El anarquismo en su laberinto
En los últimos tiempos se ha desarrollado un áspero intercambio de posiciones entre dos tendencias que, a pesar de mostrarse como mutuamente incompatibles, se adscriben ambas al ámbito ideológico del anarquismo. El detonante de la desabrida polémica fue la publicación en 2024 del libro del teórico e histórico militante libertario Tomás Ibáñez titulado Anarquismo no fundacional: Afrontando la dominación en el siglo XXI. Las iconoclastas tesis que se desarrollan en el texto recibieron la enérgica crítica de Miguel Brea, militante de la organización Liza Madrid -creada en 2023-, que se encuadra en una tendencia conocida indistintamente como “plataformismo” o “especifismo”. Ambas denominaciones remiten a la necesidad de la constitución de una organización “específica” que, como expresa su manifiesto fundacional, sea “estable, basada en la unidad política y de acción, ya que creemos firmemente que esta es la única forma de superar los obstáculos y de cambiar la relación de fuerzas”. Los términos de la polémica no destacaron precisamente por su fraternidad. Mientras Ibáñez tildaba, en el artículo que desató la escaramuza, las posiciones defendidas por la organización de Brea de “anarquismo de las cavernas, retrógrado y autoritario”, el título del texto de respuesta de Brea -”Anarquismo no fundacional: anarquismo funcional al capital”- no deja tampoco lugar a dudas acerca del carácter “contrarrevolucionario” que atribuye sin ambages al enfoque de Ibáñez
(El anarquismo en su laberinto. Alfredo Apilánez. Redes Libertarias, 15-07-2026)
Inicialmente teníamos la intención de abordar en esta entrada los pormenores del debate que sobre estrategias revolucionarias está teniendo lugar en el ámbito libertario/anarquista/autónomo a nivel estatal pero, tras observar el tono de algunas intervenciones y, sobre todo, el perfil de buena parte de quienes en ese debate están tomando parte, nos ha parecido que la mejor contribución a nuestra intención de ayudar/acompañar las revoluciones (eso es iraultzak lagunduz) debía centrarse en otra cuestiones relacionadas con ese debate que a menudo se dejan en un segundo lugar y que, sin embargo, consideramos básicas. Porque las formas y el perfil de quienes intervienen están condicionando ese debate, hasta el punto de que el debate se desdibuja dejando paso a un espectáculo lamentable, poco edificante y nada revolucionario.
Antes de continuar una aclaración pertinente: quien estas líneas (y este blog) escribe no forma parte de ninguna organización o corriente libertaria o anarquista, aunque me siento más cercano a esas propuestas revolucionarias que al resto, principalmente porque algunas de las personas de las que más he aprendido -compartiendo militancia antimilitarista con ellas- formaron parte del movimiento autónomo obrero vitoriano que protagonizó las luchas rebeldes del 3 de Marzo, y quienes tampoco se consideraban anarquistas. Junto con ellas y durante un tiempo (en los 90) tomé parte en reuniones de debate del movimiento autónomo vasco. Pero no conozco personalmente a ninguna de las personas de las que voy a hablar, ni de antemano les tengo ni filias ni fobias (no comparto el especifismo ni el postanarquismo, aunque me siento más lejano del primero que del segundo, de la misma manera que me siento cercano al antidesarrollismo). No obstante, si con otras propuestas revolucionarias hemos intentado contribuir con nuestro análisis crítico a las formas que cuestionan el fondo (como hemos hecho, por ejemplo, con el Movimiento Socialista), en mayor medida deberemos hacerlo con quienes sentimos más próximos. Dicho todo lo cual, es momento de comenzar a meternos en harina.
