domingo, 11 de enero de 2026

Palestina sigue existiendo: genocidio, ocupación, apartheid y represión a la solidaridad, ante el silencio cómplice de la comunidad internacional.

 

 

 

 

 


 

Mientras el mundo oficial parece solo pendiente de la “última” locura del máximo representante del imperialismo occidental capitalista en declive, en Gaza continuo el genocidio y la ocupación, y en Cisjordania el apartheid (y más de 50 guerras en el planeta). Ante el silencio de la comunidad internacional, y la represión contra las muestras de solidaridad con el pueblo palestino.

Por ello, esta breve entrada se limita a intentar romper ese muro de silencio con un abanico de textos de denuncia y convocatoria para intentar mantener viva la solidaridad con Palestina y el repudio al genocidio y a sus autores.



Palestina existe: genocidio, ocupación y la responsabilidad de la comunidad internacional

7 enero, 2026 por Redacción La tinta

Por Gabriel Sivinian

El genocidio en Gaza no cesó, aunque hayamos visto firmas de planes para poner fin al conflicto, aunque el algoritmo te lo muestre poco, siguen los bombardeos, la ayuda humanitaria es escasa, el invierno está siendo hostil y los pronunciamientos siguen siendo tímidos a favor del pueblo palestino y en contra de la maquinaria de muerte israelí. En esta nota, Gabriel Sivinian repasa el costo político de Israel frente a tribunales, informes y la resistencia palestina.



Israelek Zisjordanian apartheida ezarri duela salatu du NBEk

Nazio Batuen Erakundeko Giza Eskubideen Goi Komisario Volker Türkek gogorki deitoratu du Israelek Zisjordanian bideratu okupazioa eta segregazioa. Asteazkenean egin ditu adierazpenak, Israelek lurralde okupatuetan egindako gehiegikeriak biltzen dituen txosten berri baten aurkezpenaren kari.

Argia, 2026ko urtarrilaren 8an



Inglaterra. Activistas de Acción Palestina, al borde de la muerte, mantienen la huelga de hambre

By Resumen Latinoamericano on 9 enero, 2026

Heba Muraisi y Karman Hamed llevan en huelga de hambre 67 y 60 días, respectivamente, en una protesta que en noviembre comenzaron ocho personas. Cinco de ellas la abandonaron por riesgo para su salud. Lewie Chiaramello es el tercer preso que sigue negándose a comer.



El genocidio no ha terminado

Amnistía Internacional





"Errepresioak ez dezala Palestinarekiko elkartasuna eten"

Palestinarekin Elkartasuna

Hurrengo asteazkenean, hilaren 14ean, 3 pertsonak daklaratu beharko dute Bilbon La Vueltako helmugan Israelen parte hartzearen aurka egindako protesten harira. Auzipetu guztiei gure babesa adierazteko Bilboko epaitegien aurrean 11:00etan bilduko gara.







 

domingo, 28 de diciembre de 2025

¡Abolir ya! Ensayos hacia un mundo sin policía (también en Euskal Herria)

 


 

 

Lxs abolicionistas, aunque con opiniones diversas en muchos temas, compartimos dos principios guía. Primero, que la policía y las prisiones no solo no pueden reformarse, sino que deben abolirse. Segundo, que la abolición de la policía y las prisiones implica una transformación total de la sociedad. Porque (…) trabajar hacia la abolición es un proceso que va mucho más allá de cerrar prisiones o desfinanciar a la policía, es un proceso de imaginar otra sociedad.

Dawn Marie Paley y Brian Whitener, editores de ¡Abolir ya! Ensayos hacia un mundo sin policía (Bajo Tierra Ediciones, México)



En los últimos años, a menudo se habla de debatir sobre modelo policial en Euskal Herria (debate que, dicho sea de paso, nunca llega), pero, sorprendentemente, entre las distintas opciones que ponen sobre la mesa tanto partidos políticos como medios de comunicación generalistas, nunca aparece la opción abolicionista… salvo como insulto o descalificación.


