personas estamos en contra y aprovecharemos cada acción represiva como altavoz.
Los Mossos dicen que sólo aplican la ley, pero después no tienen ningún miramiento para relacionarse con empresas israelíes. ¿Son un cuerpo policial neutral?
EA: Se ve claramente que Israel tiene una posición de poder sobre el cuerpo de los Mossos d'Esquadra, que hace que cuando hay acciones contra lo que consideran sus intereses respondan con mayor contundencia. Tras la acción de desmontar las vías, en pocas horas fueron capaces de arreglarlo y que todo estuviera funcionando. En cambio, cuando hay problemas con Cercanías de Renfe se tardan días, semanas, meses o años en realizar reparaciones y mejoras. Existe una priorización tanto desde los Mossos d'Esquadra como desde la Generalitat, para apoyar a estas empresas.
Desde hace semanas las temperaturas se han disparado en todo el Mediterráneo, una ola de calor se encadena con la siguiente. ¿La emergencia climática ya está aquí?
EA: Hace décadas, desde el movimiento ecologista ya se hablaba de toda la problemática que nos traía este sistema basado en el crecimiento. A principios de 2000 se empieza a ver que existe un cambio climático que es antropogénico y en 2019 se publica un informe muy contundente que asegura que o se aplican medidas o vamos al caos. Ya no hablamos de escenarios de futuro, cada año batimos récords de temperaturas máximas. Lo que ocurre en los termómetros del norte de Europa es totalmente excepcional. El cambio climático es ya una evidencia, lo vivimos en nuestras propias pieles. Las medidas a aplicar son incompatibles con este sistema, basado en el crecimiento, en expropiar recursos y desigualdad. Lo que se está haciendo es intentar poner parches para adaptarse, pero mientras no cambiemos la lógica del crecimiento, la mentalidad de la desigualdad, no podremos superar la crisis en la que nos encontramos.
¿Nos estamos acercando al colapso?
EA: Es muy difícil de decir. Lo que está claro es que el sistema deberá reorganizarse, tendrán que cambiar cosas, de hecho ya están cambiando cosas. Hay países en los que el colapso ya está pasando, con crisis de abastecimiento de gasóleo y de carburantes. Ahora mismo, en Asia existe una crisis de producción alimentaria, un grave problema con los fertilizantes. Cómo será este colapso y cómo se reorganizará el sistema no lo sabemos. Lo que sabemos es que nosotros estaremos luchando para que no sea hacia un sistema basado en la desigualdad, sino que batallaremos por una vida digna para todos, para que lo básico para la vida sea gestionado directamente por la gente; el agua, la tierra, la capacidad de realizar alimentos.
¿Y saldremos adelante?
JM: Revoltes de la Terra no es una organización que proponga un modelo, no venimos con una agenda cerrada de decir debemos hacer A, B y C y así ya tendremos todo el problema solucionado. Lo que pretendemos con una nueva dinámica de lucha es generar conflicto para desnormalizar la excepcional situación que vivimos. Lo que nos dicen es que debemos acostumbrarnos a la excepcionalidad y gestionar el desastre como podamos, y nosotros venimos a decir lo suficiente. Venimos a decir que necesitamos cambiar las formas de luchar, organizarnos, defender los territorios, que no aceptamos las falsas soluciones que profundizan aún más los conflictos y las desigualdades. Por tanto, no decimos que tengamos una propuesta concreta o un modelo concreto, las propuestas deben hacerse en cada territorio, en cada conflicto. En el caso del aeropuerto de El Prat, por ejemplo, tenemos claro que lo que hay que hacer es no ampliarlo, proteger el delta, proteger todos los espacios afectados por esta ampliación, pero también defender a los habitantes de Barcelona, del resto de ciudades y pueblos afectados por la turistificación. Por tanto, detener el crecimiento de estas infraestructuras del desastre es nuestra propuesta.