El inicio de la(s) polémica(s)
Aunque los debates descarnados no son nada extraños al movimiento libertario (probablemente porque se hacen públicos, lo que no ocurre en otras tradiciones, y porque la sinceridad sin tapujos es una de las características que lo definen), el caso que vamos a analizar tiene un contexto, temporalidad y protagonistas concretos. Hay quienes (como hemos visto en el caso de Alfredo Apilánez en los párrafos iniciales de esta entrada) ubican el inicio de la polémica en la publicación del libro de Tomás Ibáñez titulado Anarquismo no fundacional: Afrontando la dominación en el siglo XXI, pero creemos que ese dato es equivocado. Nos parece evidente que ese texto de Ibáñez, de 2024, es ya en buena medida una contestación a un hecho: la aparición pública desde 2023 de diversos colectivos y publicaciones on line que se definían como “plataformistas o especifistas” (de la que ya informamos), reabriendo un turbulento debate en el seno del movimiento anarquista que, según señalan relatores del mismo, parecía cerrado hace mucho:
(…) lo que hoy es conocido como especifismo tiene sus precedentes históricos en la llamada Plataforma de Archinov, propuesta hace justo un siglo, según la cual los males del movimiento estribaban en su falta de organización y la solución pasaba por una unión general de anarquistas con la creación de un comité central ejecutivo1. Como era de esperar, no tardó en llegar el rechazo de la inmensa mayoría de los anarquistas al considerar que se pretendía una especie de anarquismo de partido y al observar la imposibilidad de una asociación general que englobe las diferentes sensibilidades y estrategias en el mundo libertario.
Las críticas a la plataforma también negaban que ninguna organización anarquista debiera orientar a las masas y, como es lógico, echaban pestes de todo comité ejecutivo. Insistiré, hablamos de un polémica de hace cien años, sin excesivo calado, pero es cierto que el llamado plataformismo ha sido reinterpretado a lo largo de las últimas décadas y, sorprendentemente, su nuevo rostro se manifiesta bien entrado el siglo XXI.
(Capi Vidal en El especifismo, el proletariado y el anarquismo del siglo XXI: trazas de una polémica inacabable; 8 septiembre, 2026)
Fuera en parte el libro de Tomás Ibáñez una contestación a la aparición de la corriente especifista, o fuera casualidad, el caso es que parecía haber motivos para abrir un debate público entre ambas posturas. Pero, si nos atenemos a lo que cuenta un miembro de la corriente especifista, Miguel Brea, ese debate se intentó, pero Tomás Ibáñez rehusó tomar parte en él (lo que no ha sido desmentido por Ibáñez):
En la primavera de 2024 la editorial Gedisa publicó el que, hasta hoy, es el ensayo más definitorio de las posiciones políticas de Tomás Ibáñez: Anarquismo no fundacional. Por entonces, compañeros de una conocida librería y editorial del ámbito autónomo me facilitaron el libro en primicia con la intención de promover un debate con el autor. Ese debate nunca llegó a celebrarse, pues Ibáñez rehusó participar.
Tomás Ibáñez no fue al debate, pero cuando tiempo después desde la corriente especifista alguien a través del pseudónimo “Chimpancés del Futuro” publicó un artículo denominado Una crítica anarquista al posmodernismo y al pos-anarquismo, se encontró en octubre de 2025 con un artículo de respuesta de Ibáñez, titulado Anarquismos cavernícolas, retrógados y autoritarios, en el que se podían leer párrafos como estos:
(…) algunos sectores del anarquismo están poniendo tanto empeño y tanta agresividad en arremeter contra sus chivos expiatorios predilectos que resulta difícil no ceder ante la provocación y no saltar a la palestra.
Esos sectores que se autodenominan a veces “especifistas” y beben de las reminiscencias del plataformismo de Archinof, rescatado en Francia por Georges Fontenis y en Uruguay por Juan Carlos Mechoso, están propiciando un regreso catastrófico de los anarquismos hacia unas formas desfasadas que le auguran una total perdida de incidencia sobre la realidad presente y sobre las luchas que se están desarrollando por doquier contra la dominación.
(…) Esos sectores tampoco se percatan que en su afán por arremeter contra el pensamiento crítico contemporáneo enarbolan el estandarte de la lucha contra el deconstruccionismo usando, sin el menor rubor, idéntica argumentación que la derecha y la extrema derecha. Pero igual es porque, una vez más, peroran sobre el tema desde su desconocimiento.
Todo esto sería casi anecdótico si no fuese porque esos sectores pretenden arrastrar hacia el paleo-anarquismo de las cavernas donde moran, así como hacia el felizmente abandonado vanguardismo y el más rancio leninismo rampante, los colectivos anarquistas que están en consonancia con las exigencias de un anarquismo plenamente contemporáneo, es decir capaz de sacar las enseñanzas de sus errores pasados y de hostigar con la mayor eficacia posible los dispositivos de dominación sobre los que se asientan las discriminaciones, desigualdades, opresiones y explotación del sistema capitalista en el siglo XXI.