Sin embargo, por fortuna, el abolicionismo es el planteamiento de cada vez más movimientos populares y sociales. Y ello tiene su reflejo en un tan interesante como importante incremento de textos y organización de redes que abogan por la alternativa abolicionista. En Iraultzak lagunduz hemos señalado en varias ocasiones las interesantes alternativas de seguridad comunitaria y justicia restaurativa que desarrollan cada vez más comunidades indígenas en México, Colombia, Guatemala…, y no pocas veces se nos ha dicho que es un modelo aplicable solo en ese contexto cultural, donde la fuerza de lo comunitario se ha sabido mantener durante siglos.


Pero las posturas y experiencias abolicionistas se extienden también en otras geografías donde el capitalismo ha arrebatado el sentir comunitario y ha introducido conceptos de seguridad y justicia que son meros instrumentos de poder para controlar y sojuzgar. En esta entrada vamos a recoger algunas de ellas, para que sirvan de herramientas para impulsar todavía más su extensión. Partiendo de las geográficamente más lejanas (Estados Unidos y América Latina) para acercarnos al Estado español y concluir con algunas iniciativas de lucha abolicionista que se están dando en la propia Euskal Herria.



A) EN ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA


Pero tal vez convenga empezar por definir sucintamente la propuesta abolicionista, para lo que nos parecen adecuadas estas palabras de Brian Whitener y Dawn Marie Paley en la Introducción del texto editado por Bajo Tierra ¡Abolir ya! Ensayos hacia un mundo sin policia

domingo, 14 de diciembre de 2025

Las malas artes de la criminología mediática de David González (D.G.) (II)

 

 Tomado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Desinformaci%C3%B3n#/media/Archivo:Disinformation_vs_Misinformation_es.png

 

 

En la entrada en la que analizábamos las bases en las que se fundamenta la criminología mediática, que es lo que sostenemos que lleva a cabo David González en El Correo de Araba, se señalaba que una de ellas era que:

se exagera la información, se la multiplica por diversos medios, se crean titulares engañosos que no coinciden con lo que se informa, y también se suele mencionar dos veces el mismo episodio, lo cual genera la sensación de que se trata de dos hechos diferentes


Un bueno ejemplo de todo ello es el siguiente titular de D.G. del pasado 14 de octubre de 2024:

Dos bandas se enfrentan a navajazos en el Casco Viejo de Vitoria por controlar la venta de droga


Quien quiera que lea el titular, y no conozca la realidad, no tiene más remedio que pensar que en el Casco Viejo gasteiztarra reina la ley de la selva delincuencial, donde bandas de cárteles de droga se enfrentan salvajemente. Así que, lo recomendable sería no acudir a esa peligrosa zona, pues de lo contrario correremos serio riesgo.


Nada más lejos de la realidad. Quienes vivimos o transitamos por la zona a diario sabemos que no es así, por mucho que se empeñe D.G.. Lo sabemos nosotres… y los miles y miles de personas que acuden cada fin de semana al lugar de ocio más nutrido de toda la ciudad. Todo es producto de la aplicación práctica que lleva a cabo D.G. de la criminología mediática en lo que acabamos de ver que se define como, creación de espectáculo, exageración de información y generación de titulares engañosos.


Para comprobarlo, solo tenemos que leer con detenimiento el desarrollo de la noticia (lo que no hace la inmensa mayoría de las personas lectoras de la versión telemática, que al no estar suscritas solo pueden ver el titular), y veremos que ese titular no responde prácticamente en nada a la realidad. Las “dos bandas”, pronto pasan a “presuntas bandas”, y de ahí a que una de esas teóricas bandas sea descrita como “un par de jóvenes que llevan pocos días en el barrio”. Más exageración y generación de titular engañoso hay en la afirmación de que “se enfrentan a navajazos”, pues al leer el detalle de la noticia vemos que en realidad ese enfrentamiento a navajazos se queda en que “Uno de los implicados, de 28 años, se refugió en su casa y salió «con un machete». Lo exhibió y amenazó con usarlo”. “Machete” que, por cierto, tampoco debería ser muy grande, pues como asegura D.G., cuando fue detenido “el arma blanca le fue localizada –y requisada- en su ropa interior”. Finalmente, lo de enfrentarse “por controlar la venta de droga” que se asegura en el titular, y que con las afirmaciones que le preceden sugiere la idea de cárteles de la droga en disputa, se reduce a que el par de jóvenes que llevan pocos días en el barrio “presuntamente viven del menudeo de sustancias estupefacientes”… “según “deslizan medios policiales”