Pese a las protestas, la vorágine sigue avanzando…
JM: Necesitamos frenar la vorágine, apostar por formas de rehabitar los territorios, que recuperen el equilibrio con los ecosistemas. Pero esto debe hacerse adaptándolo a cada territorio y en debate colectivo con la gente que lo habita. Lo decíamos, por ejemplo, con el conflicto contra ICL en el Bages, contra las grandes minas de potasa: no tiene sentido que llegue Revueltas de la Tierra con una propuesta de echar a la mina y empezar a producir X o Z, sino que se debe abrir un proceso de debate colectivo en la comarca, con las personas que trabajan en la mina, con las personas que habitan el territorio, con las personas que lo habitan. Componer entre actores distintos, cada uno con sus agendas. Planteamos la idea de la composición, intentando que la melodía suene con los instrumentos y las tonadas de cada colectivo involucrado.
¿Cómo lo hace un movimiento que apuesta por más democracia ante un sistema que opta por la violencia?
JM: No esperaremos que otros solucionen lo que nadie está solucionando. Pondremos las herramientas y nuestros cuerpos, lo que haga falta, para desatascar los conflictos y avanzar en las propuestas. Por ejemplo, apostando por aislar ICL y el estado genocida de Israel, rompiendo todos los vínculos que puedan tener estas empresas y hacerlo ocupando el espacio con miles de personas, poniendo el conflicto sobre la mesa. Es una forma de decir que ya no esperaremos más las buenas palabras y las buenas intenciones de las instituciones, que al final no se traducen en cambios reales.
¿La acción directa de miles de personas puede modificar las políticas públicas?
EA: Creemos que sí, y por eso lo hacemos. Es un tema de correlación de fuerzas. Depende de cómo sea esta acción directa, depende de cuánto dure, de cuánta presión ejerza, y sobre todo depende de cuántos miles de personas y de cuánta legitimidad tengan. Venimos a aportar el “basta”, no haremos sólo una manifestación o una recogida de firmas para decir lo que opinamos. Sabemos que miles y miles de personas están en contra de estos proyectos y pasamos a la acción directa para detenerlos. Creemos que es una vía válida, legítima y útil.
Algunos partidos políticos y medios de comunicación ponen en el centro el supuesto enfrentamiento entre ecologistas y campesinado. ¿Cómo lo vivís?
EA: Nuestro punto de partida es la defensa del territorio, que va más allá del ecologismo, no es sólo una mirada de conservacionismo o del medio ambiente. No entendemos el territorio como un ecosistema aparte, sino de lo que los humanos somos parte, de lo que también hay una historia. Todo esto conecta con el campesinado, pero aquél que ama el territorio y lo cuida, que quiere producir alimentos y no acumular riqueza. Estamos con el campesinado, pero no estamos con la agroindustria. Lo que ha pasado con la agricultura y con otros sectores productivos es que el capitalismo ha entrado para maximizar los beneficios. En el caso del campesinado se han forzado grandes inversiones para crecer. Los mayores han podido crecer y los más pequeños han tenido que plegar, mucha gente del país ha dejado de ser campesina. Hay gente que ha logrado estar un poco al margen y no entrar en estas dinámicas. Nosotros apostamos por que el campesinado pueda seguir produciendo para alimentar a la población y no para hacer mercancías de exportación. Esto implica generar no sólo estructuras productivas sino de distribución y comercialización. Lo que nos transmiten con el movimiento Revolta Pagesa y otros es que las cadenas de la producción alimentaria son las que están más apretadas en el ámbito de regulaciones y normativas. El campesinado está en mal estado porque se le está acorralando. Tenemos un grave problema de país, sin relieve, es prácticamente imposible que alguien se ponga a producir alimentos, porque es inviable en el mercado. Nosotros apostamos por buscar las formas de ayudar a este campesinado más integrado en el territorio.
¿Qué les diría a los urbanitas que tienen angustia por la subida de temperaturas, pero no saben cómo actuar para cambiar las cosas?