El tono de la descalificación de Ibáñez nos recuerda mucho al utilizado pocos meses antes, en abril de 2025, por otra de las vacas sagradasi libertarias, Miguel Amorós, al hacer referencia a otra iniciativa naciente en el mundo del autonomismo libertario, como ya hemos señalado en una reciente entrada, cuyos párrafos, aunque sean algo extensos, reproducimos por la relación directa con algunas de las cuestiones que trataremos a continuación:
Polémica en algunos sectores libertarios catalanes
Buscando los contenidos y las actividades de Revoltes de la Terra, nos hemos encontrado con una polémica relacionada con esta “articulación”. Polémica que, hasta donde hemos podido conocer, surge de la mano de una de las personas referentes del movimiento libertario catalán, Miquel Amorós, quien incluso con anterioridad a la primera Germinación convocada por Revoltes de la Terra, y tan solo dos meses y medio de su aparición pública, sorprendía con un texto, casi una soflama, contra la misma iniciativa. El texto, en teoría elaborado por Amorós para la la charla en la Jornada Campestre de Kan Pasqual (Serra de Collserola, Barcelona) el 27 de abril de 2025, se titulaba “La tierra que se subleva de broma”, y en lo que respecta a sus críticas a Revoltes de la Terra, recogía principalmente los siguientes párrafos:
Fue muy oportuna la aparición en enero de este año de “Revoltes de la Terra” tras dos años de reuniones y encuentros, batallando por una alternativa comunitarista, definida como una “hiedra de vínculos exterior a la lógica productivista.” Justo era de esperar un análisis panorámico del momento crítico en el que nos encontramos y un programa contundente de movilizaciones, pero nuestro gozo en un pozo. El lenguaje empleado en su manifiesto era retórico a más no poder, lleno de vaguedades y lugares comunes del posmodernismo, muy por debajo del ecologismo más elemental. Para empezar esa “tierra que se rebela” que deseaba “promover un despliegue de posibilidades” y “edificar una trama de pasiones, soberanías y métodos”, no se definía como coordinadora, ni como plataforma, ni como grupo impulsor: era más bien “un entramado de lazos”, “un conjunto de recursos logísticos, operativos y relacionales”, “un abanico de herramientas replicables en cualquier lugar.” Era pues un pelotón de gente buenrollista de orígenes diversos con pocas ideas en común y ninguna perspectiva a medio plazo, por lo que no era de extrañar que presumieran de “diversidad estratégica”, aunque mejor hubieran debido alardear de cautela, tibieza y manga ancha si iban a inspirarse en el trabajo comedido de plataformas blandas del estilo SOS Territori y “Salvem.” Pero donde las alarmas se disparaban era cuando declaraban buscar el refuerzo de “entidades como Ecologistas en Acción” y “seguir los impulsos” de sospechosos montajes como Extinción Rebelión o los “Soulevements de la Terre”, tan cuestionados por los libertarios.
(…) Volviendo a los asuntos catalanes, resulta obvio que la fórmula SDT subyace en las “Revoltes de la Terra”, bien que el lenguaje de su manifiesto siga más a la “french theory” que al zadismo titiritero. Sin duda, el componente juvenil metropolitano tendrá algo que ver, aunque no pensamos que actúe como un comité central. No ha realizado su aprendizaje en la escuela de la ZAD, sino en aquellas apacibles movidas boyscout de inspiración toninegrista. En fin, las susodichas Revoltes aportan una ambigüedad aún mayor en su posicionamiento, una estrategia del montón más exagerada y una falta de criterio total a la hora de juzgar la situación catalana bajo la batuta del capital. Su beligerancia con las instituciones y los partidos parece nula, por lo que las acciones que los “Soulevements de la Terre” llaman “dinámicas”, es decir, los sabotajes y enfrentamientos, no están ni se las espera. Estos rebeldes de la tierra pasados por agua no son para nada insurreccionalistas, y por lo tanto, no buscan apuntarse tantos con el sensacionalismo que despiertan las acciones violentas como las que hubieron en Nôtre Dames des Landes y en Saint Soline, por lo que probablemente no irán mucho más allá de reivindicar un diálogo con la administración, directo o más bien indirecto. Ojalá nos equivoquemos. A la hora de la verdad, si la radicalización de turbulencias tales como el movimiento por la vivienda, el antiturismo o el de los gremios campesinos no lo remedia, su discurso no diferirá del de las plataformas ciudadanas, puro pragmatismo de bajo nivel en conformidad con los intereses materiales de las clases medias. Su actividad no pasará del típico pacifismo convivencial de amigables excursiones y acampadas, talleres de sardanas y banquetes populares. Esto es lo que creemos, aunque no nos gustaría tener razón.