Esta última afirmación “deslizan medios policiales”, es otra de las características de las noticias que redacta D.G.. Es difícil encontrar en sus textos referencia a que su fuente de información policial sean las notas de prensa que facilitan los órganos de prensa de los cuerpos policiales (lo que sí es la práctica habitual de sus compañeras y compañeros), David González habla habitualmente de lo que deslizan o filtran policías o medios policiales. Fuentes policiales que, lógicamente, no desvela pero que, una de dos, o realmente cometen graves deslices en su información deslizada, que a menudo resulta errónea, o esas filtraciones policiales no son reales, y D.G. se las inventa. En cualquiera de ambos gravísimos supuestos lo peor no es la desinformación que generan en el público lector (y sus derivadas de miedos, temores y rechazos) sino que, cuando se centran en sectores concretos, incluso en personas, provocan una estigmatización social que es peor que cualquier condena judicial. Recordemos un penosísimo ejemplo de todo ello.




El denunciable papel de algunos medios en la creación y difusión de falsedades. O el ejemplo del bulo de ‘los Pitxis al Casco’ por el ¿periodista? David González

domingo, 30 de noviembre de 2025

Línea comunista y antifascismo. La desconfianza de la izquierda hacia los mundos otros. Las izquierdas contra las autonomías.

 


 

 

A principios de este noviembre el MS hacía pública su primera “Línea Política” titulada “Línea comunista y antifascismo” (en euskera inicialmente y posteriormente en castellano), invitando a leerlo, compartirlo y debatirlo. En este blog poco ortodoxo nos ha parecido que, una vez leído y compartido, podía ser interesante también ponerlo en diálogo con otros textos que igualmente aparecían por esas fechas, ahora entenderéis el porqué.

 

 

Pequeña introducción

 

Antes de nada pensamos que hay que agradecer el esfuerzo de elaboración de línea política, más en un movimiento que se nutre principalmente de gente bastante joven. Aunque también es cierto que cada vez más de quienes denominan cuadros ya comienzan a tener una cierta edad. No es mala señal, a no ser que se tenga demasiada prisa o vocación de movimiento revolucionario solo juvenil. Ninguna de ambas cosas parecer ser el caso.

 

Aunque, como en anteriores textos del Mugimendu Sozialista (MS), no nos es difícil encontrar puntos de encuentro en su análisis de coyuntura (y muy profundas diferencias en sus propuestas), y aun teniendo en cuenta nuestras limitaciones en esta cuestión, en esta ocasión pensamos que también hay algunas carencias fundamentales, en las que no es la primera vez que cae el MS, y que desde nuestro punto de vista invalidan en gran medida el resto del análisis.

 

En primer lugar, y de forma principal, a diferencia de quienes habitualmente les reprochan su hipermetropía política (fijar poco la mirada en la realidad más cercana), a nuestro entender su más grave carencia es la contraria: una miopía occidentalista, y en particular eurocéntrica. Por ejemplo, no se puede hacer un análisis de coyuntura acertado sin abordar un contexto más amplio, imprescindible para entender que el declive del capitalismo occidental es en gran parte producto del auge del capitalismo oriental. Así como que ambos capitalismos siguen nutriéndose del expolio y explotación de África, y de buena parte de América Latina.