JM: Dos cosas. Por un lado, que los territorios urbanos también deben defenderse. Poder defender la vida en las ciudades, una vida digna sin oleadas de calor, una vida con espacios verdes, una vida en la que no haya niños que sufran enfermedades respiratorias porque su escuela está junto a una gran vía llena de coches. Los sindicatos de vivienda, los movimientos por el decrecimiento turístico, los movimientos contra la ampliación del aeropuerto, aunque sean movimientos urbanos, también son movimientos de defensa del territorio. La otra cosa que diría es que justamente por eso es tan potente la apuesta de Revueltas de la Tierra, porque estamos consiguiendo juntar en acampadas masivas de miles de personas mucha gente que viene de entornos más rurales, de ciudades medianas y también de ciudades grandes, que durante unos días habitan el territorio plegadas, y empiezan a experimentar una cosa, pero empiezan a experimentar una cosa. Es decir, que este río Llobregat que nos habíamos olvidado de por dónde pasaba, de repente lo materializamos no sólo como un bien de consumo,no sólo como agua que nos viene más o menos contaminada, sino como un ser vivo, como un acompañante. Una de las cosas que está pasando por debajo, de forma más invisible, pero que está presente en todas las cosas que hacemos como Revoltes es la idea de que somos la tierra defendiéndose. ¿Qué significa que es la tierra defendiéndose? ¿Es sólo un eslogan, es sólo una metáfora? ¿O realmente somos capaces de experimentarlo en nuestros cuerpos y acercarnos al río, ya sea en el Llobregat contaminado por ICL o en los bosques quemados estos días por los incendios? Nos podemos acercar desde una mirada que no sea sólo la del conservacionismo clásico que veía los ecosistemas como algo que defender separado de nosotros, pero que tampoco sea desde la visión extractivista que sólo ve el territorio como un lugar donde abastecerse. ¿Podemos construir esta nueva forma de relacionarnos desde el diálogo, desde la reciprocidad? Es muy difícil porque nos lo han robado desde hace décadas, pero seguramente si hablamos con nuestras abuelas, con nuestras madrinas, podremos recuperar formas de vincularnos a que superen la lógica de la modernidad capitalista que nos había separado y que nos había puesto a los humanos por encima de todo.
¿Las instituciones os ven como un peligro o como un interlocutor al que hay que escuchar?
EA: De momento hemos visto que les hemos molestado y han intentado silenciarnos. En Mont-roig del Camp sabemos que el alcalde pidió a la policía que ni estuviera, que se marchara, que no se hablara. Y lo que hemos visto con ICL es algo parecido. No salió a prensa, no se habló mucho, no se nos interlocutó directamente. Sabemos que después de la acción la Generalitat dijo que denunciaría algunos hechos, concretamente los de la columna de las vías del tren, y no sabemos nada más. Creemos que hasta ahora no nos habían tenido muy en cuenta y ahora que se han producido acciones algo más contundentes sí que van a intentar conocer lo que estamos haciendo. Pero no creemos que sea un interés genuino, porque seguramente les da miedo un espacio autogestionado por la gente que lo que dice es que pasaremos a la acción, confrontaremos el desastre, habitaremos el territorio y vamos a hacerlo con la mayor cantidad de gente que podamos. Somos una dinámica de lucha y es muy complejo que pueda haber una interlocución porque al final no somos una organización, somos una forma de hacer.
Tienen referentes como Alzamientos de la Tierra en el Estado francés. ¿Qué está pasando ahí?
EA: La acción directa masiva en el caso de Europa ha logrado detener algunos proyectos, cambiar algunos sentidos comunes. La respuesta represiva en el caso de Soulèvements de la Terre ha sido intentar ilegalizarla, pero no lo consiguieron. Han tenido mucho apoyo social, de muchos actores, incluso de gobiernos municipales que apoyan las propuestas de este movimiento. En el caso de Revoltes es algo muy joven, muy nuevo, deberemos ver cómo se desarrolla y qué interacción tiene con las instituciones y con las empresas de aquí. Siempre aclarando que nuestro rol no es tanto de interlocución, no venimos a hacer una propuesta que queremos poner en una mesa para negociarla con el gobierno, sino que somos más una dinámica de lucha por autoorganizar a la gente, por hacer frente al desastre y habitar el territorio.
¿Hasta dónde desea llegar?