(…) No es el objeto de esta entrada analizar a fondo esta polémica, digamos simplemente que si poco aceptable nos parece el tono de algunas de las afirmaciones de Amorós, menos nos lo parece el hecho de que no pocas de ellas sean elucubraciones sobre lo que el autor cree que va a terminar siendo Revoltes de la Terra, aunque, como decimos, todavía no hubiera ni iniciado su primera Germinación, y aunque Amorós nos diga varias veces que desearía estar equivocado.
La jerarquía de poderes de influencia o las vacas sagradas libertarias
A nuestro modo de ver, en estos dos casos nos encontramos con uno de los problemas de fondo para un debate equilibrado y sano en el movimiento libertario autónomo anarquista: la jerarquía de poderes de influencia más allá de las razones y argumentos. Para un blog como este, en el que intentamos proponer el diálogo entre generaciones, y en el que desde su inicioii dejamos claro que los hombres blancos, de edad madura, con décadas de militancia y cierto reconocimiento públicoiii debemos aprender a bajar del estrado, colocarnos en segunda o tercera fila, y dejar que las nuevas generaciones tengan espacio y oportunidad de hacer e influir, la cuestión que comentamos es vital.
Porque, desgraciadamente, también en el mundo libertario no es lo mismo lo que diga una de las vacas sagradas que lo que mantenga una corriente de reciente aparición, ni muchísimo menos tienen la misma capacidad de difusión. Por eso, aunque no hagamos un seguimiento estrecho al mundo de los textos libertarios, teniendo en cuenta lo que conocemos, una de las pocas cuestiones en las que coincidimos con algunos de los escritos de la corriente especifista es cuando señalan:
Durante años, diría décadas, prácticamente nadie en el anarquismo ha cuestionado que fueran Ibáñez, Amorós y Taibo las voces que eran hegemónicas en el anarquismo. Hablamos de decenas de publicaciones entre los tres y con leves diferencias de tono, las tres partían del mismo análisis y sacaban conclusiones parecidas; Amorós autonomía social, Taibo autonomía de pequeños grupos e Ibáñez autonomía personal. Ahora hay una respuesta que pone en crisis esos postulados y lo que se pide es silencio, moderación y treguas.
Al igual que compartimos con gente que participó en la segunda germinación de Revoltes de la Terra estas otras apreciaciones:
Separar el grano de la paja
Reconocemos que para muchas de nosotras, Amorós es un referente teórico indispensable. Sus aportaciones a la historia revolucionaria, la ingente tarea de traducción, la crítica del mito del progreso y la tecnociencia, la confrontación del ciudadanismo, la denuncia del ecologismo de Estado y el capitalismo verde o los diferentes análisis sobre el conglomerado de nocividades existentes, han estimulado nuestro pensamiento a lo largo de los años. Así mismo, su buena disposición a hacer charlas y textos siempre ha sido de agradecer. De hecho, las que suscribimos este texto nos consideramos deudoras del pensamiento antidesarrollista que Amorós ha contribuido a difundir.
(…) En la línea de la tradición antiindustrial el autor no deja títere con cabeza. Su forma de criticar, muy influida por el arte del insulto y la arrogancia del situacionismo1, está basada en la generalización, la ridiculización y el desprecio. En cuanto al análisis de los escasos textos de Revoltes, domina la tergiversación interesada, argumentos falsos y ataques personales. El estilo discursivo se asemeja más al de un cuñado refunfuñador que no al de un teórico revolucionario. La crítica solidaria o cómplice brilla por su ausencia. En cierto modo, el texto se encuentra más cerca de la tragicomedia que no de la crítica social. Presenta una galería de retratos morales, juzga, no analiza. Creemos que en vistas de las pocas o nulas victorias que ha logrado el movimiento antiindustrial, se debería ser más humilde y honesto en la emisión de ciertos juicios.