 

También erraremos en nuestro diagnóstico si, como sorprendentemente sucede con el texto del MS, eliminamos de las cuestiones que aborde la gran parte de los riesgos de colapso (energético, de materias primas, climático, biológico, alimentario, sanitario…) a los que se enfrenta la humanidad en la actualidad (así como a las medidas de autoprotección que generará el planeta ante la gravísima agresión humana)

 

De igual forma, la visión eurocéntrica occidentalista limitada nos impedirá ver que muchas de las medidas contra la población que en la actualidad está llevando a cabo el capitalismo occidental en sus propios países son similares a las que lleva imponiendo en el resto de zonas del planeta que controla y somete por la ley del más fuerte (económica, pero, sobre todo, militarmente). Se trata de arrebatar a las clases populares lo poco que les queda, para entregárselas una vez más a las élites económicas. Y si para ello hace falta usar la fuerza bruta (militar, policial, parapolicial…), no se andan con remilgos la ética humanista no rinde beneficios al turbocapitalismo neoliberal. Puede ser una novedad en Europa y Estados Unidos, pero es una política que lleva décadas en otras latitudes. En esta parte del mapa el desmantelamiento del llamado Estado del Bienestar y su conversión en un Estado Paramilitarizado es la fórmula que han elegido para mantenernos en sometimiento ahora también al denominado “mundo desarrollado”.

 

El estado autoritario no viene pues como efecto del Atlantismo. El Atlantismo no es sino el uniforme para la guerra (o su amenaza) con la que el capitalismo occidental pretende hacer frente a su actual declive, y una de las condiciones impuestas por los intereses de los lobbys militares para seguir sustentando gobiernos (ya hemos visto cómo allí donde se elige alguien que no es de su gusto maniobran hasta que se le sustituye). Ya no se paran ni a dar forma de acuerdos a las imposiciones, ahora se amenaza y se extorsiona, y allá donde interesa, se invade o se arrasa. Ya sea a pequeña o gran escala: barrios de USA, favelas en México, territorios ricos en minerales en África, zonas de países como en Ucrania; o países completos como en Palestina, por poner solo los ejemplos más conocidos.

 

Finalmente, esa mirada miope impide también conocer cómo se está intentando hacer frente a esta situación en otras zonas del planeta, donde encontramos experiencias no solo de resistencia, sino donde cada vez más pueblos y comunidades optan por tomar las riendas de su propio presente y futuro autogobernándose al margen del Estado y, sobre todo, al margen del capitalismo (insistimos como otras veces en que nuestra limitación idiomática probablemente nos haga desconocer realidades similares en los pueblos y comunidades asiáticos y africanos).

 

 

Dándole vueltas a estas cuestiones estábamos cuando, a través de Raúl Zibechi y su artículo “La desconfianza de la izquierda hacia los mundos otros”, conocimos una entrevista realizada a Stefania Consigliere, profesora en el Departamento de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Génova, con una investigación centrada en gran medida en la imaginación y la revolución y cuyo primer párrafo, además de captar nuestra atención, nos llevó a ponerlo en relación con las carencias que ya hemos señalado a “Línea comunista y antifascismo”, el nuevo texto del MS. Zibechi nos resume así lo expuesto (en italiano) por Consigliere:

domingo, 16 de noviembre de 2025

Lo del “periodista” David González (D.G.) en El Correo, tiene nombre… (I)

 


 

Aunque en la anterior entrada David González (D.G. o @davidutti) el sensacional(ista) periodista policial de El Correo Álava ya dejamos claro que ni El Correo, ni en concreto D.G. son desgraciadamente los únicos que practican este falso periodismo, también señalábamos que en el caso concreto de D.G y El Correo Álava, llevamos más de una década padeciendo su inquina contra determinados colectivos, de los más castigados social y/o económicamente, ya sea por su origen, por su etnia, por su religión, por su edad o por prácticas (como la ocupación) a la que se ven abogadas estas personas para conseguir un techo o simplemente sobrevivir. Algo que, afortunadamente, no practican las mayoría de compañeras y compañeros de D.G. cuando abordan noticias relacionadas con sucesos.