EA: El objetivo sería frenar a toda la industria ecocida y habitar el territorio. No es sólo una propuesta de detener sino que es una propuesta de construir. La ambición sería que este movimiento fuera masivo y pudiera construir esa otra forma de habitar el territorio que sea coherente, que el metabolismo social sea coherente con el metabolismo ecológico y que pueda ser una alternativa a la crisis ecosocial que sufrimos. No olvidemos que cada vez que instalan unos centros de datos o artificializan el terreno asfaltándolo es muy difícil de revertir, o cada vez que contaminan un acuífero es muy difícil de echar atrás, cada vez que una especie desaparece esto ya es irreversible. La urgencia es ésta, hay puntos de no retorno que si los superamos no podemos echar atrás. Nuestra acción busca frenar los puntos de no retorno y construir formas de habitar el territorio que fomenten la vida y no la destruyan. “La existencia de colectivos en el Empordà,en el País Valencià, en Menorca que replican la propuesta de dinámica de lucha de Revoltes ya es una victoria" las nuevas formas de habitar el territorio ya es una victoria. Poder confrontar la impotencia con la fuerza, con la capacidad colectiva. pena, que articularse entre diferentes vale la pena, que no debemos estar siempre al 100% de acuerdo para poder sumar esfuerzos. esperamos que vayan germinando cada día más.
Hace 20 o 25 años quien lideraba los “proyectos del desastre” que señaló era la derecha, ahora nos encontramos con que quien lo lidera es el PSC.
JM: Hay un único modelo, el de apostar por el crecimiento, manejando la rueda capitalista que destroza los territorios. A veces le pondrán una etiqueta más verde o una etiqueta más sostenible, pero forma parte de esa rueda, de la incapacidad de pensar fuera del capitalista creciente, que la única forma de salir de una crisis es profundizando aún más en la crisis. Podemos salir de esta rueda y generar debates en cada lugar afectado diciendo que no necesitamos estos puestos de trabajo si es a costa de contaminar el acuífero, que al final lleva el agua que nos sustenta y es lo que en unos años nos podrá seguir garantizando la vida. Llegar a la conclusión de que Barcelona ya no puede asumir más turistificación y, por tanto, no podemos ampliar el aeropuerto –por mucho que se nos diga que sin turistas y sin ampliación del aeropuerto entraremos en crisis y perderemos puestos de trabajo–, ya es generar un pensamiento fuera de la caja que la única solución es resolver las crisis con más crisis. Tenemos ejemplos. Se detuvo el Hard Rock. Había una gran mayoría parlamentaria que defendía un megaproyecto que venía a sacrificar aún más un territorio de sacrificio como es el Camp de Tarragona, y gracias a la movilización de la gente ya la gran capacidad de articulación de los movimientos locales se logró detener. Hicimos que partidos que lo defendían como su gran apuesta política cambiaran la posición y este proyecto se detuviera. Si nos movilizamos lo suficiente, si hacemos una correlación de fuerzas lo suficientemente grande conseguiremos mover estos partidos que son incapaces de pensar más allá del marco de la generación de puestos de trabajo, sea cual sea el precio a pagar.
¿Cómo responde a la crítica que sus posiciones están en contra de los intereses de la clase trabajadora?
EA: Es una pregunta muy interesante porque es uno de los temas centrales de la segunda germinación, la del Bages, atravesada por el chantaje laboral. Nos lo encontramos en la mayoría de los nuevos proyectos, que se justifican con los puestos de trabajo que dan. Pero cuidado, el interés de la clase trabajadora no es sólo el derecho al salario, sino también tener agua limpia o capacidad de alimentarse. Apostamos por el reparto de la riqueza y no queremos que quien sufra las consecuencias de tener que detener estos proyectos sea la plantilla. Por suerte, en el país hay sindicatos combativos. El ecosindicalismo está apostando por una transición ecosocial, hay puentes, hemos estado trabajando mucho con sindicatos para ver cómo lo incorporamos a la lucha. Y aquí ponemos la idea de afilar, entender la complejidad de las situaciones y las soluciones. Es muy enriquecedor poder sentar en una misma mesa perspectivas ecologistas más conservacionistas con sindicatos anticapitalistas.
Hasta ahora hemos visto dos grandes germinaciones de Revoltes de la Terra ,en los terrenos de la futura planta de baterías eléctricas de Mont-roig del Camp y en las montañas de sal del Bages. ¿Dónde planea poner el cuerno próximamente?
EA: Revoltes de la Terra no es sólo las germinaciones, ésta es la parte visible, pero por debajo van pasando una serie de cosas. Los temas que abordamos se discuten en los encuentros de lucha de colectivos de defensa del territorio y los siguientes no están definidos. El aeropuerto de El Prat podría ser uno, la agroindustria también, hay muchas problemáticas como país que podemos abordar. Cuando elegimos una germinación lo que hacemos es intentar elegir un tema que hable de muchos otros conflictos, defenderemos un territorio para defender al resto. Escogeremos un tema que nos hable de otros y nos sirva para afilar y entrar en la complejidad.