(…) Tenemos que tener presente que el texto de Amorós se difundió unos días antes de la acción de Revoltes. Durante el tiempo previo, no nos consta que el autor haya querido hacer llegar a los círculos próximos a Revoltes sus críticas por otras vías como si sabemos que han hecho otros colectivos en un espíritu más constructivo y dialógico. Además del patinazo que supone juzgar un movimiento antes de que ni siquiera se mueva, el autor incurre en varias descalificaciones y mentiras que no sabemos si se hacen desde la desinformación o desde una clara voluntad de deslegitimar. Tenemos sospechas de que, más bien, es el segundo caso. Por desgracia, una práctica comunicativa propia de la sociedad del clickbait, la superficialidad informativa y las relaciones impersonales que reinan a nuestro alrededor. Sin que todavía hubiera pasado nada, el autor ya se aventura a catalogar la iniciativa como «pelotón de gente buenrollista de orígenes varios con pocas ideas en común y ninguna perspectiva a medio plazo». De aquí deducimos que no conoce a quién forma parte y que no se ha informado bastante. Al leer el texto, un compañero dijo «la policía del pensamiento crítico dispara y después ni pregunta» a lo que otra respondió «he visto informes policiales mejor fundamentados».
Hay también quien, desde su condición de coetáneo con Amorós (77 años) e Ibáñez (82 años), parece querer reequilibrar los debates abiertos buscando el cuerpo a cuerpo con los dos autores, como para que las consecuencias del rifirrafe recaigan sobre él, y no sobre las ideas o prácticas cuestionadas por Amorós e Ibáñez (sin descartar tampoco un cierto afán de protagonismo). Este parece ser el caso de Agustín Guillamón (76 años) quien ha tomado parte con una serie de numerosos artículosiv sobre estos debates. Así, cuando Amorós escribe en julio pasado el artículo El anarquismo práctico y la utopía concreta, Guillamón responde con Sobre el anarquismo práctico y la utopía concreta; un mes después con Guillamón y Amorós: el proletariado y la posibilidad de revolución; una semana más tarde publicar Poder, libertad y revolución social: una crítica anarcosindicalista de Tomás Ibáñez y a los pocos días un más que provocador El comunal y su peligro de una deriva reaccionaria. Amorós ante el espejo de Rodrigo Mora. Que sepamos, hasta el momento de redactar estas líneas ni Ibáñez ni Amorós le han respondido. No sabemos si la intención de Guillamón con todo ello es la que antes hemos señalado (ser él el objeto de las andanadas que genera la trifulca en marcha), pero lo que sí parece claro es que con esa vía no hace sino reforzar la imagen de popes de Amorós e Ibáñez.
¿Qué queremos decir con todo esto, que según nuestra opinión Ibáñez, Amorós, y otras vacas sagradas lo que tendrían que hacer es callarse e irse para casa, jubilándose también de sus intervenciones públicas en medios, editoriales o charlas? No exactamente.
Queremos decir, para empezar, que, según como lo vemos, esas vacas sagradas harían bien en plantearse por qué han llegado a alcanzar ese estatus (y el movimiento libertario por qué se lo ha concedido), qué le aporta esa condición privilegiada con la que cuentan al debate y la acción revolucionaria anarquista y qué consecuencias negativas supone para su desarrollo y extensión. Al mismo tiempo que no olvidar (ni ellos, ni el resto del movimiento) el hecho de que a pesar de su amplio reconocimiento como pensadores (y en su tiempo militantes activos) no dejan de ser meros individuos. Y, a partir de ahí tomar decisiones sobre su proceder actual.
Porque si se quiere y se busca, hay maneras de limitar el efecto de esas jerarquías sobrevenidas. Por ejemplo, dado el desequilibrio de poder de influencia que suponen sus intervenciones, y como forma de buscar un equilibrio, pensamos que Ibáñez podría haber accedido al debate que proponía la librería y editorial, ya que él había tomado parte del inicio del debate escrito. A no ser, claro, que quisiera ejercer el poder que le otorga la jerarquía que va de la mano de su currículum, y no aportar a la nueva corriente el reconocimiento indirecto que supondría participar junto a ella en un debate público.