Pues bien, dando un paso más en el análisis y denuncia de ese falso periodismo, hoy sostenemos que lo que practica D.G. no es ni más ni menos que lo que se denomina Criminología mediática, y para lo cual se basa de algunas herramientas trampa como la “agenda setting” (tematización de la agenda) y la técnica del “framing” (encuadre noticioso), en ambos casos con relación al tipo de delincuencia y delincuentes que él se encarga de criminalizar: de forma muy especial pobres, jóvenes e inmigrantes, o, en el vocabulario de D.G jóvenes okupas y desarraigados (siempre presuntamente peligrosos) o contra algunas familias gitanas, como de forma especialmente grave llevó a cabo contra la familia Manzanares Cortés, como ya en su día mencionamos (y sobre lo que luego volveremos al analizar algunas de sus malas artes antiperiodísticas)


Pero, para darnos cuenta en toda su dimensión de este proceder de D.G se hace necesario previamente conocer mínimamente qué es eso de la Crimonología mediática y en qué consisten esas herramientas de la agenda setting y el framing. A ello vamos a dedicar la entrada de hoy, y en futuras entradas veremos su aplicación concreta por parte de D.G.




La Criminología mediática


Para conocer mínimamente sus planteamientos, desarrollados principalmente en América Latina, de las numerosas fuentes posibles nos vamos a servir principalmente del texto de Mailén Alejandra Sassone (abogada, egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, especializada en Derecho Penal y docente de la asignatura «Elementos del Derecho Penal y Procesal Penal»), titulado precisamente LA CRIMINOLOGÍA MEDIÁTICA (Revista Iberoamericana de Derecho, Cultura y Ambiente. Edición Nº 2. Diciembre de 2022) y en el que, para empezar, nos acerca al origen del concepto y a una primera definición:

Dicha criminología se originó en Estados Unidos y podemos definirla como “... la creación de la realidad a través de información, subinformación y desinformación mediática en convergencia con prejuicios y creencias, que se basa en una etiología criminal simplista asentada en la causalidad mágica.” (Zaffaroni & Bailone, 2014, p. 127)

(…) En el discurso mediático se observa una íntima relación entre pobreza y delincuencia. Quienes encarnan la violencia, el delito y la inseguridad son los pobres y dentro de ellos en especial los jóvenes. En consonancia con ello, la pobreza es concebida como una fábrica de delincuentes: “…sujetos que con ¨otra cultura¨, ¨otros valores¨, sin educación, sin trabajo, ¨sin perspectivas futuras¨, encarnación de la otredad, entonces, jóvenes-pobres que, en el proceso de conformarse en adultos, producen y reproducen la inseguridad.” (Galvani et al., 2010, p. 89)


¿Y cómo crean esa “otredad” los medios?:

Los medios de comunicación crean una realidad paralela en la cual conviven un mundo de personas decentes frente a una masa de delincuentes identificados a través de estereotipos, produciendo de este modo la idea de un mundo dividido en un “nosotros” buenos y un “ellos” malditos, donde en este último grupo se encuentran los criminales, los delincuentes, los responsables de todos los males que acechan, la escoria de la sociedad, los “otros”, los verdaderos chivos expiatorios de la sociedad.

(…) Entonces surge la pregunta, ¿De qué modo los medios masivos de comunicación convierten a “ellos” en criminales violentos?, y la respuesta es, dando a conocer al público a los pocos estereotipados que, sí delinquen, lo cual siembra en la audiencia la idea de que los que presentan el mismo estereotipo actuarán de igual forma que los criminales. La vestimenta, el estilo de vida, los tatuajes, la música, el modo de hablar, los modos de recreación y cualquier objeto relacionado con los estereotipados adquieren una connotación negativa.

(…) La criminología mediática está profundamente internalizada en la sociedad gracias al trabajo que realizan cotidianamente los medios de comunicación, lo cual dificulta mucho tomar distancia del mensaje que nos envían

(…) Dentro del espectáculo se exagera la información, se la multiplica por diversos medios, se crean titulares engañosos que no coinciden con lo que se informa, y también se suele mencionar dos veces el mismo episodio, lo cual genera la sensación de que se trata de dos hechos diferentes.