Hay políticos que se toman fotografías con la memoria de Salvador Puig Antich y al mismo tiempo aplican la represión contra los activistas de Revoltes de la Terra. ¿Os indigna?
EA: El capitalismo es capaz de cooptar y adaptarse a cualquier cosa. En los años setenta, los movimientos ecologistas en Europa fueron muy radicales, en Alemania no hay centrales nucleares porque hubo una oposición muy fuerte con acciones de todo tipo. Lo que venimos a hacer tampoco es tan novedoso, estamos retomando algo que había pasado, pero el proceso ha sido de deslegitimar la acción directa. Lo que podríamos decirle a esta clase política es que han perdido los principios y valores que tenían. Por mucho que puedan defender a Puig Antich, si estuviera vivo ahora estaría en contra de ellos, y de algún modo los herederos de Puig Antich somos la gente que luchamos y no la gente que está en el Govern haciendo políticas para enriquecer a los de siempre. Reivindicamos que venimos de un legado histórico de luchas y adaptamos el legado a las formas que creemos que son válidas y útiles, innovando en las que podemos.
En todo el territorio existen plataformas locales contra la implantación de las macrorenovables y, por el contrario, hay voces de una parte del ecologismo que dicen que es necesario acelerarlo para frenar el calentamiento global. ¿Cómo lo ven?
EA: Las soluciones del capitalismo verde van a descarbonizar, a depender menos de los combustibles fósiles, y eso está bien y es necesario. El problema es que estas soluciones siguen el mismo modelo basado en el crecimiento. El biogás puede ser una iniciativa interesante, sí, una macroplanta de biogás, no, porque responde al mismo modelo. Son grandes empresas, con los beneficios de siempre, con muchos camiones moviéndose. Además, es un modelo en el que el mundo rural sigue supeditado a hacer funcionar el sistema y que puedan seguir existiendo las grandes ciudades. El mundo rural pasa a ser por los vertederos, por las centrales de producción de energía. Las tierras fértiles, con el PLATER [Plan Territorial Sectorial de Energías Renovables de Cataluña], se están dedicando a producir energía solar en lugar de producir alimentos, que es una forma de energía muy válida y al mismo tiempo muy necesaria. En lugar de colocar placas solares en techos industriales, como es más barato y genera más beneficios se están poniendo en suelos fértiles. Apostamos por propuestas descentralizadas, que sean a largo plazo y que permitan habitar el territorio y no depender de grandes empresas, estados y gobiernos que están lejos de la gente.
JM: Al final el biogás acaba siendo una falsa solución, es una forma de rescatar a la industria porcina que tiene un problema con los purines y con todos los residuos. Quieren darle una segunda vida. En lugar de resolver los impactos de los purines, acabarán amplificando aún más los problemas. Lo que necesitamos es replantear cuál es la escala de producción ganadera en los territorios. Qué papel creemos que pueden desempeñar los colectivos locales que se oponen a los macroproyectos de renovables en un contexto de emergencia climática global. Ante la gente que nos acusa de retardistas climáticos debemos articularnos. ¿Quién debe realizar la transición energética? Las grandes empresas de siempre y las instituciones que nos imponen sus planes sin haberlos discutido, sin hacer un mapeo de cuáles son las tierras que se pueden ocupar por proyectos energéticos y cuáles deben protegerse para producir alimentos. Los movimientos locales tienen un papel clave para democratizar la transición energética tan urgente, y para encontrar una salida que no sea autoritaria, que no sea la de la impotencia, que no sea la del negacionismo. Como Revueltas de la Tierra tenemos un reto muy grande, salir de la defensa localista y que de cada conflicto hacemos un conflicto colectivo. Si nos quedamos en la lucha localista no estaremos resolviendo nada, no podemos resolver un problema aquí para que nos acabe apareciendo en otro lado, debemos poder cambiar el modelo en su conjunto y, por tanto,estos conflictos deben poder tener esa capacidad de articulación.

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