Se nos ocurre también que en los dos casos que hemos visto, tanto Amorós como Ibáñez si piensan que es necesario aportar una crítica contundente al especifismo o a las Revoltes de la Terra, y que si no la hacen ellos nadie la va a hacer, podrían haber elaborado sus textos firmándolos con algún pseudónimo. A no ser que lo que quisieran fuera reforzar sus análisis con el peso de la jerarquía con la que cuentan en el movimiento. Desgraciadamente, y no es responsabilidad solo de ellos, los argumentos tienen un efecto y unas consecuencias distintas si son firmados por ellos.
Otra posibilidad también habría sido la de no intervenir en ellos, asumiendo la conveniencia de pasar a un segundo plano para que el peso de las jerarquías no siga condicionando los debates. O al menos no haber intervenido públicamente. Si ambos autores piensan que su análisis puede ayudar a que los colectivos criticados se den cuenta de su error, podrían haberles hecho llegar sus reflexiones por “vía interna”. La misma vía que podrían haber utilizado para avisar a otros sectores del movimiento libertario de los riesgos que consideran que el especifismo o Revoltes de la Terra puedan suponer para el conjunto del anarquismo o lo libertario.
Igualmente, se podría revisar la forma de enfocar algunos párrafos de sus textos que, queriéndo o sin querer, refuerzan esa jerarquía. Es el caso de los 8 párrafos de Ibáñez en el texto Anarquismos en la encrucijada, para hacernos saber lo muy cabreado que está (lo dice hasta en seis ocasiones) por un artículo de Miguel Brea ¡publicado 7 meses antes! Al margen de constatar lo mucho que tarda Ibáñez en digerir sus cabreos, la actitud recuerda bastante a la del padre que desde su autoridad paterna advierte a su criatura de que lo está enfadando y eso va a tener malas consecuencias. ¿Se imagina alguien lo que Ibáñez hubiera contestado a alguna persona sin reconocimiento público que hubiera utilizado como argumento extenso lo muy cabreada que estaba por el texto de Ibáñez?. Algo parecido sucede con el último párrafo de Amorós en el texto que ya hemos visto sobre Revoltes de la Terre ¿qué valor cree que nos aporta la predicción que realiza sobre el futuro de la iniciativa naciente, si no es porque se supone que adquiere ese valor por venir de él, alguien reconocido? ¿habría Amorós dado el mínimo valor a una predicción de parecido tono si se hubiera realizado por una persona desconocida, aunque sea del ámbito libertario? Y el resto, ¿habríamos dado el mismo valor al cabreo de Ibáñez y a la predicción de Amorós si no fueran de ellos?. Insistimos, la responsabilidad no es solo de ellos, el resto somos parte importante en la ecuación.
No nos cabe duda de que a Tomás y Miguel se les pueden ocurrir muchas otras formas más imaginativas que las nuestras para mitigar o hacer desaparecer en gran parte esa perniciosa jerarquía de opiniones en las que, quieran o no, tienen un papel principal.
Dos palabras sobre las formas del pretendido debate y la ausencia de mujeres en él
Somos de quienes gustan que en un debate político se le llame al pan pan y al vino vino, sin remilgos complacientes, con crudeza cuando es necesario, pero siempre con respeto y sin descalificaciones gratuitas que, al menos en nuestro caso, lejos de entusiasmarnos o generarnos morbo nos causan hastío y nos alejan del debate de fondo. Porque lo que nos dan a entender esos exabruptos es que, nos propongan el camino revolucionario que nos propongan, con esas actitudes y lo que representan, mejor no tenerlos como compañeros de ningún viaje.
En relación a esta cuestión, en lo referente al debate recogido, tenemos que señalar que las descalificaciones gratuitas (personales o colectivas) han abundado por todas partes. Da igual desde la corriente desde la que se escribiera. Y lo han hecho vacas sagradas y corderos degollados (permítase la humorada). Podríamos hacer una recapitulación de esos exabruptos y descalificaciones gratuitas, pero pensamos que con ello estaríamos colaborando a su reproducción (quien se alimente de ese morbo ya tiene pistas bastantes en los links recogidos en el texto). Lo que sí sabemos es que, como hemos señalado al principio, entre esas formas de abordar el pretendido debate y lo relativo al papel jugado por algunos de sus protagonistas, lo que nos ha provocado es la necesidad de alejarnos de unos textos que, por mucho que abordaran también cuestiones que nos parecen importantes y sugerentes, nos han provocado rechazo visceral por lo ya señalado.
Hay no obstante quienes desde postura de parte, y reconociendo la no equidistancia, se han esforzado por intentar recoger el debate en otros términos. Entre los que conocemos (probablemente haya más) está el texto de Alfredo Apilánez mencionado en la entradilla de este post El anarquismo en su laberinto; también está el de Juan Caspar Aguas “libertarias” turbulentas, así como el posterior de Capi Vidal, titulado El especifismo, el proletariado y el anarquismo del siglo XXI: trazas de una polémica inacabable. Aunque los tres se encuadran en un planteamiento parecido, nos parecen recomendables.
Pero no queríamos terminar este texto sin introducir otra cuestión que nos parece fundamental: la práctica ausencia de mujeres anarquistas participando en el debate. Decimos que práctica ausencia porque, algunos ven el inicio del mismo en un artículo de Laura Vicente llamado Anarquismos. El especifismo. No obstante, la explicación a la cuestión de la nula (o casi nula) participación de las mujeres anarquistas, nos la da la propia Laura Vicente en otro artículo titulado El sujeto, el proletariado, la organización anarquista y otras nostalgias, que comienza en un tono y aptitud muy diferente al resto de textos comentados hasta ahora:
Es muy posible que nadie le haga mucho caso a este breve escrito, pero por si acaso diré por anticipado que mi pretensión es modesta y que no pretendo polemizar, aunque no me importaría compartir argumentos y pensar, saliendo de los estereotipos que todas tenemos y que nos conducen a ser obtusas y, en ocasiones, a la ceguera.
Pero hacia el final de su texto añade una serie de suculentos párrafos que nos parecen una buena forma de ponerle punto final a este escrito:
Hace poco dije en un espacio anarquista que este debate es de hombres. La realidad es que, aun habiendo mujeres, los escritos que he visto son de autoría masculina. Y pensando en el asunto concluí que las mujeres y las mujeres percibidas como tales hace tiempo que sabemos que hay otras sujetas y sujetos revolucionarios (pensemos en Mujeres Libres creando su propia revolución entre 1936-1939 y siendo ignoradas por el mundo mundial, motivo por el cual me apetece destacarlas).
Las luchas y sucesos del movimiento feminista fueron capaces de movilizar una transformación social a una escala sin precedentes, sin recurrir a un partido de vanguardia o a cualquiera de las otras “necesidades” que hemos asociado con la organización política (estrategia, tácticas, relatos ideologizados, revoluciones modelizadas, etc.). Los feminismos no burgueses, transfeministas, libertarios, horizontales y descentralizados se centran en construir prácticas encarnadas, lenguaje compartido, construyendo sobre las acciones in situ un imaginario capaz de invertir las tendencias hegemónicas dentro de nuestras vidas situadas y territorializadas.
Las luchas, no solo las feministas, se producen siempre en lugares concretos y es ahí donde interrumpen el funcionamiento de la dominación. Hacer organización se hace siempre que hay una lucha, por humilde que pueda parecer, puesto que se dota de las herramientas que precisa y que nunca serán las mismas que otras coetáneas o que se produjeron en el pasado. Son valiosas en si mismas, en su singularidad, no son partes de un todo. Pudiera ser (o no) que acabaran construyendo una subjetividad revolucionaria que conciba la posibilidad de acabar con el capitalismo, el patriarcado y cualquier forma de dominación.
iQue no se entienda como insulto, sino como intento de denominar coloquialmente a quienes por su trayectoria, su obra o su biografía militante son considerados por mucha gente del propio movimiento libertario sus grandes referentes.
iiVer la pestaña ¿por qué / para qué este blog?, en los párrafos que siguen a “Para que estos grupos puedan adquirir protagonismo, hay otro que debe abandonarlo, que es el que hoy sigue/seguimos copando privilegios”
iiiEvidentemente, en nuestro caso, poco, y limitado a nuestro estrecho campo de actuación; en el caso de las que denominamos vacas sagradas del mundo libertario y anarquista es grandísimo.
ivSe puede ver el listado de estos al final de este link: https://alasbarricadas.org/noticias/node/59380

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