La realidad fabricada por los medios masivos de comunicación es impuesta a la sociedad y pasa a formar de la vida cotidiana de la población, que es la realidad por excelencia y en la cual la conciencia se encuentra en su apogeo, lo cual dificulta mucho que la persona no actúe condicionada por ella y se logre abstraer


Que nadie piense que lo que expone Mailén Sassone es una mera elucubración u ocurrencia suya. Quien probablemente más ha denunciado la criminología mediática es Eugenio Raúl Zaffaroni, crimólogo argentino, exministro de la Corte Suprema de Justicia y miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quien, por ejemplo, describe así una de las consecuencias de la construcción de esa otredad del “ellos”:

domingo, 2 de noviembre de 2025

El goce de castigar. Política afectiva, víctimas funcionales y Estado moral (Laura Macaya)

 


 

Los textos de Laura Macaya nos hacen pensar. Nos alteran. Nos revuelven. Nos generan dudas, acuerdos y desacuerdos. Nos dejan a las claras lo mucho que tenemos aún por aprender, reaprender, cuestionarnos y replantearnos. Y, sobre todo, nos ponen sobre la mesa con claridad y rotundidad, y con un enfoque que nos encanta (pues lo sentimos muy próximo, y tanto echamos de menos tantas veces en tantísimos textos pretendidamente revolucionarios o alternativos), ideas, sentimientos, argumentos y propuestas sin ñoñerías, sin postureos, sin demagogias, sin esclavitudes ideológicas… es decir, las bases principales para el debate honesto que estimule el mutuo aprendizaje.


El texto que hoy os acercamos se trata de El goce de castigar. Política afectiva, víctimas funcionales y Estado moral, publicado dentro del número 3 de Cuadernos de Estrategia, dedicado a El sentido común punitivo, y que el colectivo que lo edita, Zona de Estrategia (un espacio cada vez más atractivo para alimentar el espíritu crítico) ha comenzado ya a liberar para descargar en la web.


El resumen de lo que nos vamos a encontrar en el texto, lo realiza la propia Laura Macaya:

En este artículo me propongo, en primer lugar, analizar cómo un enfoque punitivo de las violencias machistas no solo genera efectos contraproducentes para las propias víctimas, sino que además perpetúa las dinámicas de exclusión y segregación que, paradójicamente, busca combatir. Me detendré especialmente en un aspecto frecuentemente desatendido: la subjetivación que imponen los lenguajes del castigo y su impacto en las posibilidades de recuperación, agencia y politización de quienes han sufrido violencia. Este análisis permitirá mostrar cómo el orden punitivo se sostiene, en gran parte, gracias a este reaccionarismo de la alternativa que exige soluciones funcionales al tiempo que blinda las estructuras que producen el daño. Finalmente, señalaré algunas líneas de fuga: propuestas y formas de ruptura que abren paso a una política del deseo, de la potencia y de la transformación radical que no se subordine a la lógica de la penalidad neoliberal. Porque no todo lo que arde es violencia, ni toda justicia cabe en un juzgado.

(…) Lo que hemos denominado violencia mítica no se limita a la coerción física o institucional ejercida por el Estado, también se reproduce a través de discursos sociales y culturales que regulan la feminidad y la victimización. Cuando señalamos las tendencias punitivas presentes en ciertas estrategias feministas, en ocasiones nos referimos a la reproducción de una cultura de la eliminación del otro a través de las estrategias indiscriminadas del escrache y la cancelación. También nos referimos a la fuerte beligerancia con la que una parte del feminismo enfrenta las críticas y las disidencias internas de quienes señalan la inconsistencia o la falta de acuerdo ante determinados dogmas del feminismo oficial o incluso hacia quienes se les atribuye determinadas características simplemente por su condición identitaria. Pero en muchas ocasiones, y en este artículo nos centraremos en ello, nos referimos específicamente a la reproducción de relatos homogéneos sobre la violencia sexual que replican los valores de una feminidad hegemónica, imponiendo identidades fijas y legitimadas exclusivamente a través del sufrimiento y la vulnerabilidad.


El texto no es largo, pero, como ya hemos dicho, sí enjundioso, y a veces hasta enrevesado, retorcido, estrujante. O al menos esa ha sido nuestra experiencia. Es decir que, aunque abordando muchas de las cuestiones que Macaya ha tratado ya en otros textos, no te deja indiferente. Veamos unos párrafos que pueden ser buen ejemplo de ello:

La política del feminismo institucionalizado y mediático vive instalada en un estado de alarma emocional permanente. Cada nueva denuncia pública, cada condena mediática, cada campaña contra un agresor simbólico o real, produce una coreografía previsible de adhesiones automáticas, escándalos catárticos y exigencias de castigo que no dejan lugar para la duda, la complejidad o el conflicto. Todo se decide a golpe de un afecto sobreactuado, entre lágrimas digitales, gestos morales y aplausos por los buenos reflejos. En este escenario saturado de moral, donde el dolor se ha convertido en la única medida de lo político y el castigo en sinónimo de justicia, pensar alternativas que no pasen por reforzar la maquinaria punitiva se ha vuelto un gesto casi obsceno. Cualquier crítica a esta lógica es rápidamente desactivada con una pregunta trampa: «¿Y entonces qué propones?». Así se instala el reaccionarismo de la alternativa, esa forma sutil de blindaje del orden vigente que exige a toda crítica estar ya acompañada de una solución empaquetada, viable, evaluable y, a poder ser, homologable con la ley. Pero ¿y si lo que urge no es sustituir una herramienta por otra, sino desactivar el marco entero que define lo que es justicia, lo que es violencia y lo que puede o no ser deseado?

(…) El modelo punitivo no solo fracasa en sus promesas de justicia, sino que produce efectos devastadores sobre las subjetividades de las víctimas empíricas. Para ser reconocida como tal, la víctima debe encarnar una serie de atributos moralmente codificados —pureza, fragilidad, inocencia, vulnerabilidad— que configuran una gramática afectiva específica y excluyente. Solo quienes se ajustan a ese molde —mujeres blancas, de clase media, emocionalmente expresivas y políticamente dóciles, o también aquellas que encarnan la figura de la pobre sumisa— pueden acceder a los circuitos de reconocimiento y reparación simbólica que este régimen ofrece. Las demás quedan fuera: mujeres racializadas, migrantes, trabajadoras sexuales, militantes políticas, personas trans o con trayectorias disidentes que encarnan otros modos de sufrir, de resistir o de nombrar la violencia, son sistemáticamente deslegitimadas, invisibilizadas e incluso criminalizadas.

(…) En este contexto, las relaciones afectivas se estructuran según los mismos principios que rigen el sistema penal: exclusión, ejemplaridad, irreversibilidad. Interiorizamos una forma de estar en el mundo en la que todo conflicto se convierte en violencia, toda violencia en delito, todo malestar en trauma y toda diferencia en peligro. Esta despolitización del conflicto borra su potencial transformador y consolida una subjetividad temerosa, precavida y ensimismada. La lógica del castigo no solo se impone desde arriba: se filtra en los gestos, en las conversaciones, en las decisiones más íntimas.

El resultado es la multiplicación de la soledad política, el miedo a intervenir, la autocensura. Muchas personas —especialmente quienes no encajan del todo en el relato hegemónico— optan por retirarse, callar o no implicarse por temor a no estar «a la altura moral» o a ser denunciadas por pensar, sentir o actuar de forma no homologada. Se consolida así un clima relacional en el que la afectividad opera como mecanismo de control y la comunidad se convierte en escenario de escarmiento. En nombre de la justicia, se reproduce la fragmentación neoliberal, la desafección y la soledad, mientras se refuerza un aparato estatal que capitaliza nuestra impotencia relacional para legitimar su intervención constante.


Encontramos también algunas de las ideas por las que los planteamientos de Macaya han conseguido abrirse paso en el debate público: